30/05/2003 | 756

El FA-EP contra los caceroleros, con los bancos y el FMI

La movilización cacerolera en Uruguay crece sin descanso. Por segunda vez en una semana, el viernes 24, decenas de miles en todo el país salieron a la calle a repudiar al gobierno, y, esta vez, también a la «misión del FMI» de visita en Montevideo. Este nuevo cacerolazo fue todavía superior al del domingo pasado.


El diario La República (25/5) informa que en muchas de las concentraciones, junto con carteles que reclamaban «no pagar la deuda externa», se escucharon cánticos de que «que se vayan los miembros del gobierno».


El PIT-CNT convocó a un nuevo cacerolazo para el martes 28 y a una huelga general para el 12 de junio.


Mientras la movilización popular, se desenvuelve, la crisis bancaria se agudiza. La afirmación del propio Batlle de que «en Uruguay no habrá corralito» tiene el mismo valor que su afirmación, hace menos de tres meses, de que «en Uruguay no va a pasar lo de Argentina»: hoy hay una feroz corrida bancaria, las reservas del Banco Central se evaporan, la fuga de divisas crece, el mercado internacional de crédito se cierra para Uruguay, planea el fantasma de la cesación de pagos, las cacerolas salen a la calle y hasta se comienza a hablar de elecciones anticipadas, es decir, un escenario perfectamente «argentino».


El FA-EP, contra los caceroleros


El gobierno, lógicamente, salió a atacar a los caceroleros. Pero lo que pocos esperaban era que también los atacara Tabaré Vázquez, presidente del Frente Amplio-Encuentro Popular. Sin que nadie lo obligara, el hombre enfatizó que «el FA-EP no convocó ni apoyó los cacerolazos» (La República, 24/5).


Varias razones llevan a Tabaré Vázquez y al FA-EP a oponerse a los cacerolazos. La primera es que la Izquierda Unida uruguaya es profundamente hostil a toda manifestación obrera y popular independiente o que plantee una perspectiva de independencia política. La dirección del FA-EP lucha a brazo partido contra las tendencias clasistas en el movimiento sindical y para impedir la extensión y el fortalecimiento de la UTD, la Unión de Trabajadores Desocupados, el movimiento de los desocupados del Uruguay que reivindica la experiencia piquetera de Argentina.


Ni piqueteros, ni clasistas, ni caceroleros: para el FA-EP, el pueblo no debe defender sus derechos en la calle y organizarse para defenderlos como mejor le parezca; el único papel que le reserva es llevar a los burócratas «progresistas» a las intendencias, las bancas de diputados y, eventualmente, a la presidencia.


El FA-EP, con los bancos


Hay una segunda razón por la cual el FA-EP no apoya los cacerolazos: es que, contra el reclamo de los caceroleros, la Izquierda Unida uruguaya está de acuerdo con el gobierno en salvar a la banca en quiebra y pagar puntualmente la deuda externa metiéndole la mano en el bolsillo a los trabajadores.


En el mismo reportaje en que repudió a los caceroleros, el presidente del FA-EP señaló que «Nuestra fuerza política está dispuesta a apoyar al sistema financiero (…) tenemos que salvar al sistema financiero (que) es una de las víctimas del modelo aplicado». Esta «víctima», como la llama Vázquez, fugó al exterior la mitad de las reservas uruguayas (1.500 millones de dólares) en los últimos seis meses.


Vázquez afirmó que «a diferencia del pasado, está dispuesto a compartir que el Estado asista a la banca privada, capitalizándola»… es decir, está dispuesto a utilizar los recursos públicos para financiar la fuga de divisas de la banca. Para ello, incluso, está dispuesto a aumentar la deuda externa: plantea «la implementación de un ‘blindaje’ para el sistema financiero en base a créditos internacionales»… que después deberán pagar puntualmente los trabajadores y los contribuyentes uruguayos.


¡Pero precisamente esto es lo que está haciendo Batlle, que bancó con 160 millones de fondos públicos al quebrado Banco Comercial de los hermanitos Rohm (La República, 24/5)! Pero como la crisis bancaria sigue agravándose a pesar de que el Estado uruguayo «quemó» una parte sustancial de sus reservas y de sus recursos para sostener a los bancos, Battle larga un «ajustazo» para obtener nuevos recursos y nuevos créditos para continuar el salvataje. Vázquez repudia a los caceroleros porque comparte con Batlle el objetivo estratégico de «salvar al sistema financiero».


El FA-EP, con el FMI


Los caceroleros salieron a la calle el viernes 24 a repudiar la presencia de una «misión del FMI» en Montevideo. Pocas horas después de que las cacerolas dejaran de sonar, Tabaré Vázquez recibió en la la sede central del FA-EP a la «misión del FMI».


En una reunión «franca y cordial», la dirección de la IU uruguaya reiteró ante el representante del Fondo «la ‘responsabilidad de gobierno’ de su fuerza política frente a la situación que se está viviendo (…) Fundamentalmente, el Encuentro Progresista señaló que va a apoyar en todo lo que pueda al sistema político uruguayo para evitar cualquier dificultad mayor del sistema financiero» (La República, 26/5). En pocas palabras, que su oposición al «ajustazo» para salvar a los bancos no va a pasar de un saludo a la bandera.


Contra los caceroleros, con los bancos y con el FMI: el agravamiento de la crisis obliga al FA-EP a sacarse la careta de «progresista» mucho antes de haber llegado al gobierno.

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