06/09/2001 | 720

El capitalismo «global» supura racismo por todos sus poros

La decisión de la ONU de realizar la «Conferencia Mundial contra el Racismo y la Discriminación» en Sudáfrica tiene un objetivo concreto: mostrar que después del fin del apartheid, la discriminación racial en el capitalismo ‘globalizado’ está en retroceso.


La realidad es bien distinta. El capitalismo en descomposición exhala la porquería racista por todos sus poros: ‘limpieza étnica’ en los Balcanes bajo la tutela de la Otan, guerra de exterminio contra el pueblo palestino y las minorías kurdas de Turquía, Irak e Irán. Europa persigue con saña a los inmigrantes. Estados Unidos le ha sumado a la opresión de los negros norteamericanos, la de los latinos y otras minorías. En América Latina, los pueblos indígenas y los negros siguen viviendo sumergidos y reprimidos. Millones de asiáticos viven bajo el sistema de castas. En Africa, la situación social de las mayorías negras ha empeorado brutalmente en las últimas décadas, mientras los blancos mantienen el dominio de las fábricas, las minas y los campos. En la propia Sudáfrica, sede de la Conferencia, «siguen en pie la segregación, el racismo y la xenofobia», e incluso la discriminación de los negros sudafricanos contra los negros de los países vecinos (El País, 1/9).


Crisis política (I): el sionismo


La represión sionista contra los palestinos se ha convertido en uno de los grandes ejes de la Conferencia. Bush decidió enviar a Sudáfrica una «delegación de bajo nivel» en protesta por la equiparación entre el sionismo y el racismo que plantean los palestinos y algunos países árabes. Incluso los opositores judíos a Sharon niegan el carácter racista del sionismo. «Si el sionismo es racismo –argumentó Amos Luzzatto, presidente de la Unión Judía de Italia–, también lo son todos los otros movimientos nacionales del mundo» (Corriere della Sera, 1/9). En lo que no le falta del todo razón.


El sionismo oprime a los palestinos, ha expropiado sus tierras, los ha expulsado del territorio, los reprime brutalmente y su propia existencia significa la negación de los derechos nacionales palestinos. Lo mismo que los ingleses de Cromwell en Irlanda hace cuatro siglos. Pero la revolución inglesa abrió, al menos, una era de progreso histórico mundial, mientras que el sionismo es parte de una amenaza de barbarie por parte del imperialismo. El sionismo es una ciudadela armada del imperialismo mundial, particularmente norteamericano, contra los pueblos árabes.


«Cortina de humo»


Los dirigentes de la minoría negra norteamericana criticaron frontalmente la decisión de Bush de enviar una «delegación de bajo nivel»: lo acusan de montar una «cortina de humo» con la excusa del sionismo para evitar que Estados Unidos sea puesto en el banquillo de los acusados.


Las organizaciones negras denuncian que los negros norteamericanos cobran salarios inferiores y son los primeros en ser despedidos cuando llega una recesión. En 1998, una familia negra promedio tenía un ingreso 5 veces inferior al de una familia blanca promedio. Los negros tienen una esperanza de vida significativamente inferior, debido al racismo del sistema de salud. Es estadísticamente menos probable que un negro reciba un transplante o se le practique una intervención quirúrgica. Una investigación reciente ha demostrado que las minorías norteamericanas sufren en una mayor proporción de enfermedades mentales «como consecuencia de la falta de seguridad social (el 37% de los hispanos y el 25% de los negros carecen de seguro social), obstáculos de lenguaje o desconfianza del sistema» (International Herald Tribune, 27/8). El racismo del sistema judicial-policial norteamericano es rampante: «Los afro-americanos son apenas el 14% de los consumidores de drogas pero sufren el 35% de los arrestos, el 55% de las condenas y el 75% de los encarcelamientos ligados al uso de drogas» (Newsweek, 27/8).


El contenido social del racismo norteamericano es meridianamente claro: recreando sistemáticamente un abismo racial, la burguesía norteamericana pretende dividir a la poderosa clase obrera norteamericana para mejor sojuzgarla.


Esclavismo


Otro de los temas álgidos en el debate de la Conferencia es el reclamo de los países africanos de que las potencias coloniales europeas «pidan perdón» por el tráfico de esclavos y por su pasado colonial. La Unión Europea y los Estados Unidos están de acuerdo en calificar el tráfico de esclavos como «un crimen contra la humanidad»… en el presente pero no en el pasado. En el pasado, sostienen hoy los británicos, el tráfico de esclavos no podía ser un crimen porque «era legal» (Financial Times, 31/8). Respecto de la opresión colonial, los europeos y norteamericanos no están dispuestos a decir una palabra.


La hipocresía de las ‘democracias occidentales’ no podía ser mayor, ya que la esclavitud y el saqueo colonial no sólo han sido la base de grandes monopolios que todavía existen sino que además, fueron la base de esos mismos Estados. ¿Cómo financió Gran Bretaña su flota sino con el saqueo de la India y de media Africa?


Europa y Estados Unidos no pueden repudiar su pasado colonial porque eso sería, lisa y llanamente, bombardear la legitimidad histórica, política, social y moral del capitalismo y de sus ‘democracias’, lo que equivaldría a dar una justificación histórica a la «expropiación de los expropiadores», es decir, a la revolución socialista. Es una cuestión de principios para el gran capital.


Las «reparaciones» que reclaman los países africanos consisten, como han explicado los responsables sudafricanos, en que las potencias coloniales financien, a tasas subsidiadas, los «planes de desarrollo» de estos países. Pero estos «planes de desarrollo» no superan el pasado colonial sino que, hasta un cierto punto, lo refuerzan, como lo muestra el propio caso de Sudáfrica: el eje de su «desarrollo» desde que cayó el apartheid ha sido el ingreso de capitales externos y la privatización de ramas fundamentales de la economía. Precisamente, horas antes de que comenzara la Conferencia tuvo lugar una enorme huelga general en ese país contra los planes oficiales de privatizar las telecomunicaciones y la energía eléctrica.


Un fracaso anunciado


La Conferencia de la ONU sobre el racismo está condenada al fracaso porque se basa en una ficción: la posibilidad de llegar acuerdos ‘amigables’ y ‘consensuados’ entre opresores y oprimidos; entre esclavistas y esclavos. En el mejor de los casos, servirá como taparrabos de la continuidad de la opresión nacional y colonial de la inmensa mayoría del mundo por un puñado de potencias.


En su expresión moderna, el racismo es un producto del capitalismo. No fue el «odio racial» sino la imperiosa necesidad de conquistar mercados y de acumular capitales lo que llevó a las potencias europeas a traficar esclavos y montar vastos imperios coloniales. El contenido social de la opresión racial es enteramente capitalista.


El capital y el beneficio siguen dictando el modo de funcionamiento de la sociedad actual. Por eso la «independencia» y el fin legal de la esclavitud no han resuelto la situación de los pueblos oprimidos. La‘descolonización’ africana ha fracasado: los niveles de vida de las masas son hoy inferiores a los existentes en la época colonial; las minorías blancas siguen dominando las tierras y las minas; las débiles estructuras de los Estados post-coloniales se han derrumbado frente a la presión del imperialismo por arrancar hasta la última gota de savia vital de las colonias.


Un dirigente del Congreso Panafricano explica el significado del saludado «fin del apartheid»: «El racismo ya no es una cuestión de color de piel. Aquí, si eres negro pero manejas un auto caro, eres respetado. El verdadero problema es el control de los medios de producción. En el fondo, casi nada ha cambiado con el fin del apartheid porque la minoría blanca continúa en posesión de las riquezas y la mayoría negra sigue siendo pobre» (Le Monde, 4/8). La superación del racismo sólo será posible con la liquidación de la base material que lo crea y se beneficia de él: el régimen social capitalista.

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