25/06/2015 | 1369

Apuntes sobre el movimiento popular

Un acuerdo leonino en marcha


El fin de la gira griega por invitación del EEK, luego de recorrer el país de norte a sur por Salónica, Larissa y Volos, culminó en Atenas. Primero con una nutrida reunión con una Asamblea Popular de un castigado barrio obrero ateniense, luego en un acto político final que colmó la sede del Sindicato de Prensa y -por fin- con una dilatada entrevista en el segundo periódico de mayor circulación. Al acto en el sindicato de los periodistas concurrió Kostantina Kuneva, figura del movimiento obrero griego y de la revuelta de diciembre de 2008 y ahora parlamentaria europea por un ala izquierda de Syriza.


 


Por esas horas, Tsipras viajaba a Rusia a reunirse con Putin, quien no tiene condiciones para poner un solo peso, por lo que el EEK interpretó que se trata de una maniobra política, mostrando a la UE relaciones con sectores que están afuera del euro. Por otro lado, los negociadores seguían sus contactos en Bruselas, de los cuales fue excluido el ministro de Economía, Varoufakis, identificado con la propuesta de reestructuración de la deuda y autoexcluido por el gobierno para facilitar un acuerdo.


 


Sólo ese viernes 19 de junio se retiraron 1.200 millones de euros en depósitos de los bancos, completando más de 4 mil millones en la semana, lo que obligó al Banco Central Europeo a ampliar el flujo de liquidez, financiando la fuga de capitales. Grecia es sitiada por el capital financiero para aceptar los términos de una nueva rendición.


 


Los adelantos de un posible acuerdo hicieron subir las bolsas. El presidente del eurogrupo saludó la «aproximación de Atenas». Se trataría de un paquete «final» de Tsipras que incluye rebajas en las jubilaciones más altas, eliminación de las prejubilaciones desde 2016, aumento de la edad jubilatoria de 65 a 67 años, aumentos en el IVA entre el 13 y 26% salvo algunos alimentos que quedarían en el 6%, aumentos de impuestos de 2.700 millones de euros en 2015 y el doble en 2016, la mantención de la no vigencia de las convenciones colectivas que se encuentran suspendidas, mantener la privatización del Puerto Pireo, ajuste en las metas de superávit fiscal primario, aunque no las pretendidas por la Troika. Todo desde luego, en el marco de abandonar el planteo de quita en la deuda que fue caballito de batalla del ascenso de Syriza al gobierno, la llamada «salida argentina».


 


Desde luego, un «acuerdo» de este tipo, arrancado con el chantaje del default, durará lo que un suspiro porque los vencimientos en los próximos meses son demoledores. Por ello, son muchos los economistas de la UE que opinan que hay que admitir lo inevitable: una reestructuración. Como conocemos en Argentina, eso llevaría a nuevos capítulos de ataque a los trabajadores, por un lado, y caería en un sistema financiero mundial que inicia otra fase de la crisis.


 


Así las cosas, la reacción del movimiento popular en Grecia atraviesa un punto crítico, de inflexión. El movimiento obrero está atomizado por una burocracia central que se asimiló al Estado con el Pasok que piloteó el comienzo de esta crisis, luego a la derecha de Nueva Democracia y ahora es garante de la «paz social» del gobierno de Syriza. Todos los movimientos de lucha se producen en los sindicatos de base. Esto ha determinado que, si bien hubo 30 paros generales en los cinco años de ajustes y crisis, los últimos sólo fueron en el sector estatal, pero en absoluto de los trabajadores de las empresas privadas. El PC sigue controlando una parte importante del movimiento obrero y contribuye a esta impasse mediante una política autista, que divide cualquier movimiento de conjunto para realizar sus propias movilizaciones. Esta escisión no sólo tiene expresión sindical, sino también política: habiendo sacado el 6% de la votación, no jugó ningún papel de lucha política por un gobierno de izquierda a la hora de la formación del gobierno Syriza con un grupo de la derecha nacionalista.


 


Otras expresiones han ganado protagonismo, como las fábricas bajo gestión obrera, lo que incluye medios de comunicación en manos de los trabajadores que «democratizan» la difusión de las luchas populares, asambleas populares nacidas contra el último aumento de la energía eléctrica o de reagrupamientos contra el hambre y la falta de atención sanitaria. De este movimiento hubo una Caravana Nacional a principios de junio y se reunió bajo la forma de Asamblea Nacional el 21 de junio en Salónica en el predio de la fábrica Viome, bajo gestión obrera. Se trata de un movimiento combativo que gana en politización, pero de alcance reducido en la realidad política de Grecia.


 


Las calles conocieron dos movilizaciones multitudinarias, o al menos masivas en los últimos días, el 19 y 21 de junio, llamadas por Syriza, cuyo objetivo fue simplemente «apoyar a los negociadores», al margen de cualquier deliberación popular. Tampoco fue convocado el parlamento, que debería estar en sesión permanente ante la gravedad de la crisis.


 


Syriza está tomando disposiciones para institucionalizar y cooptar los movimientos de lucha en los que tiene fuerte influencia, aunque esto es factor de enormes choques y crisis. La crisis capitalista está poniendo al desnudo vertiginosamente las contradicciones de la coalición gobernante. La agitación política, planteando una deliberación del movimiento obrero y popular en torno a un plan de salida que enfrente a la UE imperialista, está a la orden del día. La izquierda revolucionaria en Grecia sigue siendo pequeña pero, si sabe explotar la situación, su potencial es enorme.


 


 

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