04/12/1997 | 567

«Brasil, país de altísimo riesgo»

¿Se han frenado los riesgos especulativos sobre la principal economía del continente y ‘socia’ de Argentina? ¿El ‘pacote’ del Menem carioca ha superado la‘tormenta’ que sacude a los mercados, salvando la maltrecha ‘estabilidad’ de las monedas del Mercosur?


‘Probabilidades’ de devaluación


La última semana, dice La Nación del sábado 29/11, «las bolsas (brasileñas) bajaron pese a los esfuerzos por limitar la especulación»: «San Pablo no encuentra su piso» (ídem). La ‘consultora’ internacional de The Economist acaba de estimar una «probabilidad» devaluatoria del real «en el orden del 30 al 40 por ciento» y que «Brasil se ha convertido en un país de altísimo riesgo para 1998 y 1999» (Página 12, 28/11). La fuga de capitales de Brasil no se ha detenido con la entrada en vigencia del ‘pacote’, el cual «en verdad —dice un especialista— (La Nación , 29/11)— (es) un conjunto de medidas de preparación para una devaluación controlada del real, para que eso no cree pánico. Pero una devaluación del 20 por ciento es inevitable».


Lo que está en discusión, abiertamente, es la magnitud de la desvalorización, porque como presagia un ex-presidente de la Bolsa de San Pablo, «una devaluación destruiría el Mercosur, la reelección del presidente y el salario» (ídem).


Bajo el ‘plan real’, Brasil se transformó en un centro neurálgico de la especulación internacional. Tras haber figurado «entre las de mayor rentabilidad» en el mundo durante 1997, las bolsas de San Pablo y Río de Janeiro fueron sometidas a una ola vendedora de títulos y acciones por parte de tenedores internacionales que «buscaban cubrir parte de las pérdidas sufridas en los otros mercados» (los asiáticos) (O Estado de Sao Paulo, 27/11).


A más de un mes del inicio de las ‘corridas’, dice la Folha de Sao Paulo (27/11), «la situación cambiaria está lejos de ser tranquila». Aunque el drenaje de reservas del país ha sido momentáneamente detenido tras la pérdida de casi 10 mil millones de dólares en sólo la última semana de octubre, la salida de divisas continúa: «los bancos están utilizando los recursos que tenían —’posición comprada’, como se dice en el mercado… (Esta) era de 3,3 mil millones de dólares a fines de octubre y cayó a alrededor de 400 millones en los últimos días. Esta salida de casi 3 mil millones no se refleja así en el volumen de reservas» (ídem). Además, durante noviembre, «las salidas de divisas fueron particularmente significativas en las operaciones financieras realizadas en el mercado libre, que representan un saldo negativo de 1.027 millones. Estos números … reflejan las dificultades del país para contraer empréstitos externos: los bonos que están venciendo no están siendo renovados» (ídem). Así, en diciembre,»puede preverse —dice el mismo medio— que las reservas del Banco Central vuelvan a caer».


En los 17 primeros días de noviembre, los Fondos de Inversión que concentraban el 80% de las inversiones especulativas en el país «se encogieron en 6.580 millones de reales» (casi 6 mil millones de dólares a la paridad vigente).


Cesación de pagos


El ‘plan real’ se pavoneaba de haber alargado a 270 días los plazos de la monumental deuda pública brasileña, antes de la crisis bursátil. Con la crisis, los plazos se achicaron automáticamente 90 días, y «los plazos del nuevo endeudamiento se han reducido aún más, pasando de seis a tres meses, en reales, y de dos a un año, en dólares» (El Cronista, 27/11). Aquella extensión de los plazos llevó a un «aumento de alrededor del 50% en el stock de deuda pública federal bruta (interna y externa) esperado para este año, pasando de cerca de 240.000 millones de dólares en 1996 a alrededor de 360.000 millones a fines de 1997» (Brasil, Informe de Coyuntura, del Centro de Economía Internacional, 11/97).


Este ‘stock’ no incluye la deuda de los Estados provinciales y municipios, ni la de las empresas estatales, que se estima en otros 100 mil millones de dólares. Así, el déficit de la cuenta de ‘servicios’ de la balanza de pagos se incrementó en el período enero-septiembre de 1997, un 25% en relación al mismo período de 1996, superando los 18 mil millones de dólares. Los intereses de la deuda consumieron los mismos 6 mil millones de dólares, pero el rubro ‘ganancias y dividendos’ pagados casi se triplicó, rozando los 4 mil millones de dólares, siempre para ese período de 9 meses. Los papeles de la deuda pública brasileña pagan en la actualidad 5,5 puntos porcentuales por arriba de los títulos de la deuda del Tesoro americano, la sobretasa más alta de América Latina: «el riesgo subió para todo el mundo, pero subió proporcionalmente mucho más para Brasil» (Folha, 27/11).


Se estima que la deuda nominada en reales subió, de septiembre a octubre, casi 40 mil millones de reales, para ubicarse en los 250 mil millones de reales. Se ha llegado a una situación, dice El Cronista (19/11), en «que ningún operador cuerdo aceptaría renovarla en estas condiciones y pediría su cancelación». «¿Está el gobierno brasileño en condiciones de hacerlo? La respuesta es definitivamente no» (ídem). «En concreto, hay vencimientos de corto plazo —hasta marzo— por 66 mil millones de reales, una cifra que es mayor que las reservas internacionales y suficientemente explosiva» (ídem, 13/11).


Esto pone de relieve el derrumbe del sistema financiero brasileño, que es el poseedor número uno de la deuda pública y el principal ‘damnificado’ por las pérdidas bursátiles: los bancos encabezan el ‘ranking’ de «los sectores que más cayeron» (Ambito, 27/11).


La ‘salida’ de las privatizaciones


Entre las pavadas que solían decirse para negar la envergadura del volcán brasileño, se esgrimían las importantes privatizaciones que Brasil tenía por delante y el ‘flujo de capitales’ que esto ‘inyectaría’ al mercado. Un analista de la Folha (27/11) destaca, sin embargo, que «la crisis de los mercados financieros enterró la idea (original) de entregar el control accionario en forma abierta (en el mercado de capitales) y con una administración profesional». Se «ha vuelto inviable hacer una oferta global de acciones, aunque se privatice en mayo o junio del año que viene, como se espera» (ídem). El ‘mercado de capitales’ se ha evaporado, «las privatizaciones realizadas en noviembre no contaron con participación extranjera. Así, el programa de desestatización no contribuye, este mes, para aumentar las reservas cambiarias, aunque las subastas continuasen —y continúan— atrayendo a las compañías internacionales» (ídem).


La ‘consultora’ de The Economist prevé que «las altas tasas de interés llevarán a una recesión mucho más grande de lo que la mayoría de los analistas cree» (Página 12, 28/11). La tasa de desempleo alcanzó ya, en el Gran San Pablo, niveles ‘argentinos’, «un récord del 16,5% en octubre»(Folha, 27/11). El consumo se ha deteriorado brutalmente, se ha roto en toda una serie de sectores la cadena de pagos y el nivel de incumplimiento en los pagos de los créditos al consumo alcanzó niveles históricos (ídem).


Así, «la crisis reciente terminó acentuando, para peor, la situación relativa de riesgo de Brasil» (ídem).

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