05/10/2000 | 683

Carta desde el Altiplano

La Paz, Bolivia

Estimados compañeros:

 

Efectivamente, la situación política boliviana está muy candente. El diálogo del gobierno con el magisterio urbano amenaza con quebrar a ese importante sector del conflicto, pero se están haciendo esfuerzos para lograr que al menos La Paz permanezca en lucha, ya que no fueron atendidas favorablemente todas sus demandas. El resto de las federaciones departamentales, controladas por el oficialismo o resabios del stalinismo, aparentemente aceptarían el ofrecimiento del gobierno y se retirarían del conflicto.

 

En el caso del magisterio rural, confiamos en que permanecerán firmes en sus demandas.

 

Los cocaleros (dirigidos por Evo Morales) aparentemente podrían aceptar el ofrecimiento del gobierno de suspender la construcción de los tres cuarteles en el Chapare y otorgar una compensación a cambio de la erradicación, pero, en la medida en que la erradicación como tal no retroceda, es posible que las bases exijan a la dirigencia continuar con los bloqueos.

 

El sector que permanece firme con sus planteamientos es el campesinado, particularmente del departamento de La Paz, dirigidos por Felipe Quispe (Mallku). Esta mañana fracasó el diálogo que debió iniciarse con el gobierno, ya que los campesinos ponen como condición que el diálogo se realice en Achacachi, comunidad aymará que es conocida por ser particularmente sanguinaria. El gobierno no acepta trasladarse allá para dialogar y los campesinos amenazan con radicalizar sus medidas.

 

En la prensa habrán podido leer que los campesinos demandan básicamente la anulación «total» de la Ley de Aguas (hasta ahora está «congelada», pero no anulada legalmente, de manera que podría ser reactivada en cualquier momento), el cese de la erradicación de la hoja de coca, y plantean el problema de la ley INRA y se solidarizan con las demandas de los maestros.

 

Sin embargo, en algunas declaraciones el Mallku ha planteado que el objetivo de fondo que plantean los campesinos sería la re-estructuración del Kollasuyo, y que este movimiento se encamina a re-editar el cerco a La Paz del siglo pasado por lograr terminar con el nuevo colonialismo.

 

Quispe es un dirigente muy controvertido, ya que hace algunas declaraciones que luego son negadas en otras posteriores, pero cada vez más se percibe el trasfondo de una lucha racial. De hecho, en la zona sur de La Paz se han dado varios casos en que los campesinos han intentando entrar en las casas (más propiamente, mansiones) de campo que tiene la burguesía, con actitudes violentas; intentaron incendiar autos, etc.

 

Quispe fue parte del grupo «Ejército Guerrillero Tupak Katari», por cuyas acciones estuvo encarcelado durante 5 años, y durante su estancia en la cárcel reivindicó una y otra vez sus acciones, señalando que pronto se acabaría el gobierno de los blancos. Es el dirigente máximo de la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesinos de Bolivia, que está compuesta por dirigentes que militan en diferentes partidos, particularmente oficialistas. De manera que este movimiento fue organizado por él junto a sus bases, que están en las comunidades aymarás y en algunas federaciones del sur del país.

 

De cualquier forma, Felipe coordina acciones con el Bloque sindical antineoliberal, en el que también participamos nosotros, pero no se subordina a él, ya que tiene, como señalé más arriba, su propio proyecto político.

 

En Cochambamba, prometía algo la Coordinadora del Agua, pero en la medida en que está conformada por todo el mundo (incluso empresarios), ahora está saliendo del conflicto.

 

Es bien difícil en este momento predecir lo que irá a suceder, ya que por un lado hemos podido advertir una creciente polarización de las masas, que a su vez están siendo golpeadas por el terrible desabastecimiento de las ciudades; pero por el otro, la mayor parte de los sectores urbanos no se sienten incluidos por la movilización. La clase media en las calles exige soluciones al gobierno, muchos hasta exigen «mano dura» para acabar con el desborde «de los indios».

 

El stalinismo está cumpliendo impecablemente su papel de rompehuelgas, ya que es la corriente que propugna tesoneramente por sacar al magisterio del conflicto (hasta ahora fundamental en la movilización urbana), lo cual debilitaría enormemente al movimiento.

 

Siendo que el movimiento no cuenta con una dirección política revolucionaria que logre marcar el camino, hay mucha desazón en los sectores de vanguardia, con quienes hemos coincidido en que más que nunca urge la necesidad de construcción del partido.

 

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