20/02/1997 | 528

El caldero belga

En la ardiente caldera belga se ha agregado un nuevo ingrediente. Después de la imponente ‘marcha blanca’ de octubre pasado, cuando 300.000 manifestantes repudiaron el encubrimiento policial, gubernamental y judicial a la red de pedófilos que secuestró y asesinó a dos niñas, en medio de una montaña de escándalos de corrupción que implican a las más destacadas figuras del gobierno de los últimos diez años, tuvo lugar, a principios de febrero, una masiva ‘marcha por el empleo’. Más de 60.000 manifestantes marcharon hacia Clabecq, un pueblo cercano a Bruselas, enclavado en la región valona (de habla francesa), arrasado por la desocupación. Pocas horas antes, había tenido lugar otra gran manifestación obrera: la de los empleados públicos, que desfilaron por Bruselas contra las restricciones gubernamentales al aumento de salarios.


La ‘marcha por el empleo’ para protestar contra el cierre de la planta siderúrgica Forges de Clabecq, que dejaría a 1.800 trabajadores en la calle, fue convocada por las secciones sindicales de la planta, ocupada desde principios de año, frente a la parálisis de las grandes centrales sindicales (la FGTB socialista y la CSC social-cristiana).


Originalmente concebida como una marcha metalúrgica, el llamado a manifestar contra el gobierno superó las barreras de oficio y hasta las barreras de clase, congregando a obreros de toda Valonia y hasta de Flandes (la región belga de habla alemana), a miles de estudiantes secundarios y universitarios, y a docentes y hasta «personalidades del arte, la cultura y la ciencia» (Le Monde, 4/2). La marcha estuvo encabezada por los padres de las dos niñas secuestradas y asesinadas por la red de pedófilos protegidos por el gobierno y la justicia.


La marcha se convirtió, así, en una manifestación política de masas encabezada por la clase obrera.


En ocasión de la ‘marcha blanca’, se largó la especie de que la ‘movilización democrática’ había superado a la ‘movilización social’ … como si la organización de una red dedicada a la pedofilia de la manera y en la forma de un gran negocio capitalista no fuera una cuestión social. Ahora resulta que la ‘marcha por el empleo’ «se sitúa en el espíritu y la continuidad de la ‘marcha blanca’…» (Le Monde, 4/2). Tanto una como otra, «fueron organizadas por iniciativa de la ‘base’, fuera de los aparatos políticos y sindicales». (ídem).


En la misma semana de la marcha ‘social’, tres noticias revelaron la completa podredumbre del régimen político: el anuncio de la pronta liberación de Michel Nihoul, ‘cerebro’ de la banda de pedófilos y ‘hombre de confianza’ del partido socialista; el enjuiciamiento de dos ex ministros socialistas, acusados de recibir coimas para favorecer a la francesa Dassault en un contrato de la aviación militar belga, y la investigación de dos ministros social-cristianos, bajo la acusación de permitir la evasión fraudulenta de impuestos por parte de los grandes bancos belgas.


En oportunidad de la ‘marcha blanca’, Prensa Obrera (n° 517, 31/10) señaló que «la degeneración moral y política de la burguesía provoca una situación revolucionaria». Tres meses después, la caracterización aparece en todo su acierto.

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