21/10/2021

Costa Rica: se rompió el grupo Juventud Obrera

Faccionalismo oportunista.

El grupo Juventud Obrera de Costa Rica, con quien hemos desenvuelto un trabajo conjunto desde su conformación en 2020, al calor de la preparación de la Conferencia Latinoamericana y de los Estados Unidos, fue quebrado por una facción que viró hacia posiciones de adaptación al régimen. Es una orientación totalmente contrapuesta a los acuerdos programáticos votados por el grupo hace poco más de un año (y ahora reescritos sobre bases políticas oportunistas). También, respecto a la plataforma que presentaron en común con el PO y otras organizaciones a la Conferencia antes mencionada.

Lejos de circunscribirse a un debate teórico, la facción que rompió el grupo pasó a los hechos. En forma exprés y sin debate previo, trocó la perspectiva de una intervención independiente de los trabajadores en sus organizaciones por el acoplamiento detrás de una de las alas de la burocracia sindical costarricense.

Este viraje es la base de su metodología de aparato, con “expulsiones”, apropiación de redes sociales y herramientas colectivas, y una actitud de provocación contra otros grupos de izquierda.

Ruptura del frente único

El accionar de la facción rompió con el frente único en Juventud Obrera, que nació como un reagrupamiento de activistas provenientes de diversas experiencias. Pero también escaló a un intento de zapa sobre la construcción del sindicato de repartidores, donde los compañeros “expulsados” (de lo que fuera el grupo original) continúan protagonizando su puesta en pie.

El torpedeo contra el trabajo gremial basado en la democracia obrera y la lucha por desembarazarse de las burocracias y las tutelas patronales contrasta con la sumisión de la facción a una federación sindical ligada a un sector del stalinismo costarricense. Sin que se conozca delimitación de ningún tipo, la facción se ha sumado a las actividades de aparato organizadas por la dirección burocrática.

En lo que respecta a los vínculos con nuestra organización, el grupo faccional tiene el descaro de afirmar que el PO se niega a “disputar al Frente de Todos en sus principales sindicatos”, para luego afirmar que su dirección (la del FdT) no sería ni patronal ni capitalista… sino meramente “oportunista”. Muestran la hilacha: su ataque de poca monta a nuestro partido y a la lucha del clasismo en Argentina es una ofrenda para tender lazos con las burocracias del continente.

En el mismo documento, le endilgan al PO querer replicar el Frente de Izquierda en otros países. Pero lo dicen sin hacer ningún balance: si el FIT-U fuera un hecho progresivo, podría servir como instrumento en otras latitudes; mientras que, si constituye una traba, mejor descartarlo. El grupo faccional lo rechaza, pero por la misma razón que el PO lo reivindica. El eje de su ataque es a la perspectiva de ser “independientes de la ‘burguesía nacional’, incluso en sus formas centroizquierdistas” (destacado nuestro). Lo cual dimensiona con qué sectores este grupo quiere ligarse en la actualidad.

Viraje ideológico

No conformes con romper las acciones comunes en las luchas, practican la “unidad” donde está contraindicada: en el ámbito ideológico. Sin sonrojarse, despachan en su texto cien años de batallas entre quienes reivindicamos la continuidad y vigencia del programa bolchevique en la figura de León Trotsky, y los stalinistas -sepultureros de la revolución de Octubre. Para el grupo rupturista, ambas posiciones serían “complementarias al leninismo”. ¿Se trata de una facción incapaz de distinguir lo elemental -la revolución de la contrarrevolución-, o de un encubrimiento vergonzante de su contemporización con la burguesía?

El sector faccional publicó un texto que revisa y mutila los acuerdos originales de Juventud Obrera. En primer lugar, borraron las caracterizaciones concretas sobre la crisis en Costa Rica y la delimitación con las fuerzas de la burguesía y con la izquierda integrada al régimen, es decir, los aspectos que le dan un sustento concreto a un programa y a un planteo de poder.

Pero también eliminaron todas las medidas de choque contra el Estado aquí y ahora, es decir, las consignas transicionales que permiten a los trabajadores actuar, ganar confianza, confrontar con el capital y hacer una experiencia con una dirección revolucionaria en la lucha por el poder para la clase.

El texto original desenvolvía los ejes de intervención al respecto del trabajo, las problemáticas democráticas, del movimiento de mujeres, para los campesinos, etc. Ya sea con definiciones políticas de fondo, como “Por la dirección obrera de los sindicatos, y ponerle fin a la burocracia sindical”; o con elementos que permitan intervenir y orientar luchas concretas, por ejemplo, “Rechazo a la privatización de la salud. Aumento de los presupuestos de salud para inversión en infraestructura en todos los cantones”.

La versión del grupo faccional, en cambio, lista una serie de medidas, en el apartado de “Defensa y profundización de las conquistas de los trabajadores”, que implementaría “la revolución” … en caso de triunfar. Esta metodología, de patear a un futuro indeterminado las problemáticas actuales, impregna todo el texto.

La mutilación del grupo faccional ha vuelto estéril el programa en lo que importa: su confrontación con el capital en tiempo presente. Al postergar todas las reivindicaciones hasta la “revolución”, priva a los trabajadores de los puentes transicionales para luchar por esta gesta.

A la par de esta regresión política (abjurando del trotskismo), han tejido lazos con grupos como Reconstrucción Comunista – Frente Obrero, de España. Esta organización, una escisión del PC que aboga por su reunificación, plantea una estrategia etapista de una “revolución”, debiendo pasar primero por la “República Popular”, donde estaría incluida la burguesía, para luego emprender -cuando la correlación de fuerzas lo amerite- la “construcción del socialismo”. Frentepopulismo de manual.

La facción se ha asociado con un grupo que reivindica todos los crímenes de Stalin (Holodomor ucraniano, Guerra Civil Española, etc.), y hasta la “colonización” de América y la “Hispanidad”, el genocidio indígena y la imposición forzosa del idioma español. Un grupo “nacionalista”, con el significado reaccionario (y contrarrevolucionario) que tiene el nacionalismo de los países imperialistas.

Un elemento que instruye sobre la vocación reaccionaria de este grupo stalinista es su defensa de la España colonialista, miembro de la Unión Europea y la Otan, contra su ex colonia Marruecos, en la reciente crisis migratoria. Reconstrucción Comunista reclamó sanciones económicas y represivas contra Marruecos y contra los migrantes que traspasaban las fronteras hacia los enclaves coloniales que España aún conserva en el norte de África y hacia el continente europeo.

La defensa de las naciones oprimidas frente al imperialismo es una línea de demarcación gruesa para cualquier luchador con un mínimo de conciencia política. Por otra parte, la condena a Marruecos favorece a la monarquía marroquí, que puede embanderarse demagógicamente con la causa nacional, mientras continúa oprimiendo al pueblo saharaui. Solo una crítica implacable al imperialismo brinda la autoridad para fijar posición de clase ante esta subyugación. Desconocemos si el grupo escisionista avala esta política reaccionaria.

Por si fuera poco, a esto añaden un desdén también reaccionario y sectario, que roza el ataque, hacia las luchas democráticas de la mujer y disidencias, ambientales, entre otras. La facción revisó los acuerdos programáticos de Juventud Obrera y eliminó los posicionamientos originales sobre estas luchas y sobre las comunidades originarias. Aparte de abjurar del documento presentado a la Conferencia Latinoamericana, que contenía un apartado específico.

Perspectivas

Para imponer un profundo viraje, de contemporización con la burguesía y la burocracia, la facción se ha abocado a reventar todo aquello que tenía de progresivo la organización original Juventud Obrera. Estamos, por lo tanto, ante una regresión política, que no puede ser confundida con una vacilación ante una coyuntura particular o a una inmadurez relativa. Han pisoteado las posturas adoptadas en su constitución, que representaban una evolución política de sus militantes al calor de las rebeliones continentales. Todo esto fue ejecutado con prácticas intrigantes de deshonestidad política.

En ocasión de la preparación de la Conferencia Latinoamericana y de Estados Unidos, y durante el desarrollo del evento, ya habíamos advertido la necesidad de que la ola de luchas en el continente alumbrara una nueva dirección que pelee por la victoria -es decir, por la conquista revolucionaria del poder político-en estos procesos. Era un desafío y una oportunidad para la izquierda y los sectores combativos, enfrentando a las corrientes oportunistas que siguen medrando en los marcos del régimen. Las dificultades para poner en pie esta dirección –que exigen una fuerte militancia y lucha política- son las que allanaron el camino a un curso liquidador por parte de la facción rupturista.

Queda para las nuevas camadas de obreros y revolucionarios costarricenses la vigencia de un programa político, que reivindicamos íntegramente, y una nueva experiencia hacia la superación de la crisis de dirección del proletariado y la reconstrucción de sus organizaciones históricas.

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