07/04/2020

Crecen las luchas en Estados Unidos por medidas de seguridad e higiene ante la pandemia

Paros en Amazon y varias fábricas. Protestas en el sector salud

"Siento que todos estamos siendo enviados al matadero”. Esta es la declaración del enfermero Thomas Riley en una entrevista con la BBC (1/4) y que resume a la perfección el cuadro de crisis general que atraviesa la clase obrera de Estados Unidos, el país más afectado por el coronavirus. La pandemia no redujo los antagonismos entre clases sociales, ya que los capitalistas hacen todo por resguardar sus ganancias -a costa de la salud y la vida de las masas- y los obreros se organizan y luchan para defenderse del ataque.


En esta pulseada, los obreros estadounidenses vienen protagonizando grandes luchas por la conquista de licencias por enfermedad, condiciones de salubridad e higiene y el cierre de los establecimientos cuando está en riesgo la salud del colectivo obrero.


Coronavirus y huelgas


El lunes de la semana pasada, los trabajadores de Amazon en State Island, frenaron sus tareas por 24 hs. contra la exigencia patronal de seguir trabajando a pesar de detectar cinco casos de coronavirus, sin siquiera desinfectar el lugar ni darle cuarentena al grupo de riesgo. Chris Smalls, principal vocero de la manifestación, fue despedido el martes pasado. La patronal amenazó con más despidos a quienes no vuelvan a cumplir sus tareas (CNBC, 31/3), tildándolos de “exagerados”, pero transcurrida apenas una semana, ya se detectaron veinte nuevos casos en el mismo almacén. Los trabajadores volvieron al paro de actividades desde la mañana de este martes y hasta que se garanticen las condiciones de sanidad e higiene, esta vez con la adhesión de sus compañeros en Chicago.


Pero la de Amazon no es una situación aislada. Sucedió antes con las fábricas automotrices y con General Electric y se vienen repitiendo, de modo similar, en otros lugares. Casi 2.000 trabajadores de la alimentación de distintas fábricas en Illinois y Colorado comenzaron una huelga de conjunto para que se garantice la higienización periódica y se cumpla con el distanciamiento social preventivo. En Massachusetts, son los 100.000 trabajadores que nuclea el Sindicato de Carpinteros (NERCC, por sus siglas en inglés) los que fueron al paro para exigirle al gobernador republicano Charlie Baker que declare la cuarentena para ese sector, ya que la construcción de obras estatales no son una tarea esencial en este momento. En Nueva York, epicentro de la pandemia, ya han muerto 33 trabajadores del tránsito y 10 carteros por contagios en la vía pública.


Otro punto a destacar es la situación que se vive en las cárceles para inmigrantes, un blanco favorito de Trump para arremeter siempre que puede. Por el momento, se han registrado sólo a 8 inmigrantes contagiados. Pero sin jabones ni barbijos, hacinados, y en contacto permanente con policías que entran y salen sin la higienización correspondiente, la propagación del virus será imparable. En la cárcel de mujeres migrantes de Washington, se inició una huelga de hambre por la liberación inmediata del grupo de riesgo, una moratoria en los procesos de deportación y traslados y un protocolo de salubridad e higiene (Democracy now, 6/4).


Trabajadores de la salud, carne de cañón


Pero, para colmo, quienes reciben de lleno el impacto del virus en primera línea, son los trabajadores de la salud. Solo hasta el momento, 22 doctoras/es y enfermeras/os murieron expuestos al contagio cuando atendían a sus pacientes, ya que no poseían los equipos de protección individual (EPP). Para solventar este déficit, se les pide a doctoras/es y enfermeras/os que reutilicen sus equipos descartables, como ser barbijos, guantes de látex y delantales (Infobae, 5/4). Contra este pedido irrisorio, enfermeras de Detroit hicieron un piquete a las afueras del hospital y siete de ellas fueron despedidas.


Los trabajadores de la salud también denuncian el desfinanciamiento del sistema público, propiciado sistemáticamente por demócratas y republicanos. El personal no posee un equipo de prevención ni los insumos necesarios para atender a sus pacientes: hay falta de pruebas, lentitud para dar a conocer los resultados, escasez de equipos protectores, falta de respiradores y una planta médica que no da abasto. Esta realidad “contradice el optimismo de Trump de que los Estados tienen recursos de sobra para pelear contra la pandemia” (El País, 6/4). Jerome Adams, director general del departamento de Salud Pública, dijo que los próximos días serán “nuestro momento Pearl Harbor o nuestro momento 11-S, francamente” (ídem, 7/4).


Por la victoria de todas las luchas


Como advertimos en Prensa Obrera, asistimos “al completo descrédito de todas las instituciones del capitalismo estadounidense, que ha demostrado ser incapaz de prepararse o responder a una pandemia, lo cual, a su turno, aviva todas las tensiones internas”.


Con más de 12.000 muertos por coronavirus y más de 10 millones de telegramas de despidos por emitirse, la clase obrera estadounidense debe organizarse para enfrentar los estragos de la pandemia en todas sus vertientes: el virus se potencia con las crisis y contradicciones del régimen capitalista.

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