23/04/1998 | 582

«El acuerdo moderniza la partición de Irlanda»

Se acaba de firmar un llamado ‘acuerdo histórico’ para la ‘pacificación’ de Irlanda del Norte, ocupada por Gran Bretaña. El Sinn Fein —brazo político del Ejército Republicano Irlandés (IRA)— participó de las negociaciones y su principal dirigente, Gerry Adams, anunció que buscará el respaldo de su Conferencia anual.


El acuerdo establece la formación de un gobierno autónomo en Irlanda del Norte, que seguirá perteneciendo a Gran Bretaña. Asimismo, establece la formación de un «Consejo de Irlanda» entre los gobiernos del norte y del sur, que tendrá poderes ejecutivos en temas como la pesca, el turismo y la protección de los animales. Los nacionalistas se comprometen al ‘principio de consentimiento’ para una eventual unificación de Irlanda, expresado en un referéndum. En la actualidad, los pro-británicos superan a los nacionalistas en una proporción de 3 a 2. Los primeros, por su parte, se comprometen a respetar el derecho de los nacionalistas a propagandizar la unidad. La República de Irlanda (el Sur) deberá reformar su constitución para derogar las cláusulas que reivindican su soberanía sobre la zona ocupada por Gran Bretaña.


El ‘acuerdo histórico’, en consecuencia, legitima como nunca antes la dominación británica sobre el Norte de Irlanda. El dirigente ‘unionista’ (por la unión con Gran Bretaña) David Trimble, lo confirma al señalar que «el acuerdo refuerza la unión entre Irlanda del Norte y Gran Bretaña» (Página 12, 11/4). El‘gobierno compartido’ y el ‘consejo inter-irlandés’ son el ropaje de gala que viste la entrega constitucional de la causa nacional irlandesa. El Financial Times (16/4), dice que «el acuerdo moderniza la partición».


¿‘Dejá vu’?


En 1973, los mismos participantes firmaron un acuerdo exactamente igual. ¿Por qué se espera que el actual tenga éxito?


Una de las razones es que, según sostiene el director del diario irlandés Irish News, «ha habido un gran cambio en el pensamiento nacionalista»(Financial Times, 9/4); «la idea romántica de que Gran Bretaña debe ser obligada a irse de Irlanda del Norte ha sido largamente superada» (The Economist, 21/3). Esto vale tanto para el nacionalista ‘moderado’ SDLP, como para el ‘establishment’ de la República Irlandesa que, como se hacía notar hace ya dos años, «superó el trauma de la partición y salió del ghetto de la anglofobia» (Financial Times, 26/6/96). Según los propios británicos, con su inclusión en la Unión Europea, la burguesía irlandesa «ganó autoconfianza» y pasó a considerarse como la clase dirigente de «un país europeo más, en pie de igualdad con el resto». En otras palabras, para la burguesía irlandesa —y para su representante político en el norte, el SDLP— la unidad de Irlanda es una ‘idea pasada de moda’.


Otra de las razones es la creciente inversión norteamericana. «Hoy existe una evidente red de lobbistas norteamericano-irlandeses que intentan apoyar un desenvolvimiento pacífico en Irlanda del Norte y las relaciones entre las dos regiones. Mucho de este realismo deriva de años de esfuerzo para atraer la inversión industrial norteamericana por parte de John Hume, el líder del SDLP» (The Economist, 21/3). También el IRA-Sinn Fein se ha sumado a este ‘esfuerzo’: la planta de la norteamericana Emerson Electric en el Ulster «es la primera inversión por la cual el Sinn Fein(…) hizo un lobby muy activo, como parte de su campaña para atraer inversiones externas a la provincia» (International Herald Tribune, 15/6/96).


El acuerdo satisface los intereses de los ‘negocios’ de la burguesía irlandesa y del imperialismo norteamericano; de los ingleses, porque refuerza y legitima la partición; y de los políticos del SDLP y del UUP de Irlanda del Norte «que podrán gobernar en lugar de los funcionarios designados por Gran Bretaña» (Financial Times, 9/4). Precisamente, porque satisface esos intereses, el acuerdo deja en pie la cuestión nacional irlandesa.


Adónde va el IRA


El IRA-Sinn Fein no renuncia a la causa de la independencia y de la unidad nacional de Irlanda pero, como los anteriores, apoya el acuerdo que legitima la partición.


El Sinn Fein espera que el capital norteamericano desplace al británico y que, por sus ‘intereses’ en ambos lados de Irlanda, promueva la unidad. Esto permite anticipar que el Sinn Fein actuará como ‘bombero’ de los reclamos sociales de los obreros irlandeses contra los capitalistas norteamericanos.


El imperialismo norteamericano, claro, promoverá la unidad de Irlanda (o dejará de hacerlo) de acuerdo a sus propios ‘intereses europeos’, es decir, de acuerdo a la forma que adopte el proceso de la ‘unidad europea’. Pero en este caso, Irlanda sólo habría cambiado la subordinación colonial a Gran Bretaña por una subordinación semicolonial a los Estados Unidos.


La cuestión nacional irlandesa


En 1921, Irlanda fue dividida. La existencia de un Estado capitalista en el sur, dominado por una burguesía reaccionaria, «mucho más cercana a Gran Bretaña que a los extremistas (del IRA)» (The Economist, 21/3), otorga a la cuestión nacional irlandesa una característica singular.


La burguesía irlandesa ha resuelto su propia ‘cuestión social’ —la apropiación de la plusvalía de los obreros irlandeses, el dominio sobre su propio Estado— en el cuadro de la partición, es decir, de espaldas a las aspiraciones irlandesas a la unidad nacional.


En la misma medida en que la burguesía irlandesa ha renunciado a la unidad nacional (antes en la práctica; ahora constitucionalmente), la unión efectiva del norte y el sur –es decir, la unificación revolucionaria de los pueblos del norte y del sur mediante una Asamblea Constituyente conjunta– exige la oposición frontal al ocupante inglés pero también a la propia burguesía irlandesa.


La lucha nacional entronca así con la lucha social; la clase social llamada a llevar esta lucha a la victoria no es la burguesía o la pequeña burguesía nacionalista sino el proletariado revolucionario.

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