01/07/2020

Entre un recrudecimiento del coronavirus y la amenaza de crisis bancaria

Un combo explosivo

Existe una íntima conexión entre la inyección de dinero que viene promoviendo la Reserva Federal estadounidense y el movimiento que se viene registrando en las bolsas. Ese vínculo se verifica ahora por la negativa, pues bastó que la Reserva Federal contrajese las compras de activos para que se produjera un nuevo cimbronazo y cayera un 3%. El mercado global de acciones ha perdido 1,2 billones en capitalización de mercado en el lapso de una semana


La reducción de sus tenencias de activos en 100 mil millones de dólares fue la señal para que se produjese esta caída bursátil. Los mercados están pendientes de la inyección de liquidez por parte del Banco Central norteamericano y, de un modo general, de los bancos centrales de las principales economías del mundo. Lo cual habla de la endeblez del boom bursátil que se gestó cuando arrancó el plan de estímulo dispuesto por las potencias capitalistas. En ese marco, no hay que descartar un nuevo derrumbe, que puede ser peor al que asistimos a principios de este año. Lo cierto es que la valorización accionaria de las empresas que cotizan en Bolsa no se compadece con su desempeño en la economía real, donde lo que impera es una retracción histórica en los niveles de venta, producción y consumo. El FMI acaba de corregir sus pronósticos para abajo. Dicho organismo contempla caídas de Estados Unidos cercanas al 10%. En Italia y España se calcula un 12%. Esto se extiende a los países emergentes, donde Argentina encabeza dicho pelotón. En pocos meses, la retracción de la economía superó el retroceso del PBI de doce años atrás.


Ni siquiera se salva China que, por primera vez, tendría un crecimiento que se acerca a cero. Esta vez, el gigante asiático no está en condiciones de actuar de factor contrarrestante de la recesión, como ocurrió en la crisis financiera de 2008. Hemos ingresado en una depresión, sólo comparable con la del ’29. Después de que Trump se apresurase a proclamar que el desempleo empezaba a revertirse, los índices de desocupación han vuelto a pegar un salto y ascienden a los 47 millones de personas. No olvidemos, por otra parte, que esos índices son engañosos, pues no incorporan trabajadores informales o trabajadores suspendidos cuya situación podría ser la antesala de despidos.


Límites


Todo este panorama amenaza potenciarse por los nuevos casos de coronavirus, lo que algunos comentaristas han empezado a denominar como “una segunda ola” de la pandemia. Lo concreto es que estamos en presencia de nuevos brotes en países que venían de haber salido de la fase más crítica de la pandemia y habían empezado a normalizar sus actividades. Habrá que ver los alcances, pero lo innegable es que va a afectar la actividad económica y plantea cierres, sean parciales o totales de la economía. En Estados Unidos, que es el epicentro de la pandemia, viene de producirse un número de nuevos infectados y está alcanzando los picos más altos a los que había llegado en estos meses. Esto empalma con el crecimiento explosivo en otros rincones del planeta, entre los que sobresale América Latina.


Más allá de este nuevo estremecimiento de la Bolsa, diversos analistas empiezan a encender las alarmas sobre los límites del rescate y también sobre sus riesgos.


“No se quiere ver que todo tiene un límite y que esas inyecciones de liquidez de la FED de una u otra forma las vamos a pagar y muy caro” (Estrategia de Inversión, 21/6). La emisión no puede ser ilimitada y la FED está intentando cerrar el grifo. Pero abre el flanco de un nuevo crack bursátil. Pero el remedio de dejar que la canilla siga abierta puede ser peor que la enfermedad. El riego es que se acelere una depreciación abrupta del dólar y que esto precipite el abandono de la divisa norteamericana y el refugio hacia el oro, como ha ocurrido en la historia con las grandes crisis. Ni qué hablar que esto precipitaría un descalabro de la economía y el comercio mundial, desde el momento que el dólar es el principal medio de pago y reserva de valor internacional. Preventivamente, ya hay bancos centrales en el mundo que están desprendiéndose de sus reservas en dólares y comprando oro, lo que explica, en parte, la suba de su precio en este último período. Por otra parte, una desvalorización del dólar traería aparejado un rebrote de la inflación y el aumento de las tasas de interés, lo que podría ser letal para una economía que está sometida a un endeudamiento sideral, tanto en el ámbito público como privado.


Crisis bancaria


Una de las preocupaciones que comienzan a asomar es la de una crisis bancaria. Esto corrige las primeras lecturas sobre el colapso actual y sus alcances, porque se hablaba sobre la supuesta solidez de los bancos en contraste con lo ocurrido en 2008. Como se recordará en esas circunstancias, uno de los eslabones más endebles de la cadena fueron las instituciones financieras y por eso la crisis debutó en ese sector y se llevó puesto al banco de inversión Lehman Brothers. Ahora, según diversos analistas, no ocurría eso pero la FED acaba de informar, luego de la realización de las pruebas anuales de “estrés” (solvencia) a las instituciones financieras, que “los bancos más grandes de la nación están sanos, pero… que “podrían sufrir pérdidas al estilo de 2008 si la economía languidece”. Y agrega el comentario: “una recesión económica prolongada podría afectar a los bancos más grandes del país con pérdidas de hasta 700 mil millones dólares en préstamos deteriorados”.


Consecuentemente con ello, la FED ha decidido limitar los pagos de dividendos de los grandes bancos y prohibirá las recompras de acciones en forma preventiva. La Reserva Federal descubrió que los prestamistas más grandes del país tuvieron dificultades para pilotear los efectos de la recesión sin precedentes.


Europa y Wirecard


No solo viene la tormenta desde Estados Unidos, en Europa también se están cuestionando las reaperturas por la incidencia del coronavirus y se está discutiendo limitaciones a la libre circulación en la zona euro. Pero más allá de ello, está también en la lupa el sistema financiero, cuya sustentabilidad está seriamente comprometida. Es conocido del caso de la banca italiana, una de las más endebles, con una cartera de créditos en las que un cuarto de ella es morosa o incobrable, en una economía que hace 15 años que está estancada y, ahora, sufre el flagelo de la depresión.


Pero tampoco escapa la poderosa economía alemana, cuya banca está en una situación financiera extremadamente delicada. Como por ejemplo, el emblemático Deutsche Bank, recordemos estuvo a punto del default y fue apuntalado por el Estado alemán. Un nuevo manto de incertidumbre se cierne, ahora, a partir de la las dudas sobre la confiabilidad de los informes contables y financieros de las firmas alemanas a causa de los terribles casos de falsedad y corrupción.


Un blanco principal de sospechas son las propias instituciones financieras que han estallado con el escándalo de Wirecard. Dicha compañía es una de las principales empresas financieras de Alemania. Se dedica a procesar los pagos con tarjeta de créditos (Visa, Mastercard) y los pagos en línea de cadenas de supermercados (Aldi, Lidi). Es propietaria de un banco y pasó a ser una empresa integral de servicios de cobro para sus clientes. Se trata de una empresa líder en tecnología financiera, que pasó a rivalizar con las grandes corporaciones de las finanzas mundiales. Su valuación de mercado llegó a los 28 mil millones de dólares, que se vino a pique en estos días.


Wirecard se ha sumado a potenciar la desconfianza en el marco regulatorio alemán, tras las dudas generadas por otros escándalos, como los de Volkswagen, Bayer y Deutsche Bank, todos ellos considerados “buque insignia” de la solvencia y potencia de las industrias alemanas. La adulteración de los números debe ser tomado como un termómetro de que la economía mundial se encuentra en un gran concurso de acreedores, lo que pretende ser disimulado mediante el fraude y el maquillaje contable.


Lo que se viene


Todo esto refuerza la idea que no podemos hablar de una crisis temporal. Lejos de su superación en el horizonte, marchamos a un agravamiento de las premisas de una depresión mundial. Lo peor no pasó sino que está por venir. Se abre una etapa convulsiva en la que la población trabajadora va a ser sometida a penurias inauditas, lo que, simultáneamente, oficiará de combustible del cual se nutran las tendencias a la rebelión popular. El levantamiento popular en Estados Unidos contra la violencia policial, ni más ni menos que en el corazón del capitalismo, da cuenta de esta tendencia y tiene como telón de fondo los estragos que viene provocando el efecto combinado de la pandemia y la bancarrota capitalista, que tiene a la población negra y a las minorías como principal blanco.


Los trabajadores debe tomar nota sobre la envergadura a de la crisis capitalista, sus contradicciones explosivas e insalvables, lo cual pone en el orden día la necesidad de organizar la batalla por una reorganización integral de la humanidad sobre nuevas bases sociales.





 

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