15/04/1999 | 622

Centroizquierda y socialistas, punta de lanza de la Otan

La pequeña burguesía ‘progresista’ se ha revelado como el instrumento más fiel y firme del imperialismo. El socialismo alemán se consagrará como el primero de ese país en enviar tropas a la guerra desde 1945; el griego ha puesto al servicio de la Otan el puerto de Salónica y el mar Egeo para el aprovisionamiento de las tropas estacionadas en Macedonia; el ex partido comunista de Italia ha debutado como partido gobernante autorizando el uso de las bases militares en su territorio y el envío de tropas contra Yugoslavia; los conservadores británicos del ala Thatcher han tenido que exigir al socialista Blair que se comprometa con una invasión terrestre de los Balcanes. Los verdes de Italia y de Alemania han dejado de lado su vergonzoso pacifismo para abrazar como nadie la causa de la guerra imperialista. Incluso en Turquía, el gobierno centroizquierdista de Ecevit ha enviado aviones de combate para participar de las incursiones aéreas. ¡Pero Turquía no apoya la independencia de sus hermanos musulmanes de Kosovo, esto porque tal cosa «podría animar el separatismo kurdo dentro de sus fronteras»! (Financial Times, 8/4). ¿Y lo que pasa en Albania, donde un gobierno socialista encabezado por un ex comunista de ‘línea dura’ ha permitido el ingreso de diez mil soldados de la Otan y la transformación de Albania en un protectorado? Un socialista, en fin, Javier Solana, es el jefe de la Otan.


Centroizquierdistas y socialistas alegan, claro, razones humanitarias a la hora de matar. ¿Pero cuándo actuaron de otra manera? Desde la Primera Guerra Mundial, invocaron siempre argumentos democráticos para sacrificar a los pueblos en beneficio del imperialismo. Lo peculiar de la situación actual es que la derecha ha sido prácticamente barrida del escenario oficial internacional y que la izquierda se ha hecho cargo de todas las responsabilidades políticas de defender al imperialismo.


Más cínica es todavía la posición de los comunistas, una calificación que hacemos en general porque el partido comunista francés integra el bloque internacional de PCs. Aunque proclama su oposición a la guerra, claro que desde una posición que reclama la solución diplomática, o sea imperialista, sigue integrando y apoyando al gobierno de Chirac-Jospin. Robert Hue, el secretario general del PCF, declaró en el parlamento que consideraba a los «ataques de la Otan como un fracaso de Europa, como la señal de su dificultad para afirmar su autonomía frente a su aliado americano» (Le Monde, 29/3). Es decir, que incluso la oposición verbal a la guerra imperialista es hecha en nombre de la Europa imperialista y considerando al imperialismo yanqui como aliado. Por eso, Hue propone «una conferencia europea sobre los Balcanes… bajo la égida de la OSCE», es decir la organización que agrupa a los gobiernos imperialistas europeos y al gobierno imperialista de los Estados Unidos. La respuesta de Jospin al comunista fue por demás esclarecedora: «no hacemos seguidismo (a los EE.UU.)», dijo; «actuamos de manera deliberada y sopesada» (ídem). Es decir, no defendemos sino los intereses de Europa, o sea del imperialismo europeo.


El diario Le Monde resume los intereses del imperialismo europeo en un punto: «el nacimiento de una identidad europea de defensa» (25/3), algo por cierto muy humanitario. Esto se habría visto favorecido, «a la hora de las decepciones asiáticas, por la formación en una y otra parte del Atlántico de un conjunto económico europeo-americano con intereses cada vez más interdependientes» (ídem). En resumen, cuando «el abismo entre las capacidades militares entre europeos y americanos no cesa de crecer», el capital europeo exige un viraje a fondo en los gastos militares del continente, para, de un lado, apuntalar su presencia en los diferentes mercados; del otro, como el último recurso reactivador frente a la crisis económica. Le Monde no vacila en atribuir a estos objetivos la intervención europea en la guerra imperialista y destaca sin reparos el acuerdo de la Comisión Trilateral (formada por los principales pulpos de EE.UU., Europa y Japón) a una ‘identidad militar europea’ dentro de la Otan.


El centroizquierda, los socialistas y los llamados todavía comunistas representan a la población europea que vive de las migajas en disminución que aún distribuye el imperialismo gracias a la explotación colonial. Para defender este status hasta sus últimas consecuencias, se alinean consciente y desvergonzadamente con su propio imperialismo hasta las últimas consecuencias. Los centroizquierdistas criollos no les van a la rastra, como lo demuestra la completa ausencia de oposición de la Alianza a la guerra de la Otan. Es que, después de todo, la Alianza también quiere su lugar al sol en el orden imperialista, no en vano no rechaza el carácter de aliado extra-Otan otorgado por Clinton a la Argentina.

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