09/10/2003 | 820

Attac, un agente del imperialismo francés

Las vivas expresiones de movilización popular durante el verano, en Francia, no sirvieron para «revivir» a los ex integrantes del gobierno de la «izquierda plural» (Partido Socialista, Verdes, Partido Comunista), luego del golpe sufrido hace quince meses en las elecciones presidenciales. Al contrario, «la ‘reconstrucción’ de la izquierda, de la que hablan todos sus jefes, está en punto muerto» (Le Monde, 10/9).


Frente al crecimiento de los partidos trotskistas (Lutte Ouvriere, Liga Comunista Revolucionaria, Partido de los Trabajadores), el PS lanzó a fines de agosto una violentísima y planificada campaña contra «la ultraizquierda». Uno tras otro, sus principales caciques la acusaron de «impotente», «estéril», «totalitaria» y hasta de «agente de la derecha». «Seremos inflexibles (porque) son nuestros enemigos», anticipó Francois Hollande, secretario general del PS. Para los socialistas, han pasado a un segundo plano el gobierno derechista, los despidos, el derrumbe de la educación y la salud pública, y las reivindicaciones populares; el «enemigo» es la izquierda… En función de esta política, el PS coquetea con el movimiento «alterglobalizador» para «transformar el movimiento social en un crédito político para el PS en las elecciones del 2004» (Le Monde, 29/8).


Attac y su nuevo presidente


La «campaña» del PS, sin embargo, tiene una enorme debilidad, pues los socialistas han sido ajenos, y hasta hostiles, al movimiento «alterglobalizador» y a los movimientos de lucha que estallaron durante el verano. En la concentración de Larzac, sus puestos fueron desarmados por miembros del propio movimiento que repudiaban a los «social-liberales»; en las movilizaciones contra la reforma previsional, las columnas del PS fueron aisladas por trabajadores (y en algunos casos expulsadas). Pero los dirigentes del PS tienen sus propios agentes dentro del movimiento: la dirección de Attac.


El nuevo presidente de Attac, Jacques Nikonoff, «se hizo eco de la voluntad (del PS) de aislar a la izquierda» (Le Monde, 22/8). En Liberation (18/8), Nikonoff lanzó una violenta diatriba contra «la verborragia, la violencia, las gesticulaciones, el sectarismo que caracterizan a la extrema izquierda». Unos días más tarde volvió a la carga: «Queremos – dijo – cambiar una imagen muy izquierdizante y radical»; reafirmó la necesidad de «delimitarse de la extrema izquierda» y atacó a los sectores más radicales del movimiento «alterglobalizador» que promueven, dijo, «la violencia y el populismo» (Le Monde, 26/8).


Nikonoff integra a su vez la dirección del Partido Comunista. Lo que se presenta como una «nueva» figura tiene en sus espaldas setenta años de traiciones.


El nuevo presidente de Attac, lógicamente, atacó a los partidos políticos, algo qu e sólo alcanza a los de izquierda, ya que ningún activista de Attac o del movimiento «alterglobalizador» tiene ilusiones en el PS. Nikonoff reivindicó que Attac continúe siendo un club de debates. En otras palabras, que su estrategia es la presión sobre el poder establecido y no el intento de superarlos históricamente. «La era de las revoluciones terminó», declaró José Bové, dirigente campesino y fundador de Attac (Le Monde , 12/9).


Nikonoff pide que Attac «se abra al mundo obrero»… donde el PS y el PC h an retrocedido violentamente y ya no pueden hablar en su propio nombre. Según encuestas realizadas en las últimas elecciones, el 40% de los trabajadores industriales se abstuvo, el 25% votó por Le Pen y el 16% por los partidos de la izquierda.


El ataque contra la izquierda clarifica la función política de Attac y de su prédica movimientista y «antipartido»: actúa como un representante del régimen político y social.


A través de estas direcciones «antiglobalizadoras», el PS y sus aliados logran ejercer la dirección política de un movimiento en el que son repudiados. No es de extrañar entonces que Attac exprese, a su manera, los puntos de vista del imperialismo europeo, y en particular del francés. Nikonoff sostiene que «frente a la estrategia norteamericana, la única alternativa es la configuración europea (…), lo que significa una reflexión sobre la política exterior y la defensa» (Le Monde, 23/8). En otras palabras, Attac defiende a muerte la Unión Europea (¡como los socialistas y el gran capital europeo!) y se prepara a «debatir» sobre cómo organizar sus ejércitos, sus industrias armamentistas y su intervención exterior. La defensa incondicional de la «configuración europea» («única alternativa») muestra la matriz imperialista de la política de la dirección de Attac.