19/06/1997 | 544

China – Hong Kong: un paìs, el mismo sistema

En la medianoche del 1° de julio, China volverá a ejercer, hasta cierto punto, sin embargo, la soberanía sobre Hong Kong. La prolongada usurpación británica data de las ‘guerras del opio’ de mediados del siglo pasado. La restitución es el resultado de un acuerdo celebrado entre el gobierno de Pekín y la Corona británica en 1984, bajo el gobierno de Margaret Thatcher.


El acontecimiento ha despertado una amplia expectativa mundial. Es que Hong Kong es uno de los más potentes centros comerciales y financieros de toda el Asia y posee, sin lugar a dudas, la mayor cantidad de capital por metro cuadrado de territorio en todo el mundo.


 


“Un país, un sistema”


El diario norteamericano The Wall Street Journal (10/6) se burla ácidamente del slogan con que las autoridades chinas y británicas negociaron la transmisión de la soberanía de Hong Kong: “Un país, dos sistemas”. Según este slogan, Hong Kong se mantendría capitalista, aunque China continuara siendo ‘comunista’. Pero para el diario, “la discusión es retórica”, porque “Hong Kong ya forma parte de su gigantesco vecino. Desde el punto de vista económico, se avanza rápidamente hacia un solo sistema”. El representante de la consultora Price Waterhouse en Hong Kong sostiene que, “desde el punto de vista económico, Hong Kong y China ya son una” (ídem).


Efectivamente, la interpenetración económica entre China y Hong Kong es sencillamente fabulosa. Ocho de cada diez empresas radicadas en Hong Kong operan en China, donde emplean a cinco millones de trabajadores y de donde extraen una parte sustancial de sus beneficios. Los accionistas de Hong Kong invirtieron más de 100.000 millones en China y son dueños de acciones de empresas con respaldo chino por otros 40.000 millones.


Al mismo tiempo que Hong Kong es el mayor inversor externo en China, China es el mayor inversor externo en Hong Kong, como consecuencia de las “numerosas alianzas capitalistas entre las empresas de China Popular y las de Hong Kong” (Le Monde, 11/5). Sólo en los últimos dos años, la compañía de aviación civil china tomó el control de Dragonair (la línea de cabotaje perteneciente a la aerolínea de bandera de Hong Kong); la compañía de turismo china compró una parte del paquete accionario de la compañía de transportes públicos de la isla; el Banco Central chino compró el 15% de las acciones de la empresa emisora de billetes de Hong Kong. La CITIC, la mayor compañía china, posee “grandes porciones” de los paquetes accionarios de los mayores holdings de Hong Kong, entre ellos los de la electricidad, telefonía y bienes raíces (The Washington Post, 27/3).


Otra evidencia de esta descomunal integración económica es la “fiebre” que se ha desatado entre los inversionistas de Hong Kong por las llamadas ‘red chips’, las compañías chinas que cotizan en la Bolsa de Hong Kong. En la última licitación de una de estas ‘red chips’, la demanda de acciones por parte de los capitalistas superó en ¡1.250 veces la oferta! (Le Monde, 28/5).


Por medio de estas “asociaciones capitalistas” entre empresas chinas y de Hong Kong, y por medio de su participación en la “privatización parcial” de las empresas chinas en la Bolsa de Hong Kong (Financial Times, 23/5), los grandes capitalistas de Hong Kong obtienen una vía privilegiada para penetrar en China, algo vital “para los grupos cercados en un estrecho territorio de 6,5 millones de habitantes” (Le Monde, 11/5).


Esta interpenetración ha convertido a Hong Kong en la capital económica de China. En este sentido, no es Hong Kong la que se reintegra a China, sino China la que se integra a Hong Kong, como un vasto reservorio de mano de obra barata y superexplotada para valorizar los capitales internacionales.


 


El régimen político de Hong Kong


Durante el siglo y medio de dominación colonial, Gran Bretaña ejerció una férrea dictadura en Hong Kong. No estaban permitidos los partidos ni las manifestaciones públicas, y las autoridades coloniales no eran elegidas por el voto, sino designadas por la Corona.


En los últimos años, y después de firmado el acuerdo con China, el gobierno colonial estableció ciertas libertades, en particular, la formación de un Legislativo elegido por voto directo. De esta manera, la administración colonial pretendía establecer una ‘línea de defensa’ frente al régimen de Pekín.


Pero lo cierto es que los capitalistas de carne y hueso se pusieron sólidamente del lado de la burocracia, cuando ésta anunció que derogaría las libertades y volvería a instaurar las leyes que rigieron la colonia durante 150 años. El entrelazamiento político entre los grandes capitalistas de Hong Kong y la burocracia china es tan estrecho como su entrelazamiento económico. En reemplazo del Legislativo colonial, Pekín designó a dedo un ‘cuerpo electoral’, integrado por los 400 mayores capitalistas de la isla, muchos de ellos, hasta hace poco, “estridentes apologistas del gobierno colonial” (The Economist, 13/4/96). Este ‘cuerpo electoral’ designó, como futuro gobernador, a Tung Chee-hwa, el mayor magnate naviero de la isla.


Esta “elite de billonarios de Hong Kong pide a Washington que no cunda el pánico” (The New York Times, 6/6). “Lo que llena de pánico a la elite de negocios de Hong Kong –continúa el diario neoyorquino– no es cómo se manejará Pekín, sino cómo se manejará Washington”.


Los grandes capitalistas de Hong Kong repudiaron públicamente una resolución no obligatoria del Senado norteamericano, que amenazaba con sanciones a Hong Kong si China atacaba los ‘derechos civiles’. Poco tiempo después, esta presión del ‘lobby’ de Hong Kong —a la que se sumó la del ‘lobby’ chino, que integran los grandes grupos norteamericanos que operan en China (Boeing, Lockheed, GM, Motorola, Intel)— dio sus frutos. El gobierno norteamericano, sin la oposición del Senado, le renovó a China el status comercial de ‘nación más favorecida’, que implica la fijación de aranceles preferenciales para sus exportaciones a los Estados Unidos.


Los grandes capitalistas de Hong Kong perciben a la burocracia china como un guardián seguro y confiable de sus derechos de propiedad. Tanto más cuanto Pekín ya aseguró la intangibilidad de la burocracia estatal colonial heredada de los ingleses (el ‘civil service’), incluidos los jueces. El gobernador designado, Tung, ya anunció que mantendrá como ‘secretaria en jefe’ de la administración a Anson Chan, que cumple ese papel actualmente y que actúa, en los hechos, como vicegobernadora colonial.


En resumen, queda en pie el conjunto del aparato estatal colonial, coronado por un ‘Consejo’ de grandes capitalistas designados por Pekín.


 


El Estado chino


En 1984, en ocasión del tratado chino-británico sobre Hong Kong, Prensa Obrera afirmaba que “la integración a un Estado obrero de un territorio donde se mantiene la explotación capitalista, significa un principio de transformación social de la burocracia en clase social, porque a partir de este hecho el Estado burocrático pasa a ser un garante de la reproducción del régimen capitalista. El pasaje (de la burocracia) a la defensa de un régimen de explotación capitalista en una parte del territorio … plantearía un cambio de caracterización de la burocracia” (Prensa Obrera, 17/10/84).


Efectivamente, la burocracia de Pekín ha pasado a ser la guardiana de la Bolsa de Hong Kong, de la moneda de Hong Kong, de las reservas de su Banco Central, de las relaciones sociales plenamente capitalistas de la isla y de la penetración del gran capital de Hong Kong en el continente. Para hacerlo, se apoya en el aparato estatal capitalista legado por el Imperio británico y en un acuerdo político con el imperialismo mundial.


Esto ilustra plenamente sobre el carácter social de un régimen, que algunos ‘izquierdistas’ en la Argentina continúan calificando de ‘comunista’.

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