De la crisis de los refugiados a la crisis política


En la crisis de los refugiados, la prensa insinúa de manera interesada la existencia de dos campos: uno “solidario”, que integrarían Alemania y otros países de Europa Occidental, y otro hostil, con países como Hungría como referentes. Sin embargo, el reciente efecto dominó de cierres fronterizos se produjo como resultado del restablecimiento de controles por parte del gobierno de Angela Merkel.


 


Crisis política


Alemania intenta “socializar” la crisis de los refugiados que buscan asilo en su territorio por medio de una redistribución compulsiva de los inmigrantes, mediante un sistema de cupos entre los “socios” de la Unión Europea (UE). Pero esta tentativa ha fracasado hasta ahora debido a la férrea resistencia -sobre todo- de los países de Europa del Este. Como factor de presión, el ministro del Interior alemán amenazó con sanciones financieras “para los Estados de la UE que rechacen aceptar la correspondiente cuota de reparto de refugiados” (Ambito, 16/9). El debate sobre quién paga los platos rotos de una crisis generada por el propio imperialismo -mediante la guerra- agrava las tendencias a la disgregación del bloque. Por lo pronto, en los hechos se han venido abajo los acuerdos de Schengen y Dublín de que Hungría anunció la construcción de un muro en la frontera con Rumania, que a diferencia de Serbia también integra la Unión Europea: sería el primer muro intra-comunitario.


 


La redoblada presión alemana obedece a que la crisis de los refugiados ha terminado por provocar una crisis política en su propio país. Una reunión del gobierno federal con los líderes regionales “derivó en una monumental bronca, en la que representantes de los länder, los encargados de gestionar a los recién llegados, reprocharon al ministro del Interior falta de organización e incapacidad para acelerar unos trámites que se alargan meses y meses. Entre los más críticos estaban los socialdemócratas y los cada vez más díscolos socialcristianos bávaros. Pero las dudas también crecen en la Unión Cristianodemócrata (CDU) que preside Merkel” (El País, 17/9). Por lo pronto, ya rodó la cabeza de Manfred Schmidt, que era presidente de la Oficina para la Migración y los Refugiados.


 


Rebelión


El cierre de fronteras desata nuevos estallidos. Miles de personas que se acumularon del lado serbio de la frontera chocaron con la policía húngara tratando de ingresar en ese país, y fueron repelidos con gases lacrimógenos y miles de encarcelamientos. La valla que el gobierno de Viktor Orban puso en pie, construida por presos, es algo más que un factor de disuasión: “Acnur ya ha denunciado las lesiones que los refugiados sufren a causa de las cuchillas” (ídem, 16/9) cuando entran apresuradamente en el país perseguidos por la policía.


 


En la frontera entre Serbia y Croacia, por su parte, un grupo de migrantes rompió un cordón policial para ingresar en este último país. La ruta croata, una alternativa ante el cierre húngaro, presenta el peligro adicional de las minas antipersona de que quedaron como herencia otra catástrofe: las guerras en la ex Yugoslavia. Unos dos mil refugiados que esperaban ser trasladados desde Salzburgo, Austria, hasta Alemania, “salieron a pie en dirección a la cercana frontera austro-germana después de que las autoridades alemanas suspendieron el tráfico ferroviario en ambas direcciones” (Clarín, 17/9). En Turquía, los migrante sirios exigen al gobierno que los deje cruzar por territorio seguro para evitar la peligrosa ruta marítima hasta las islas griegas.


 


Una salida


Estamos frente a un agravamiento de la catástrofe de los refugiados, que va de la mano de un recrudecimiento de la escalada represiva. Las elecciones griegas han sido un escenario de campañas reaccionarias de la burguesía para oponer a las masas y a los refugiados. A contramano de esta tendencia, se verifica entre los trabajadores europeos una respuesta solidaria que incluyó movilizaciones masivas en numerosas ciudades y la puesta en pie de centros de apoyo.


 


Esta pulseada se extenderá a todo el continente. Por la unidad de la clase obrera europea y los refugiados. Por el respeto incondicional del derecho al asilo, sin cupos ni restricciones. Abajo las deportaciones y los centros de traslado. Fuera el imperialismo de Asia, Africa y de todas las naciones ocupadas.