Brasil: una transición convulsiva

PT: ¿violín en bolsa con las “directas”?


Michel Temer está ensayando diferentes maniobras para permanecer en el poder. Nuevas estrategias fueron pensadas por el núcleo fuerte del gobierno para frenar las posibles vías de alejamiento presidencial. Si Temer fuera desplazado del poder por el Tribunal Superior Electoral, a partir de anular la fórmula que triunfó en las elecciones de 2014 (la alternativa que se baraja como más rápida para su destitución), habrá “apelación tras apelación” de la defensa del actual presidente. “Estiman que en ese proceso podrían demorar una sentencia definitiva al menos hasta octubre próximo. Juegan también con otra posibilidad: que algún juez electoral de esa Corte pida ‘revisar’ el proceso, con lo cual el juicio no comenzaría como se supone el 6 de junio próximo” (Clarín, 28/5). A la par de esto, el Presidente dio una señal de fuerza y ordenó por decreto la intervención del ejército para reprimir en las calles.


 


Estas iniciativas no fueron suficientes, sin embargo, para remontar la crisis, que sigue abriendo nuevas grietas en todos los frentes. En el plano judicial, al inminente pronunciamiento de la Junta electoral el próximo 6 de junio se le suma la indagación de Temer por pedido del procurador general sobre las denuncias de corrupción que acaba de ser aprobado por la Corte, que podría ser el disparador de un proceso penal, que constituye otra de las vías para proceder al juicio político del actual presidente. En el terreno económico, se produjo la renuncia de la presidenta del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES). 


Se trata de un golpe importante si se considera que Temer había puesto un empeño especial por preservar la integridad de su gabinete y elenco de colaboradores. 


 


En este esfuerzo, el PSDB, el otro gran partido que integra la coalición de gobierno, ha mantenido sus ministros en el gabinete, pese al amago de algunos de ellos por renunciar.


 


Crisis de fondo


 


La renuncia de la presidenta del BNDES no es un dato menor pues éste constituyó la gran fuente de financiamiento de la burguesía nacional durante estas décadas y es una de las bases de su ascenso meteórico. La institución está bajo sospecha de “favores” a muchas de las empresas que están en la causa del Lava Jato y, también, al frigorífico JBS, cuyo dueño, Joesley Bastista, delató al presidente Temer como involucrado en casos de soborno. La presidente renunciante “estaba bajo presión de aquellos empresarios que vivieron, durante largo tiempo, de jugosos créditos subsidiados del BNDES. La acusaban de ‘frenar’ los proyectos financiados por esta entidad” (ídem). Lo ocurrido en la entidad forma parte de un gran campo de disputa que está abierto entre la burguesía local y el imperialismo por el manejo y explotación de los grandes recursos y actividad industrial del país y, por lo tanto, sobre el destino de las grandes corporaciones brasileras. La operación Lava Jato y, ahora, las revelaciones de los hermanos Batista, fogoneadas desde Estados Unidos, han apuntado a quebrar la articulación industrial y financiera armada en torno de Petrobras y el sistema de contratos y concesiones otorgadas desde el Estado.


 


Obedrecht está haciendo un esfuerzo por salvar sus posiciones en Brasil, procurando negociar -a cambio de las revelaciones- la continuidad de sus negocios. Pero una destitución de Temer desbarataría todos los arreglos hechos en el último año con las constructoras y empresas coimeras, y Brasil asistiría a una enorme transferencia patrimonial entre capitales extranjeros y nacionales. Estamos en presencia de una crisis de fondo que atraviesa a todas las clases sociales y pone en tela de juicio el conjunto de las relaciones sociales vigentes.


 


Temer no pudo detener tampoco un desgranamiento de su propia tropa en el Parlamento, empezando por el presidente del Senado, quien acaba de reclamar la renuncia del jefe de Estado. Esta fisura en el Parlamento ha frenado la salida de la reforma laboral y jubilatoria. Esto es clave porque priva a Temer, quizá, de su principal arma de gobierno que era presentarse como el garante del ajuste, que vino llevando adelante desde que asumió el gobierno. Un empantanamiento de la ofensiva antipopular en curso puede acelerar la determinación del capital de soltarle la mano al gobierno. Por lo pronto, la calificadora Moody’s le bajó la nota de Brasil mientras se acentúa la fuga de capitales.


 


Entretanto, el gobierno tuvo que dar marcha atrás con el decreto de las fuerzas armadas, cuya intervención no sirvió para detener la protesta. Las movilizaciones, magras en los días posteriores al estallido del escándalo de los hermanos Batista, volvieron a cobrar masividad, especialmente en Brasilia, donde tuvieron un carácter multitudinario.


 


Unión nacional


 


Si Temer sobrevive es porque la oposición aún no logra articular una transición. Lo que parecería estar más claro es que la posibilidad de convocar a elecciones generales está cada vez más lejos. Después de haber batido el parche sobre las “elecciones directas”, el PT estaría dispuesto a replegar esa bandera y aceptado negociar un sucesor a través de una elección indirecta por el Congreso. De acuerdo con lo que informa la prensa, los principales partidos (el PMDB gobernante, el PSDB y el propio PT) estarían negociando un sucesor, aunque todavía no habría un acuerdo con el nombre. Gleisi Hoffmann, candidata a presidir el Partido de los Trabajadores de Brasil, desmintió estas tratativas, lo cual delata la división reinante en sus filas y, por sobre todo, el callejón sin salida de su política. 


 


Las ‘diretas’ le plantean al PT un problema insoluble, con o sin legislativas, pues para ello no tienen más remedio que pactar con los partidos tradicionales, con el pretexto de la necesidad de contar con una mayoría parlamentaria, reiterando la nefasta experiencia ya recorrida cuando fueron gobierno. Ya sea de un candidato de consenso o de la directa pactada, cualquiera de esas variantes tendrá como fundamento una continuidad de la política de austeridad y de reformas antiobreras.


 


El PT confrma, una vez más, que es un partido integrado al régimen social vigente y que no está en sus planes poner en juego la gobernabilidad. “Una transición desorganizada plantea el riesgo de un vacío de poder que podría perjudicar a una economía que se espera que salga de la recesión este año” (El País, 28/5), con más razón cuando el país viene de estar sacudido por la masiva huelga general de semanas atrás y por concentraciones populares de repudio al Presidente y su ajuste. 


 


De acuerdo con lo que informa la prensa, los principales partidos (el PMDB gobernante, el PSDB y el propio PT) estarían negociando un sucesor, aunque todavía no habría un acuerdo con el nombre.


 


El ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, y un ex presidente, Fernando Henrique Cardoso, aseguran entre los posibles sucesores. También se ha mencionado al senador Tasso Jereissati, líder provisional del Partido Socialdemócrata Brasileño de centro-derecha (PSDB), y Rodrigo Maia, presidente de la Cámara de Diputados de Brasil. El problema de la fórmula Cardoso-Jereissati (que se baraja como uno de los posibles binomios) es que, por ahora, cuenta sólo con los votos de su propio partido. “Si Cardoso puede tener el beneplácito de Lula, Jereissati es mal visto entre las filas parlamentarias petistas. Para el PT, la mejor alternativa es el llamado ‘candidato neutro’. Se trata de Nelson Jobim, que fue ministro de Justicia con Fernando Henrique y ministro de Defensa con Lula da Silva” (ídem). Un indicador claro de cómo el PT está ya enfrascado en este contubernio, lo que ha dejado pedaleando en el aire al PSOL, que venía enarbolando las directas, haciendo seguidismo y alentando una confluencia con aquella formación política. Esta búsqueda de un contubernio con los partidos tradicionales, deja pedaleando en el aire al PSOL, que venía enarbolando las directas, haciendo seguidismo y alentando una confluencia con aquella formación política.


 


Perspectivas


 


Cualquiera sea el arreglo que se llegue, dicho desenlace no cierra la crisis que tiene un alcance profundo y de fondo. Las convulsiones políticas seguirán. La cuestión del momento, en Brasil, es darle continuidad a la movilización popular e impulsar una nueva huelga general. En estas condiciones, cobra enorme relevancia y actualidad la convocatoria a un congreso de trabajadores para discutir un programa y una salida política frente a la crisis en desarrollo. En oposición a las salidas antidemocráticas y antipopulares en curso, es la hora de luchar por una Asamblea Constituyente libre y soberana, donde se discuta una reorganización integral del país sobre nuevas bases sociales. La cuestión clave en Brasil y, de un modo general, en América Latina, es que la clase obrera emerja como un factor político independiente y se transforme en alternativa de poder.