28/03/1995 | 441

Defendamos a Bacherer y a los militantes del POR

En abril de 1994 fue expulsado del POR de Bolivia uno de sus principales dirigentes, Juan Pablo Bacherer, bajo la acusación de “delación”. Ha pasado más de un año desde entonces sin que esa gravísisma acusación contra la moral de un militante fuera fundamentada con hechos y pruebas irrefutables. Bacherer fue expulsado del partido en el que militó durante más de veinte años sin permitírsele el derecho a defensa dentro del POR ni, tampoco, dentro de la organización internacional a la que pertenece este partido, el llamado Comité de Enlace por la Reconstrucción de la IVº Internacional.


Bacherer y otros expulsados del POR, que han formado la Oposición Trotskista del POR, sostienen que su expulsión tiene una carácter “preventivo”, con el objeto de evitar el debate franco de las divergencias que sostiene con Guillermo Lora, al que caracteriza como el responsable del “profundo proceso degenerativo del POR” (Trinchera, órgano de la OT, nº 79, 20/3). Esta degeneración llega incluso, según denuncia el periódico de la Oposición Trotskista del POR, a la preparación “de un grupo de choque que … está dispuesto a abalanzarse contra Bacherer”.  El lanzamiento de acusaciones “criminales” para encubrir divergencias políticas –y más aún, el de “grupos de choque”– no sólo es un método ajeno al trotskismo y al movimiento obrero sino que, precisamente, ha sido el propio Trotsky el primero en sufrirlo por parte de la burocracia stalinista.


No es esta, claro, la primera expulsión que sufren los que divergen con Lora. En 1975 “fabricó” un Congreso para expulsar a una mayoría de los militantes poristas; en 1984 hizo un congreso extraordinario para expulsar –como ahora, sin derecho de apelación– a Jorge Cueto (uno de los poristas que más veces estuvo preso); en 1985 expulsó a los dirigentes de las regionales de Oruro y Huanuni acusándolos, también, de “delatores”.


La “novedad” esta vez no proviene de parte de Lora –las mismas “acusaciones”, los mismos “métodos”– sino de sus opositores, quienes han reclamado la formación de un tribunal obrero y popular que emita un fallo sobre la veracidad o falsedad de las acusaciones de “delator” que Lora lanza contra Bacherer. El antecedente histórico más importante de tribunales de estas características es el que juzgó las acusaciones de “agente del imperialismo” que Stalin y la GPU soviética lanzaron contra Trotsky. Ante este tribunal, conocido como “Comisión Dewey” por el nombre de su presidente, compareció León Trotsky para dejar en evidencia la impostura política y moral de sus acusadores.


El proceso de expulsiones sin fin que vive el POR –dictadas según el arbitrio personal de su “caudillo”, Guillermo Lora– es una expresión de descomposición política terminal.