11/09/2008 | 1054

Bolivia vuelve a levantarse

Santa Cruz está cercada por campesinos y obreros que bloquean la carretera a Cochabamba y La Paz, y la ruta a Trinidad (Beni). «También hemos decidido la toma de las instituciones representativas de la prefectura (gobernación), y las propiedades de estos señores en la provincia», declaró el secretario de Relaciones de la Federación de Colonizadores de Santa Cruz, Juan Barea (ecodiario.eleconomista.com.es, 10/9).

Fidel Surco, dirigente de los colonos cruceños, dijo a la radio Erbol: «Pedimos a la población salir a todas las plazas en todas las provincias y municipios (…) no vamos a soportar más la humillación» (ídem).

En Tarija, el miércoles 10 por la mañana, unos cien paramilitares atacaron el mercado campesino de la ciudad -un bastión tradicional de la izquierda- con dinamita, petardos y piedras. Por la tarde, una movilización campesina multitudinaria recuperó esa plaza, expulsó a los fascistas y, al cierre de esta edición, cercaba el edificio de la prefectura (gobernación). El prefecto tarijeño es Mario Cossío, del MNR, uno de los responsables de la represión en 2003.

En Cochabamba, que la derecha pretendía transformar en una de sus fortalezas, miles de campesinos ocupan la ciudad y la bandera aborigen, la Wiphala, flameaba en los  edificios públicos al atardecer del miércoles.

En definitiva: el avance de la prepotencia derechista ha encontrado en Bolivia un límite preciso y, a partir de ese límite, se abre la posibilidad de que la movilización de masas le propine golpes decisivos.

La derecha en crisis

Después de la victoria de Evo Morales en el referendo revocatorio y, sobre todo, de la importante votación lograda por el MAS en los distritos de la «media luna» (Santa Cruz, Tarija, Beni, Pando y Chuquisaca), la derecha intentó reagruparse en torno de su «núcleo duro», dirigido por Rubén Costas, prefecto cruceño.

Esa derecha comenzó, decididamente, a organizar la sedición en lo que el oficialismo calificó de intento de «golpe de estado civil», con el respaldo apenas encubierto de la embajada norteamericana.

El martes 9, en Santa Cruz, bandas armadas de la Unión Juvenil Cruceñista tomaron y saquearon varios edificios públicos, entre ellos el de la nacionalizada compañía de teléfonos (Entel), además de las instalaciones de Canal 7 y otros medios oficialistas, mientras el Ejército se replegaba a sus unidades (aparentemente por orden del gobierno) y la policía se veía desbordada por los fascistas. Parte de esa ofensiva fue el ataque al mercado campesino de Tarija.

Hasta ese momento, el gobierno sólo mostraba impotencia porque, mientras denunciaba el golpe, se negaba a movilizar a las masas y convocaba a los golpistas a un diálogo imposible en esas condiciones, puesto que la derecha no quería dialogar sino aplastar.

Todo el panorama cambió cuando se produjo la irrupción poderosa de las masas obreras y campesinas, de los insurrectos de 2003 y 2005, decididos a recuperar la calle. Ahora las cosas se han invertido y son las masas oprimidas las que cercan Santa Cruz. Según advierten, ahí seguirán hasta que Costas caiga.

Entonces sí, Evo Morales pareció retomar parte de la iniciativa que siempre se había negado a desarrollar a fondo y, en una medida elemental de autodefensa, declaró persona no grata al embajador norteamericano y pidió su expulsión al parlamento.

Bolivia ha ingresado en horas que pueden ser decisivas, y se jugará en ellas la suerte del proceso abierto en 2003 y 2005, lo cual, claro está, volverá a colocar en primer plano la cuestión de las cuestiones: la dirección política del pueblo explotado.

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