24/01/2020

El nuevo curso de la lucha en Francia

Este viernes 24 está llamada una nueva movilización nacional, con manifestaciones y huelgas, contra el proyecto de liquidación de las jubilaciones por repartición del gobierno de Macron. La masividad, la composición y el desarrollo de esta jornada, serán muy importantes, sino decisivas, para la continuidad inmediata del movimiento.


El fin de semana pasado se abrió una nueva etapa en la huelga política de masas contra Macron y su proyecto. Las asambleas generales de los obreros del subte de París del viernes 17 votaron mayoritariamente la «suspensión de la huelga» y la adopción de « nuevos métodos » para asegurar la continuidad de la lucha. El porcentaje de huelguistas ferroviarios disminuyó particularmente y el servicio de trenes mejoró. El gobierno y sus alcahuetes -en particular la televisión y las radios privadas- anunciaron triunfalmente «que la huelga se terminó» y que entrábamos en la «normalidad».


Grave error. La huelga está lejos de haber terminado. Está tomando nuevas formas y podrá continuar. La experiencia del movimiento obrero en la lucha de clases nos ha enseñado que la huelga politica de masas se desenvuelve en todo un período, de meses, con alzas y bajas, para terminar con un triunfo o con una derrota. Así fue en las grandes experiencias de Rusia y Alemania, con triunfos y derrotas históricas. Así fue con el Cordobazo en nuestro país, que abrió una larga etapa de ascenso revolucionario. De una forma u otra, lo que caracteriza a la huelga politica es la incorporación de las masas obreras y populares al enfrentamiento con el régimen político de la burguesía.


Puede decirse que en Francia, esta confrontación cristalizó con los chalecos amarillos y sus manifestaciones semanales sabatinas, desde noviembre del 2018. Sus características y métodos fueron novedosos. La represión fue terrible. Surgieron problemas, interrogantes, posibilidades y dificultades. El punto central es que Francia entró en una etapa de movilización de la población contra la política del gobierno capitalista, de hacerle pagar la crisis a los trabajadores, la juventud, la mujer.


El período de la huelga


El movimiento de los chalecos amarillos retrocedió por efectos de la represión y de sus dificultades de estructuración. Decenas y centenares de miles de manifestantes no pueden estar presentes todos los sábados del año. Además, el gobierno retiró hasta mejor oportunidad el aumento del impuesto a la nafta, que había lanzado la población a la calle, e hizo algunas concesiones secundarias.


El verano del 2019 -julio y agosto- fue relativamente tranquilo. Macron y su primer ministro decidieron acelerar el proyecto de liquidación de las jubilaciones, contando con ese retroceso. Se equivocaron en toda la línea, con la soberbia típica de un gobierno bonapartista. El 13 de septiembre se desencadenó una huelga masiva en el metro parisino, inédita por su amplitud. Los sindicatos ferroviarios y del metro anunciaron una huelga reconductible indefinida a partir del 5 de diciembre. Así se abrió la etapa en la que nos encontramos, ahora con una intervención del movimiento obrero, sus organizaciones y sus militantes.



La huelga del transporte que comenzó en diciembre duró casi 50 días (la huelga más larga de la historia sindical) pero no se desenvolvió en huelga general, a pesar de la fuerza de la huelga y de la energía de los activistas y militantes. No es nada fácil en un país como Francia culminar en una huelga general. En la historia tenemos la gran huelga de 1936 y el mayo del 68, con la huelga de 9 millones de trabajadores que de hecho terminó con De Gaulle. Cabe señalar que en ambos casos la huelga no fue el resultado de una directiva de la CGT -y las otras confederaciones- sino de un ascenso impresionante de las luchas inmediatas. La CGT terminó de «llamar» a la huelga cuando ya era un hecho y el llamado era la única forma de controlar el movimiento.


En diciembre y enero hubo un esfuerzo efectivo de los militantes y los agrupamientos clasistas para que la huelga de los transportes se convierta en huelga general y acabe con el proyecto y también con el gobierno. Se obtuvieron resultados significativos, en la educación, en los portuarios, entre los trabajadores de la cultura y otros. Las fábricas y talleres, lo que se llama el «sector privado», se incorporó muy minoritariamente a la huelga. Las vacaciones de fin de año apartaron a los maestros y profesores y a la juventud estudiantil. Pero el gran obstáculo fue la burocracia sindical. En ningún momento asumió las tareas que implicaba un llamado a la huelga general. Se limitó a convocar regularmente manifestaciones callejeras y siguió concurriendo a las reuniones con el primer ministro. Aceptó de hecho la tregua de fin de año que reclamaba la burguesía para quebrar el ascenso de la lucha.


En estas semanas los activistas desplegaron una energía enorme. Entre los huelguistas se generalizaron las asambleas generales y los comités de huelga. Se formaron coordinadoras interprofesionales y territoriales. Surgieron y resurgieron miles de militantes activos. Ciertos chalecos amarillos se incorporaron al movimiento. Se produjeron debates intensos sobre la huelga, las formas de organización, las direcciones. En un par de meses de combate por la huelga general se avanzó más que en decenas de años. Este salto, sin embargo fue insuficiente para generalizar la huelga a partir de los ferroviarios y el subte. Es un retroceso, cuyo significación aparecerá luego, en el desarrollo de la lucha y de la crisis política. Es un retroceso y no una derrota.


Las nuevas condiciones del combate político


La movilización de los activistas no logró elevarse a un nivel nacional, que apareciera como una dirección alternativa a la burocracia y que tuviera la capacidad de unificar a las estructuras sindicales de base, de dirigirse al conjunto del movimiento obrero y que convocara a la juventud, la mujer, los chalecos amarillos, la población oprimida.


Se impusieron momentáneamente las hipotecas del pasado, las políticas traidoras y oportunistas de los partidos de izquierda y el peso del retroceso y la dispersión política de los militantes. La lucha de clases en Francia muestra ahora los significados precisos de la crisis de dirección, de la capacidad de lucha del proletariado, la juventud y los oprimidos y la naturaleza de la crisis capitalista, con enfrentamientos entre las masas y el régimen político y social.



La prueba de que estamos ante un retroceso y no ante una derrota es que el gobierno acentuó su deterioro y se ingresó en una etapa de crisis política. Notablemente, a pesar de la propaganda estridente, una mayoría de la población sigue apoyando la huelga y se pronuncia contra el proyecto del gobierno. La previsión es que el macronismo va a sufrir una derrota electoral grave en las elecciones municipales de marzo. Ha perdido el ascendiente político que podría haber tenido después de la disgregación del PS y de la oposición burguesa en el 2017.


Es signficativo que se estén produciendo movilizaciones inéditas y de un enorme impacto político en los hospitales, los colegios y los tribunales, contra el proyecto de jubilaciones y contra el desmantelamiento del hospital público y la destrucción de la educación pública. Los abogados echaron sus togas delante de la ministra de la Justicia porque el gobierno quiere expoliar su caja de jubilaciones y aumentar brutalmente las cotizaciones; los servicios de urgencia están en huelga desde hace un año y 1.200 médicos directores de servicios -la crema del hospital francés- acaban de anunciar su renuncia a toda función administrativa.


En la educación, se está produciendo una generalización de la resistencia de alumnos y profesores a la reforma del bachillerato, con sus consecuencias para centenares y miles de estudiantes, de exclusión social, restricción y hasta imposibilidad de ingreso a la universidad, degradación. En esta semana tenían que comenzar los primeros exámenes del nuevo sistema. Los profesores lanzaron un movimiento de boicot y los estudiantes bloquearon la entrada a centenares de liceos. La movilización de los profesores contra el nuevo sistema de jubilaciones se conjuga con la resistencia activa de los estudiantes a la reforma educativa.


No es casual que en diciembre y enero se haya producido una adhesión a la huelga en el sector de la cultura, en la Biblioteca Nacional, en el Louvre, en la Ópera, con sus conciertos y ballets en la calle, la huelga en las emisoras de Radio Francia que dura más de 10 semanas. Es toda una fracción de la población, que hace vivir el arte y la cultura y su llegada a un público masivo, que se rebela contra las consecuencias de la crisis capitalista y se levanta contra el gobierno. Los investigadores han lanzado también una acción contra la política de miseria de la investigación pública y el subsidio a los proyectos privados. El ministro de la Cultura tuvo que renunciar a la ceremonia tradicional del brindis del nuevo año con el personal. Macron fue chiflado cuando asistía a una representación teatral. Muchos ministros no pueden salir a la calle y han renunciado a presentarse a las elecciones municipales para no sufrir una derrota vergonzosa. Las instituciones de la burguesía están protegidas por la naturaleza bonapartista de la constitución de la V República; no obstante, la crisis está avanzando, las fisuras aparecen y reaparecen, la población expresa su rechazo.



El personal de los hospitales, los médicos, los abogados, los profesores y el movimiento estudiantil deberían darle un carácter particularmente masivo a la manifestación de hoy, viernes 24. Se espera una verdadera multitud y que esta movilización callejera en París y en las ciudades de provincia y una huelga masiva entre los profesores, el transporte y diversos sectores, como los puertos e incluso fábricas del sector privado. Se logrará así un nuevo impulso al movimiento de huelga, con las características que resultarán de la intervención de los activistas y sus agrupamientos, junto a la participación de sindicatos combativos locales y de base, en sus reuniones del fin de semana y del lunes. El sábado se movilizan nuevamente los chalecos amarillos. Estarán dadas las condiciones para una nueva etapa de la huelga.


El gobierno presenta su proyecto en Consejo de Ministros este viernes 24 y en el Congreso a comienzos de febrero. Ha impuesto un trámite legislativo todavía más expeditivo que el habitual en la V República para evitar los incidentes legislativos y políticos. Una parte vertebral del proyecto se decidirá por decreto. A pedido de la CFDT, la confederación abiertamente favorable al gobierno y al proyecto, se convoca una conferencia que propondrá el financiamiento del sistema y las edades de jubilación, con la exclusión de un aumento de las cotizaciones. La conferencia entre la patronal y los sindicatos durará dos meses y si no llega a un acuerdo, el gobierno impondrá sus condiciones leoninas por decreto. Tenemos entonces varios meses en los cuales el curso del debate sobre el proyecto va a alimentar la cólera de la población y la continuidad de la huelga política.


Los núcleos de activistas y los sindicatos combativos se orientan a acciones inmediatas, como los bloqueos, los piquetes de huelga, las manifestaciones callejeras.


Hay que lograr que estas acciones impulsen los movimientos de huelga y que se logre una continuidad entre las huelgas, la agitación callejera, los bloqueos, los estudiantes en la calle, los hospitales… El avance en un cuadro nacional, en coordinadoras de todo el país, será decisivo.


La burocracia no hará nada en este sentido. El llamado de las confederaciones obreras y los sindicatos estudiantiles a la jornada de hoy no anuncian siquiera un nuevo llamado a la huelga general y no se retiran de las negociaciones con el gobierno y reclaman «verdaderas negociaciones sobre la base de las reivindicaciones planteadas por la intersindical mayoritaria». Tienen que evitar de todas maneras la consigna de «Fuera Macron y su gobierno», agitada en las calles desde hace más de un año.


La huelga política de masas culmina necesariamente con esta consigna, que ya está a la orden del día.

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