16/02/1995 | 438

Clinton ordenó parar

El “cese del fuego” que acaban de acordar Perú y Ecuador responde a una orden del imperialismo, para quien el asunto estaba durando más de lo permisible. Los yanquis ya ha­brían impuesto que la guerra debería limitarse a la zona fronteriza y que en ningún caso podía derivar en la inva­sión u ocupación de alguno de los dos países.


Quizá nunca se llegue a saber quién disparó el primer tiro en el enfrenta­miento, pero no es necesario este dato para precisar el origen y el carácter de esta guerra: un conflicto provocado por dos regímenes en descomposición. Al momento de desencadenarse el con­flicto, Fujimori había descendido diez puntos en la intención de voto para los comicios en los que busca su reelección (abril), proliferaban las denuncias so­bre fraude y “sobre todo, acababa de estallar un mayúsculo escándalo sobre la colusión orgánica entre jerarcas del régimen y el narcotrá­fico”, que comprometía al viceministro de Interior y miembros del alto mando “cuyos nombres, direcciones y te­léfonos habían sido descubiertos en la agenda de una… de las más importantes organizaciones de narcos que opera en el Perú” (Vargas Llosa en La Nación, 8/2).


El gobierno ecuatoriano, por su lado, estaba al borde del colapso: “a fines de año la dimisión de Durán Bailen estaba discutiéndose abier­tamente, después del escándalo de su bija y su nieta, beneficiadas con un crédito de más de un millón de dólares para un imaginario nego­cio… el simulacro de guerra era el respirador artificial que estaba esperando” (Clarín, 2/2). La revista peruana “Caretas” (reproducida por Brecha, 10/2) presenta a Durán como un presidente acabado, “jaqueado por la oposición (mayoritaria en el Parlamento) y por continuas pro­testas sociales contra el deterioro del nivel de vida y la línea econó­mica privatizadora”. “Fíjese que Durán Ballén habla todos los días desde la plaza a la gente. Cuando lo veo por la televisión me hace acor­dar a Galtieri durante Malvinas”, señaló un analista peruano (Clarín, 21 2), que no tiene que imaginar mucho para hacer la comparación.


Un objetivo adicional es dirimir qué burguesía tendrá el papel dominante en la entrega de los yacimientos de oro y otros minerales que se encuentran en la zona: “Varios analistas coinciden que la zona en disputa -Cordillera del Cóndor- tiene un buen poten­cial para la extracción del oro y, tal vez, del cobre y la plata” (.Estrategia, Santiago de Chile, 13/2/95).


La “guerra de las fronteras” ha servido a un conjunto de pulpos arma­mentistas y a sus “intermediarios” y “comisionistas” civiles y militares (la prensa ha revelado la entrega de mate­rial bélico en Chile para Ecuador y la venta de armamento ruso con destino a Perú), pero la contrapartida es el de­rrumbe aun mayor de las finanzas pú­blicas, el engrosamiento de la impaga­ble deuda externa que arrastran am­bos países y una penuria aún mayor para las masas. “Algunos cálculos indican que el gobierno ecuato­riano enfrenta gastos militares diarios que ascienden a (cifras) entre 10 y 30 millones de dólares” (Estrategia, ídem). Para Perú, la esti­mación supera de lejos esta cifra, lo que no incluye en ambos casos la deu­da por el armamento que está entran­do. En países donde los trabajadores han sido llevados a condiciones inena­rrables de miseria, está en marcha una nueva confiscación. El Congreso ecuatoriano ha votado la contribución forzosa de dos días de salario de los trabajadores públicos y privados y un nuevo impuesto sobre los vehículos en circulación. Los trabajadores mandan a sus hijos (sin preparación) al frente y “solventan” los gastos de guerra e incluso el subsidio a los capitalistas. “El banco central tuvo que auxi­liar al sector privado con présta­mos directos por valor de hasta el 50% de algunas entidades” (Gaceta Mercantil, San Pablo, 10/2). No es aventurado afirmar que en Perú el “paquetazo99 se viene después de las elecciones.


La guerra plantea, expresa y acele­ra la descomposición política de los regímenes de Perú y Ecuador, y en este sentido es una manifestación de la misma crisis que sacude a México o Venezuela. Tarde o temprano, todos estos regímenes oscilan entre al auto- golpe y el aventurerismo bélico.


La oposición de las masas contra la guerra deberá convertirse en lucha revolucionaria contra sus gobiernos. Una encuesta publicada en Página/12 reveló que el 90% de la población en uno y otro país está en contra de la guerra.