24/04/1997 | 536

«Entre el discurso y la realidad»

«Todos son favorables a la reforma agraria. Hasta los gobiernos y los latifundistas la defienden. Siempre que no modifique la estructura de la propiedad fundiaria, y que los trabajadores rurales aguarden pacientemente los actos de buena voluntad. Así viene la novela desde 1850, con la primera Ley de Tierras.


«Pero basta que los trabajadores rurales se organicen y presionen al gobierno para que el mundo se venga abajo: «Son radicales, están queriendo desestabilizar al gobierno, son manipulados por partidos con otros intereses, es un movimiento político, ‘primitivo’, …».


«Ya los más ‘modernos’, preocupados en ocupar espacios en los medios, pretenden incriminar a las organizaciones de los trabajadores y detener a sus dirigentes. Están todos a favor de la reforma agraria, siempre que no se haga.


«Recientemente, aquí en la Folha, el presidente dijo que «en una democracia, o las personas se comportan democráticamente o quedan aisladas». ¿Significa esto que, para este presidente, comportarse democráticamente es estar de acuerdo con todas las acciones del gobierno o quedarse quieto?


«¿Y cuál debe ser el comportamiento democrático de un presidente? ¿Cambiar la Constitución para satisfacer sus intereses personales? ¿Aniquilar a cualquier costo las oposiciones? ¿Utilizar su poder en los medios para hacer propaganda engañosa? ¿Será que un presidente que procura, por medio de negociados y cambios de favores, hacer del Congreso Nacional un apéndice del Poder Ejecutivo, se está comportando democráticamente? ¿No corre el riesgo de aislarse en su palacio?


«El ministro de Política Fundiaria (1), Raul Jungmann, puede parecerle a la prensa competente y esforzado. Pero para la familia que está acampada hace más de dos años, viviendo bajo una lona negra, en pésimas condiciones, será un charlatán y un incompetente. Por eso, esa familia no duda en reocupar la hacienda o el predio público o caminar 1.000 kilómetros hasta Brasilia.


«Ya es hora que el gobierno perciba que hay una gran diferencia entre lo que dice y lo que hace, y lo que la sociedad espera que haga. Y, en la medida en que esa diferencia se profundiza, es natural que la población reaccione, yendo a las calles en movilizaciones populares para protestar.


«Los compañeros que participan en la Marcha Nacional por la Reforma Agraria, Empleo y Justicia, caminaron 1.000 kilómetros hasta Brasilia, saliendo de tres puntos diferentes del país.


«Es una reacción a la política neoliberal del gobierno de Fernando Henrique Cardoso. Al contrario de lo que se ha dicho, este gobierno ha hecho poco en términos de reforma agraria. El número de familias asentadas ha sido maquillado. Basta mirar la ejecución presupuestaria del Incra (2) en 1996, para comprobar que el gobierno no asentó el número de familias que declara.


«Decir que se desapropiaron 4 millones de hectáreas no significa que ya se emitió la posesión de esa tierra y que ella esté a disposición de las familias a ser asentadas. Y mucho menos que las tierras sean aptas para la agricultura, ya que las negociaciones con los latifundistas tienen lugar con gran facilidad.


«Cuando no hay coherencia entre el discurso y la práctica, sólo les queda a los trabajadores el camino de la movilización y la presión sobre el gobierno. Eso es lo que hacen las elites cuando quieren ser escuchadas. ¿Las caravanas a Brasilia realizadas por los empresarios —no caminando sino en avionetas— no tienen la finalidad de presionar al gobierno y al Congreso? ¿Los afiches y los anuncios pagos en las redes de TV y radio no procuran convencer a la sociedad de las propuestas defendidas por los empresarios y banqueros?


«Nosotros, que no tenemos dinero ni acceso a esos medios, hacemos esta presión por medio de actos públicos. Puede ser una forma primitiva, pero es la alternativa que nos queda.


«Por último, reafirmamos al señor presidente y a los ministros de Justicia y de Política Fundiaria que tenemos derecho al trabajo, comida, vivienda y al ejercicio de la ciudadanía. Por eso, iremos a luchar con todas las fuerzas para que esos derechos nos sean asegurados.


Lucharemos por la reforma agraria y contra la política neoliberal. Esta lucha significa el fortalecimiento de la democracia y no al contrario, como esos señores han afirmado. Y, si para garantizar esos derechos, fuera necesario presionar al gobierno con ocupaciones de haciendas improductivas o de predios públicos, ciertamente los trabajadores rurales sin tierra continuarán esas acciones.»