31/05/2001 | 708

El último ni siquiera podrá apagar la luz

Un mes y medio atrás, en plena hecatombe argentina y mientras los «analistas de mercado» brasileños justificaban sus problemas como un corto episodio provocado por las desgracias rioplatenses, Prensa Obrera fue al grano: están escupiendo para arriba, «Brasil marcha derechito a una enorme crisis económica y política» (PO 702, 11/4). Es precisamente lo que está sucediendo ahora; ha comenzado una violenta fuga de capitales, hay un principio de derrumbe industrial y se plantea un final de desastre para el gobierno de Cardoso.


En la oscuridad


Según la versión oficial, la catástrofe presente fue detonada por la falta de… lluvias. La sequía sería la responsable de la más grave crisis energética de la historia brasileña: sin agua para alimentar las represas el sistema nacional de suministro eléctrico debe reducir drásticamente la producción para evitar un colapso total. El gobierno vacila entre imponer por decreto una semana de 4 días hábiles o forzar con apagones compulsivos y multas draconianas la necesidad de bajar el consumo ya en un 25%. El país se encuentra convulsionado entre la evidencia de un quiebre en la producción por el corte del insumo básico de energía y el humor popular insurgente contra las medidas del gobierno: la corresponsal de Clarín, el sábado 26, informa que se podría, inclusive, declarar el estado de sitio.


Naturalmente, San Pedro es ajeno a todo esto: la producción de electricidad está en ruinas debido a la política de privatizaciones del gobierno. El Estado abandonó el mantenimiento de las usinas a principios de la década pasada y los nuevos dueños no pusieron un mango tampoco: desde 1991 no hay inversiones en el sector. En lugar de vaciar una aerolínea de bandera, el capital financiero vació la fuente de provisión de luz. Nada nuevo bajo el sol, al igual que la bancarrota de Aerolíneas Argentinas.


La economía brasileña como un todo está, entonces, en la picota. La cuestión energética es sólo la punta del témpano. De conjunto, terminada la liquidación de las «joyas de la abuela», comenzó la fuga de capital: ya en abril se registraba una caída de reservas del orden de los 12 mil millones de dólares anuales (Gazeta Mercantil, 24/4). Con o sin lluvias: es el resultado de la salida de divisas por el pago de intereses y repatriación de beneficios. Hasta el momento Brasil se financiaba con inversiones para nuevas «privatizaciones». Pero el negocio se terminó y las condiciones de la economía internacional se modificaron. El colapso era mucho más previsible que el de los pronósticos climáticos. En estos días, el asunto es todavía más grave: el gobierno tuvo que salir a vender dólares para detener la devaluación del real. Pero el dólar no paró de subir, llegando a casi 2,50 reales en el mercado paralelo.


Quiebra general


Derrumbe económico, derrumbe político. El gobierno de FHC está metido hasta los tuétanos en negociados, fraudes, coimas y delitos de toda especie, que saltan a la luz pública. Para evitar el desafuero acaban de renunciar los senadores Arruda y Magalhaes, actual y ex líder del bloque oficialista en la Cámara Alta. Están acusados de violar los mecanismos de votación secreta vigentes en el Congreso. Y no en cualquier votación, sino en la que involucraba la expulsión de un tercer senador oficialista *Luis Estevao* acusado por fraudes millonarios con fondos públicos. No es todo: el presidente del propio Senado *Jader Barbalho* apareció involucrado en negocios ilícitos por 2 mil millones de dólares en proyectos de desarrollo de la zona amazónica. Pero hay más: la semana pasada, el Cavallo tropical *el ministro de Hacienda, Pedro Malan* y el presidente del Banco Central *Arminio Fraga* fueron convocados a declarar lo que saben sobre la «venta» de información a los bancos en torno de la megadevaluación del real, dos años atrás. Los usureros hicieron entonces su megacurro comprando millones de dólares antes de que la divisa se disparara un 50% en pocos días.


En el año previo a las elecciones presidenciales el gobierno es, entonces, un barco a la deriva. La maniobras de salvataje están en marcha: para no precipitar las cosas, el PT «desistió de continuar con las exigencias de una Comisión Parlamentaria de Investigación (de los delitos del gobierno)… porque no desean ver una caída estrepitosa de Cardoso» (Clarín, 24/5). Al revés, plantean un frente de centroizquierda, que incluiría a elementos del propio frente oficial para un recambio «ordenado» el año próximo. El «ala izquierda» del PT protesta pero no ha sacado los pies del plato. El panorama de crisis y disgregación del aparato oficial es un revulsivo para la lucha obrera y popular, que comienza a replantearse entre los trabajadores estatales, y abre la oportunidad para desarrollar una política independiente de los trabajadores. Las posibilidades de una salida a partir de un frente de centroizquierda ya la conocemos los trabajadores argentinos, una experiencia que bien pueden asimilar los hermanos brasileños.

 

En esta nota

También te puede interesar:

Bolsonaro organiza marchas. Lula llama a “no perder la esperanza”.
El ídolo, la política brasilera y los negocios en la serie documental de Netflix..
A 30 años de la firma del Tratado de Asunción.