“Estados Unidos contra las inversiones españolas”

“Estados Unidos está interesado en debilitar las inversiones españolas en América Latina para recuperar su hegemonía en dicho mercado (…) La herramienta que tienen para ello es implacable: el FMI. ¿O alguien es tan cándido para pensar que el Departamento del Tesoro habría dejado pudrir la situación en Argentina, Brasil o Uruguay si el principal banco extranjero en Latinoamérica fuera el Chase Manhattan Bank en lugar el BSCH o el BBVA?” (Ambito Financiero, 22/8). Estas son las conclusiones de un seminario sobre “Iberoamérica y las empresas españolas”, organizado por el Banco Santander Central Hispano, que reproduce oficiosamente, en forma de editorial, el diario español La Vanguardia.


El “seminario” organizado por el BSCH, con el respaldo del gobierno español, tuvo el objeto político preciso de responder a las crecientes críticas de los accionistas minoritarios de las grandes empresas españolas por las grandes pérdidas sufridas en América Latina; incluso, reclaman que las empresas españolas “salgan” de América Latina.


Angel Cortés, secretario de Cooperación Internacional del gobierno español, respaldó incondicionalmente la “expansión” de las empresas españolas en América Latina, recordando que, durante años, esta región aportó casi el 50% de los beneficios totales de las empresas españolas (El País, 20/8).


Sin embargo, en un artículo publicado antes de la catástrofe, Lourdes Casanova, directora del Instituto Europeo de Administración de Empresas de Barcelona, señalaba que la masiva inversión española en América Latina fue, ni más ni menos, que una “huida hacia delante” para impedir que las propias matrices españolas fuera objeto de “adquisiciones hostiles” por parte de competidores europeos y norteamericanos” (Foreign Affairs en español, verano de 2002). Pero “a diferencia de otras multinacionales, las españolas sólo pudieron expandirse en América Latina”, una región económicamente débil (aporta apenas el 6% del PBI mundial) y políticamente colonizada por el imperialismo norteamericano.


Según Cortés, los críticos de la expansión española en América Latina responden a “intereses mercenarios” (El País, 20/8). El funcionario se refería a que los accionistas minoritarios principales del BBVA, de Repsol y de Telefónica son, precisamente, fondos de inversión norteamericanos y británicos. Sin las inversiones latinoamericanas (que estos inversores minoritarios pretenderían abandonar), las empresas españolas serían una presa fácil del capital extranjero.


El desigual enfrentamiento entre españoles y norteamericanos fue señalado oportunamente por el Partido Obrero, incluso antes de la caída de De la Rúa. “En la crisis presente, el Tesoro norteamericano ha impulsado el ‘default’ en Argentina para provocar una reestructuración de la deuda que perjudique a los bancos rivales de los norteamericanos” (Prensa Obrera, 13/12/01). “Si se mantiene la negativa del FMI a conceder los 1.260 millones de dólares, se precipitará la declaración de bancarrota de Argentina y una reestructuración forzada de la deuda externa. La consecuencia principal sería la quiebra de una parte de la banca local y el debilitamiento de los bancos españoles. Por eso el ‘default’ es impulsado por gran parte de la banca norteamericana y el Tesoro de los Estados Unidos” (Prensa Obrera, 6/12/01).