19/06/1997 | 544

Chile: Crece la movilización universitaria

La movilización universitaria chilena se extiende como una mancha de aceite por todo el país. Lo que comenzó como un movimiento restringido a unas pocas facultades de la Universidad de Chile –la más grande del país– ya se ha extendido a la totalidad de las casas de estudio de esa Universidad (que se encuentran en huelga y ocupadas por sus alumnos), a la Universidad de Santiago, a la Tecnológica Metropolitana, a la de Ciencias de la Educación y a la de Concepción.


La extensión y profundización del movimiento se manifestó con claridad en la movilización de 10.000 estudiantes que marcharon por el centro de Santiago hasta el Ministerio de Educación el pasado jueves 12. En esta marcha, por primera vez, junto a los estudiantes manifestaron los docentes y los no docentes universitarios. La manifestación fue brutalmente reprimida, con palos y gases, por los carabineros.


A pesar de la represión, el movimiento sigue en ascenso. Las ocupaciones se mantienen; las gremiales docentes y no docentes han planteado su apoyo a los estudiantes, y hasta en las universidades privadas han comenzado movilizaciones por sus propios reclamos.


Los dos reclamos centrales de los universitarios son la duplicación del presupuesto estatal destinado a las universidades públicas y la derogación del estatuto pinochetista de 1981.


La sistemática reducción de las partidas presupuestarias destinadas a la Universidad estatal ha provocado que apenas el 25% de sus gastos se cubran con fondos públicos. El resto proviene de ‘contratos de servicios’ con las empresas privadas y, claro, del arancel que pagan sus alumnos. El costo anual promedio del arancel universitario en Chile –atención, estudiantes argentinos– es de ¡3.600 dólares anuales! Claro está que esto es un promedio, hay universidades mucho más caras. El salario promedio de un obrero chileno es de 500 dólares mensuales.


La universidad estatal en Chile ha dejado de ser, como denuncian sus alumnos, una escuela pública para convertirse, al mismo título que las privadas, en “un agente del mercado educativo, al servicio de quien pueda pagarla”.


Junto con la duplicación presupuestaria, los universitarios reclaman la derogación del estatuto pinochetista y el cogobierno universitario. El estatuto dictatorial de 1981 –que la ‘democracia’ ha mantenido en pie– establece la ‘autonomía universitaria’ pero no el cogobierno. Así, la universidad chilena se ha convertido en un coto cerrado de las trenzas profesorales provenientes de la dictadura y sólidamente ligadas al gran capital. Los estudiantes –con el apoyo de los docentes y no docentes– reclaman que las autoridades universitarias sean designadas por un Congreso tripartito –estudiantes, docentes, no docentes– elegido por votación. La representación estudiantil en el Congreso tripartito, reclaman, no debería ser inferior al 35%.


Frente a la terca resistencia del gobierno de coalición democristiano-socialista a destinar más fondos a la universidad pública, y a la no menos terca resistencia de las trenzas profesorales a abandonar el control de la universidad, la movilización universitaria chilena parece tener cuerda para rato.

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