02/11/2000 | 686

Defendamos la Intifada del pueblo palestino contra el terrorismo y la ocupación del Estado sionista

I – Después de la fraudulenta negociación del ‘cese del fuego’ en Sharm el Sheikh y de la Cumbre Arabe, el régimen sionista del general Ehud Barak lanzó la segunda etapa de su guerra de agresión contra la oprimida y rebelada población palestina. El heroico pueblo palestino no debe quedar solo frente al terrorismo del sionismo imperialista.


Hacemos un urgente llamado a la clase obrera internacional y a todas sus organiza­ciones y fuerzas, a todas las masas oprimi­das del mundo y a sus movimientos popula­res, particularmente llamamos a la juventud radicalizada que ya ha probado su interna­cionalismo militante en las batallas contra el FMI y el capitalismo mundial en Seattle, en Washington, en Melbourne y en Praga, a movilizar todas sus fuerzas en una acción de solidaridad con la lucha del pueblo palesti­no por libertad y justicia.


Después de la provocación de Ariel Sharon del 28 de setiembre, las protestas de ma­sas, la masacre y el ascenso de una nueva Intifada popular en la Palestina ocupada, to­da la escena política internacional ha cam­biado dramáticamente. En una movilización popular sin precedentes, cientos de miles e incluso millones de personas han manifesta­do en todo el mundo árabe y musulmán, des­de Marruecos, Egipto, Jordania, Siria, Irak e incluso Arabia Saudita y Kuwait, hasta Irán, Filipinas, Indonesia, y también en Francia y en los propios Estados Unidos.


Esta causa no es sólo la causa de la emancipación nacional de los pueblos árabes y musulmanes oprimidos por los Estados Unidos y el imperialismo europeo con la ayuda de las clases dominantes locales. Es también nuestra causa, la causa de todos los oprimidos y explotados por un sistema social históricamente decadente y bárbaro, el capi­talismo mundial. Es la causa de la clase obrera y de todos los que luchan por la emancipación humana universal. ¡Hoy, to­dos somos palestinos!


 


II – Los guerreristas del régimen sionista, en el Partido Laborista y en el Likud, están cerrando filas, formen o no un “gobier­no de unidad nacional”, para imponer a san­gre fría un plan totalmente descabellado. El ataque contra las áreas residenciales pales­tinas por el ejército israelí y las bandas de colonos-pogromistas de extrema derecha tie­nen más específicamente como objetivo ate­rrorizar y “transferir” (“limpieza étnica”) masivamente a la población con el pretexto de “proteger” los asentamientos judíos de la guerra. Los pocos palestinos que queden, vi­virán en “cantones” controlados por fuerzas militares israelíes fuertemente armadas y administrados por una “Autoridad Palesti­na” brutal y corrupta. Esta es una versión de la llamada “nueva” o “unilateral” o “solución final” de la cuestión palestina, adelantada luego del colapso del “plan de paz” de Clin- ton/Barak de julio de 2000. Inevitablemente, este “plan de paz” fracasará como el ante­rior.


Barak ha invertido el viejo refrán “si quieres la paz, prepara la guerra”; él quiere la guerra y la prepara hablando del “proceso de paz”.


Las “negociaciones” de Camp David en­tre Clinton, Barak y Arafat condujeron a un “plan de paz” equivalente a una provocación abierta. El “plan” redujo al 20% de la Pales­ ina histórica el área bajo el mando de la Au­toridad Palestina reconocida por los “acuer­dos de Oslo” y dejó en manos del Estado sio­nista más del 10% de las más fértiles tierras de la Ribera Occidental y el control sobre el 93% de las fuentes de agua. El 80% de los asentamientos de los judíos israelíes en los Territorios quedó en su lugar y fueron esta­blecidos nuevos asentamientos en Gaza, que ha sido dividida en tres partes, para hacer más fácil su control por el ejército israelí. No se reconoció el derecho al retomo de los refu­giados palestinos. Jerusalén, incluyendo la parte de la ciudad con una mayoría árabe y palestina, permanecía bajo soberanía israe­lí.


El “acuerdo de Oslo”, de 1993, había al­canzado el clímax de su absurdo con el “plan de paz” de Camp David 2000: fue propuesta, con la arrogancia de un conquistador, la creación de artificiales “bantushanes” pales­tinos, completamente controlados por los servicios de seguridad israelíes. Al mismo tiempo, fue establecida la legitimidad del Estado sionista como el gendarme oficial e indisputado del imperialismo en los campos petroleros del Medio Oriente, con la “buena voluntad” de los gobernantes árabes y de Arafat.


El “plan de paz” es el real “casus belli”, la causa de las masacres y del levantamiento popular.


La provocación fracasó. La explosión po­pular después de la masacre de civiles se hi­zo incontrolable. No sólo se rebelaron los pa­lestinos de los territorios bajo la Autoridad Palestina, incluyendo las milicias Tanzim de la Al Fatah de Arafat, sino también aquellos que viven en la propia Israel, incluyendo las grandes ciudades donde judíos y palestinos viven juntos, como Jaffa, Haifa y Acco, e in­cluso los beduinos en Rahat y en toda Gali­lea. La segunda Intifada comenzó en una es­cala incomparablemente superior a la ante­rior.


 


III – El llamado “proceso de paz” iniciado en Oslo en 1993 fue una maniobra imperialista de los Estados Unidos y el sio­nismo para enfrentar la revolucionaria Inti- fada popular de 1987/93, para desviar y “se­cuestrar” al movimiento nacional palestino a través de su dirección histórica.


La maniobra imperialista agravó todas las contradicciones en Israel y entre la po­blación palestina. Polarizó la sociedad israe­lí ya en crisis, profundizando todas las divi­siones entre los diferentes segmentos, entre religiosos “fundamentalistas” y “post-sionis- tas” laicos, entre los guerreristas y el campo pro-Oslo, como dramáticamente lo demostró el asesinato de Rabin. En el otro lado, las es­pantosas condiciones sociales de los palesti­nos en los Territorios se deterioraron aun más, con el establecimiento de un régimen de apartheid que produjo una brecha cre­ciente entre la población frustrada y la co­rrupta Autoridad Palestina, colaboradora de la Shin-Bet (servicios secretos del Ejército sionista) y la CIA.


La conspiración contra la Intifada de 1987/93 fracasó completamente. Ha condu­cido finalmente a la actual y revolucionaria segunda Intifada y al total colapso de la es­trategia imperialista de los Estados Unidos en el Medio Oriente en el período de la pos­guerra fría y posguerra del Golfo.


 


IV – El imperialismo ha reorganizado su estrategia para sacar todas las ven­tajas del colapso del stalinismo, de la implo­sión de la Unión Soviética y del giro abierto de la élite burocrática gobernante hacia la restauración capitalista.


El colapso del llamado “campo socialis­ta” ha cerrado el espacio para las maniobras entre el imperialismo y el Kremlin tradicio­nalmente utilizadas por el nacionalismo burgués y pequeñoburgués en los países árabes y en el “Tercer Mundo”. Esta banca­rrota del nacionalismo radical en favor de un acomodamiento a los intereses imperia­listas se ha convertido en una tendencia mundial, de América Latina a Sudáfrica, de Irlanda a Palestina.


La estrategia norteamericana en Medio Oriente en la última década ha tenido dos grandes objetivos: la destrucción de Irak co­mo centro de resistencia a los planes esta­dounidenses en la región y la sujeción del movimiento nacional palestino por medio del fraudulento “proceso de paz” iniciado en Oslo. El imperialismo ha fracasado total­mente en lograr ambos objetivos.


Cerca de una década después de la Gue­rra del Golfo, a pesar de la incesante guerra de “baja intensidad”, de los ataques aéreos y de los enormes sufrimientos de la población iraquí como consecuencia de las sanciones impuestas por el imperialismo, Irak sigue siendo un factor incontrolable.


Ahora, la segunda Intifada le da un gol­pe mortal a la conspiración del “proceso de paz” de Oslo/Camp David y desestabiliza to­talmente al conjunto del Medio Oriente.


¡Después de una larga pausa, la revolu­ción árabe está en marcha nuevamente!


 


V – La nueva explosión política en esta re­gión estratégicamente crucial, rica en petróleo, intensifica enormemente la crisis mundial del capitalismo.


El precio del petróleo ya se había ido a las nubes en 1999. Hay una analogía entre este fenómeno y la cuadruplicación del pre­cio en 1973. La guerra de Yom Kippur en 1973 dio el ímpetu para una respuesta a las potencias imperialistas de Occidente. Se convirtió en el detonante de una serie de ex­plosiones revolucionarias en Europa (la caí­da de los gobiernos derechistas en Gran Bre­taña y Alemania, de las dictaduras de Gre­cia, España y Portugal, etc.), en África (Etio­pía, Angola, Mozambique, etc.) y en todo el mundo.


La crisis asiática (de 1997/98) marcó un nuevo punto de inflexión.


Esta es la fuerza conductora detrás de la nueva ola internacional de luchas, de Améri­ca Latina a Palestina y de Seattle y Praga a Melboume y Seúl. La clase dominante lo sa­be muy bien.


Ahora, los regímenes reaccionarios ára­bes tienen temor de usar el “arma del petró­leo” contra el imperialismo, a pesar de los llamados de los palestinos.


No se trata sólo de una repetición de la tradicional actitud cobarde que los gober­nantes árabes siempre han demostrado ha­cia la causa de la emancipación nacional de los palestinos y de todos los pueblos árabes. Es un reconocimiento de que la lucha popu­lar por la emancipación nacional de la opre­sión sionista-imperialista está íntimamente conectada a la lucha por la emancipación so­cial de todas las parasitarias élites burgue­sas, las monarquías y los emiratos en el mundo árabe.


VI – La nueva Intifada le da un poderoso golpe a la capitulación de la dirección burguesa y pequeñoburguesa del movimiento de liberación nacional palestino. Es­ta dirección ha perdido el control, al menos por el momento, sobre el nuevo levanta­miento popular, incluyendo las fuerzas “lea­les” de Tanzim-Al Fatali.


Nadie entre los palestinos cree que Arafat puede cambiar su curso político bajo la presión popular. Sus fuerzas de seguridad todavía operan en conjunto con los servicios de seguridad israelíes y la CIA. Hay una profunda crisis y vacío de dirección en el mo­vimiento palestino que el fondamentalismo islámico intenta llenar. Pero el camino hacia una Palestina libre no puede ser el camino del oscurantismo del Afganistán de los talibanes.


El fondamentalismo islámico es una for­ma de nacionalismo, abierto a la manipula­ción imperialista por su propio oscurantismo y odio al socialismo, que divide a las masas oprimidas según líneas religiosas. Esta for­ma atrasada de nacionalismo revive hoy por la crisis del propio nacionalismo, moderado o radical, que es orgánicamente incapaz de resolver el problema nacional en la época del imperialismo.


La actual rebelión palestina es el resulta­do de las heridas y las frustraciones genera­das por Oslo, y Oslo es el resultado de la ban­carrota del nacionalismo. Dentro de Israel, la dirección tradicional de los árabes “israe­líes” también muestra su incapacidad para conquistar la igualdad para los palestinos que en 1948 permanecieron dentro de las fronteras del Estado sionista.


La victoria es una tarea estratégica. Sólo una nueva estrategia revolucionaria, que va­ya más allá de los límites del nacionalismo laico o religioso, puede conducir a las masas oprimidas a la victoria.


Esta estrategia y organización tiene que ser internacional en su naturaleza y hori­zontes, en la medida en que los factores principales y las fuerzas conductoras deter­minan qué la cuestión palestina y la de todo el Medio Oriente son internacionales.


VII – Para una nueva estrategia revolucionaria por la liberación de Pa­lestina es crucial encontrar las vías y los me­dios para la unidad de bases entre el pueblo palestino y los trabajadores, jóvenes e inte­lectuales judíos que se oponen a la barbarie sionista.


Esto parece extremadamente difícil. La mayoría del pueblo judío en Israel y en la Diàspora ven, como en el pasado, el “enemi­go” en el “lado árabe”. La izquierda sionista (Meretz, el movimiento “Paz Ahora”) toma igual distancia entre las víctimas y sus car­niceros, considerando responsables de la masacre tanto al Ejército israelí como a los palestinos. Sólo una valiente minoría de la izquierda en Israel (el “Bloque por la Paz”, “los Hijos del País”, el Partido Comunista, el Comité de Acción por una República Demo­crática y Laica, los Militantes por la IV In­ternacional, etc.) han organizado manifesta­ciones contra la ocupación y la guerra, en so­lidaridad con el pueblo palestino.


Pero, incluso como una minoría, este mo­vimiento hacia una unidad de bases judeo- palestina está vivo, lucha y puede crecer. El brillante ejemplo del soldado israelí Noam Kuzar, que fue llevado a una corte marcial y sentenciado a prisión por negarse a partici­par en la represión de la población palestina en Jericó, lo demuestra. El padre de Noam, orgulloso de su hijo, dijo que “su familia re­cibe muchos mensajes de apoyo y solidaridad, incluyendo el de padres que no quieren que sus hijos arriesguen sus vidas en una misión sin sentido para reprimir la rebelión de un pueblo”.


El Ejército israelí, con toda su capacidad destructiva, puede derrotar a los ejércitos regulares árabes pero nunca podrá derrotar a los “Davids” palestinos armados sólo con piedras. Como demuestran los ejemplos an­teriores de la Intifada de 1987 y el sur del Líbano, el rechazo generado entre la pobla­ción civil judía y entre los soldados por la masacre de civiles y niños es devastador pa­ra los planes del sionismo.


Incluso la inestable mayoría que hoy es hostil a la “amenaza y violencia árabe” está en una impasse: saben que el “proceso de paz” está muerto y al mismo tiempo recono­cen que la solución militar del problema es imposible. Un genocidio, una “Shoah” para los palestinos, no es una opción. Tienen que buscar la vía para crear condiciones de coha­bitación pacífica, cooperación y mutuo res­peto.


Más aún: el sionismo prueba una vez más que es el mejor aliado del antisemitis­mo. La nueva masacre del pueblo palestino llega en un período de crecimiento de la ex­trema derecha y el antisemitismo, en parti­cular en Europa. El antisemitismo siempre crece en los períodos de profunda crisis eco­nómica y social del capitalismo. Los críme­nes del sionismo ayudan a los antisemitas y a los fascistas a diseminar sus inmundicias contra los judíos. Ya hubo ataques antisemi­tas en Francia y Gran Bretaña como conse­cuencia de los recientes acontecimientos en Palestina. El Frente Nacional de Le Pen aprovechó la oportunidad para disfrazarse de “amigo de los palestinos” atacando objeti­vos judíos. La organización fascista rival de Bruno Megret llamó a los judíos de Francia a un frente común “contra la amenaza ára­be”.


Esta división del trabajo entre los racis­tas prueba indirectamente la verdad de este principio básico: No se puede luchar contra el antisemitismo capitulando ante el sionis­mo, ni se puede luchar contra el sionismo sin luchar contra el antisemitismo.


VIII – El marxismo ha insistido siempre en que el sionismo no es la solución a la cuestión judía, al problema de la persecución de los judíos en la sociedad de clases, particularmente en la época de la de­cadencia imperialista. Los grandes revolu­cionarios León Trotsky y Rosa Luxemburgo incluso pronosticaron que llevaría a una trá­gica trampa histórica tanto a los judíos como a los árabes en Palestina. Ahora más que nunca, desde los tiempos de la Gran Depre­sión, la emancipación el pueblo judío de la discriminación y de la persecución, en el mundo capitalista desgarrado por la crisis, depende enteramente de la revolución socia­lista mundial y de la emancipación humana universal. Desde este punto de vista, pode­mos decir sin duda alguna que el judío no puede ser libre en una sociedad donde el pa­lestino es un esclavo, un refugiado en el exte­rior o un “ciudadano” de tercera clase en un Bantushtan “en casa”. La emancipación del pueblo judío depende hoy de la emancipa­ción nacional del propio pueblo palestino. La verdadera solución a la presente im­passe no puede ser la renovación de otra for­ma de las mismas e hipócritas “negociacio­nes de paz” entre el régimen sionista y sus secuaces en la Autoridad Palestina bajo el auspicio del imperialismo norteamericano; la repetición de un juego de guerra llamado “proceso de paz”.


No hay paz bajo el imperialismo: para al­canzar la paz, las masas primero tienen que liberarse ellas mismas de la tiranía imperia­lista. Los trabajadores judíos y palestinos tienen que tomar su destino en sus propias manos. Tienen que unirse y luchar contra las masacres sionistas, la ocupación y la guerra. Tienen que ganar mutua confianza en luchas comunes de solidaridad. Tienen que ganar y compartir su futuro.


No hay futuro en el establecimiento de un régimen de apartheid con Bantushtans ahora llamados “cantones”. No hay futuro incluso con la partición, con una “solución de dos Estados”, como reclaman algunos secto­res de la izquierda israelí, tanto en su forma “burguesa democrática” levantada por el Partido Comunista, como en la versión ‘so­cialista’ de la partición en “una Israel socia­lista junto a una Palestina socialista”, pro­clamada por los partidarios del CWI en el grupo “Maavak Sotzialisti” (Lucha Socialis­ta). La igualdad entre judíos y árabes pales­tinos sólo puede ser establecida en una Repú­blica independiente, democrática, laica y so­cialista en el territorio histórico de Palestina, sin ninguna discriminación étnica o religio­sa para sus habitantes. Este territorio au­ténticamente liberado puede y debe conver­tirse en la piedra angular de la liberación y reorganización de toda la región, de abajo a arriba, en unos Estados Unidos Socialistas del Medio Oriente.


IX – Esta audaz perspectiva histórica tie­ne que ser llevada adelante por la5 vanguardia de la clase obrera en la región e internacionalmente como un vínculo vital entre el movimiento popular antimperialista en el Medio Oriente y la lucha internacio­nal por el socialismo. Pero esto significa, en primer lugar, que esa vanguardia tiene que organizarse en una organización internacio­nal de combate -una Internacional Obrera Revolucionaria.


Para llevar adelante este urgente objeti­vo histórico, fue lanzado hace unos pocos años nuestro movimiento por la refundación de la IV Internacional.


Es muy importante que el Comité de Ac­ción por una República Laica y Democrática luche hoy a la vanguardia del combate por la solidaridad con el levantamiento palestino. De sus filas surgió el grupo de Militantes por la IV Internacional, que apoya la inmediata refundación de la IV Internacional y tomó parte en la movilización contra el FMI y el Banco Mundial en Tel Aviv en apoyo a la mo­vilización de Praga.


Llamamos a los luchadores de vanguar­dia de la clase obrera judía y palestina, de la juventud militante y de la intelectualidad a formar parte del nuevo movimiento por una República laica y democrática y contra el – apartheid, que pusieron en pie el Movimien­to “Hijos del País”, el Movimiento Anti- apartheid, el Comité de Acción por una Re­pública Laica y Democrática y el grupo de Militantes por la IV Internacional, y a unir­se a la lucha por la solidaridad contra las masacres sionistas y en defensa del levanta­miento popular de los palestinos oprimidos, como primer paso hacia la construcción de una organización obrera y socialista de ára­bes y judíos en Palestina.


Basta de masacres sionistas contra el pue­blo palestino. Fuera la ocupación y la guerra de agresión.


Abajo el sionismo y el imperialismo.


Fuera las tropas y bases militares nortea­mericanas del Medio Oriente y del Medite­rráneo Oriental.


Por una República Palestina libre, inde­pendiente, democrática, laica y socialista.


Por los Estados Unidos Socialistas del Me­dio Oriente.


Adelante por la Internacional Obrera Revolucionaria, la IV Internacional refundada.


Octubre de 2000

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