22/11/2017 | 1483

Chile: Un balance de las elecciones presidenciales


La derrota electoral de la Nueva Mayoría, con Alejandro Guillier a la cabeza (22,7%) frente al derechista Sebastián Piñera (36,6%), en esta primera vuelta presidencial, plantea una nueva transición política en el país, la cual se desarrolla en el marco de una aguda fractura económica, social y política.


 


El régimen político que buscó darle una salida pactada a la dictadura y planteó una política de protección de la herencia pinochetista, basada en el uso de los planes de asistencia social en un cuadro de confiscación extrema del salario, se ha comenzado a venir abajo.


 


El derrumbe del concertacionismo quedó a la vista cuando la coalición gobernante se presentó a la primera vuelta de esta contienda electoral con dos candidatos (Guillier y la democristiana Carolina Goic).


 


La descomposición de la Concertación-Nueva Mayoría ha dado como resultado la emergencia tanto de variantes derechistas como izquierdistas. Piñera aparece como la primera opción para relevar a la actual mandataria Michelle Bachelet y tendrá que probar de cara a la segunda vuelta su capacidad de poner en marcha un nuevo rescate capitalista, con una orientación económica y política muy similar a la que venía desarrollando la Nueva Mayoría, y que exigirá una confiscación social de más largo alcance.


 


Pero, contrariando las encuestas, la explotación electoral que ha logrado la derecha fue menor que lo que se pronosticaba. La gran “sorpresa”, como lo destacan los diarios, fue la elección del Frente Amplio. Su candidata, Beatriz Sánchez, cosechó más del 20,3% de los votos -quedó tercera- y le pisó los talones al candidato oficialista.


 


Por su parte, las candidaturas impulsadas por el Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR, afín al PTS argentino) que se circunscribió a unos pocos distritos, obtuvo el 1,7 y el 2,9% de los votos en Antofagasta y el distrito 10 de Santiago (La Izquierda Diario, 20/11).


 


La volatilidad da cuenta de la precaria e inestable transición política. La abstención llega al 54% (más de 8 millones de personas) y de cara a la segunda vuelta estará en juego el 46% de votos totales que se reparten en los candidatos que quedaron fuera del balotaje.


 


El Frente Amplio


 


Con nueve meses de existencia, y su primera candidatura presidencial, este frente electoral de cuño reformista y democratizante ha logrado canalizar una parte importante de los votos históricos de la concertación, al colocarse en el discurso como “los representantes de los movimientos sociales”, “con manos limpias” en el contexto de los casos de corrupción, como lo contrario a la “vieja política”.


 


El Frente Amplio ha ensanchado su representación parlamentaria a veinte diputados. Estamos frente a un viraje a la izquierda en la elección parlamentaria, canalizado por la izquierda democratizante.


 


Las agrupaciones del FA han hecho pública su adhesión a las “reformas” del gobierno catalogándolas de “progresistas”, como lo hizo con la “beca de gratuidad”, la reforma laboral antihuelgas y hasta con aspectos de la reforma que busca rescatar a las AFP. Al mismo tiempo, juraron fidelidad al programa del movimiento NO+AFP. Donde los reclamos del Frente Amplio brillaron por su ausencia, fue frente a políticas antiobreras como lo son el salario mínimo de miseria que el gobierno negoció con la burocracia del PC en la CUT, la criminalización de las huelgas y el incremento de la deuda pública. Los parlamentarios del Frente Amplio no han presentado ni una moción en contra de estas medidas de ataque al pueblo trabajador.


 


El fuerte carácter populista y democratizante de este frente “policlasista” ha marcado que su programa se presente como un “rejunte” de reivindicaciones “ecologistas”, “feministas”, “laborales”, “estudiantiles”, “animalistas”, “regionalistas”, con una metodología que apunta a sustituir el antagonismo de clase y la lucha por un gobierno de los trabajadores por la lucha “contra el neoliberalismo” y por la “democracia”.


 


Se pronuncian contra la “casta política” y plantean su sustitución por sus candidatos que vienen “con las manos limpias” y que están dispuestos a cobrar “como un docente universitario” -o sea, una depuración del personal político dentro del marco del orden social vigente.


 


En momentos donde la descomposición capitalista se profundiza, proponen convertir en “bienes públicos” a la salud, la vivienda y la educación sin tocar al capitalismo. Se han preocupado de sostener que todas sus medidas programáticas se ajusten a la legalidad vigente.


 


El Frente Amplio, como furgón de cola del concertacionismo, ha demostrado en su corta vida, tener en su ADN la misma tendencia a tomar reclamos populares de forma testimonial, vaciándolos de un contenido clasista y de combate, como ha sucedido con el programa de la Coordinadora NO+AFP, donde no han movido un dedo para garantizar la continuidad de la movilización. Han hecho lo mismo con el apoyo a la “beca de gratuidad” y la condonación de los créditos CAE (de Aval Estudiantil) donde para esto último han llegado, incluso, más lejos que los otros dos candidatos capitalistas, planteando que están dispuestos a negociar con los bancos formas de pago íntegro de todos los créditos en mora de los deudores educativos, que suman casi la mitad de la cartera.


 


La tarea del momento


 


El Frente Amplio ya se perfila como una adaptación de las formas de contención de las masas y acuerdos con los privatizadores en el marco de la nueva realidad. La mayoría de sus partidos integrantes ya han planteado una confluencia del Frente Amplio con el ala “progresista” de la Concertación. Invocarán el “fantasma de la derecha” como extorsión contra los trabajadores y argumento para apoyar en segunda vuelta a Guillier.


 


Esto, de todos modos, no ha pasado inadvertido para un sector no menor de adherentes del FA que han sido protagonistas de las últimas luchas sociales, que se resisten y se oponen a este apoyo al candidato oficialista, y que reivindican y defienden la existencia de una fuerza política independiente de la concertación.


La segunda vuelta que se viene va a ser un recuento de fuerzas entre dos variantes capitalistas. Cualquiera sea el ganador, va a tener que pasar por la prueba de pilotear la crisis, cuyo alcance y magnitud excede holgadamente las posibilidades políticas de los dos contendientes. Tanto Guillier como Piñera no reúnen los recursos ni tienen las condiciones para dar una salida a los problemas de fondo que enfrentan el país y los trabajadores.


 


El desarrollo de la izquierda revolucionaria dependerá decisivamente de la comprensión de fondo de la etapa política que se abre, donde es necesario que se presente en el terreno del programa y las iniciativas de lucha política con una delimitación implacable respecto del concertacionismo en descomposición y las variantes patronales. Después de cuatro décadas, estamos frente a una nueva etapa política que reclama desde sus entrañas una transformación social de fondo con un programa y un plan de lucha parido en las calles al calor de la crisis -o sea, una alternativa obrera y socialista.


 


 

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