27/05/2010 | 1130

Bolivia en una nueva etapa

Después de la huelga y la represión
Mujeres Socialistas

-Exclusivo de internet

La reciente huelga de fabriles, maestros, mineros y otros sectores señala, más aún que el resultado de las elecciones del 4 abril, el comienzo de una nueva etapa política en Bolivia. La relación de Evo Morales con el movimiento obrero y los explotados ya no puede recostarse sólo en las expectativas populares en su gobierno. Ahora, cada vez más, debe acudir a la represión, como ahora contra los fabriles o anteriormente en Caranavi, donde la policía de Evo asesinó a dos campesinos que, con otros centenares, exigían la instalación de la procesadora industrial de cítricos prometida por el presidente durante su campaña electoral.

Luego de su asunción en 2006 con mayoría absoluta, su triunfo aplastante en el revocatorio (más del 67%) y en las elecciones de diciembre de 2009 (62%), muchos creyeron que el romance de Evo Morales y las masas bolivianas se prolongaría por algunos años más.

Sin embargo, las últimas elecciones municipales y departamentales, donde Evo perdió un millón de votos, fueron el preludio de lo que a muchos tomó de sorpresa: el inicio de la ruptura de las masas obreras con el nacionalismo indigenista del MAS. La paulatina derechización y descomposición del partido de gobierno acelera los procesos de desencantamiento y el misticismo creado en torno al presidente indígena.

La sorpresa de algunos

El gobierno de Evo Morales siempre tuvo su base social mayoritaria entre los sectores indígenas-campesinos. A ellos se sumaron los pequeños comerciantes y la clase media urbana. La clase obrera, sin una alternativa propia, se sumó al carro electoral y también asistió a las urnas en apoyo al «primer presidente indígena». Pero, a pesar de ello y de la claudicación de la burocracia cobista, mantuvo de manera aislada conflictos con el nuevo gobierno. Fue el caso la huelga minera en Huanuni, cuyos obreros, con enfrentamiento, y muertos, lograron la nacionalización del cerro Posokoni. Otro fue el conflicto por una nueva ley de pensiones, ocasión en la que el gobierno asesinó a dos mineros durante la represión. La marcha de 10 mil mineros en oposición a las diez horas de trabajo que quería imponer la transnacional Glencore, en complicidad con el gobierno, fue otra de las movilizaciones esporádicas que terminaron ahogadas no sólo por el papel de la burocracia sindical sino también por la «fe» que aún tenían en el gobierno. No por nada Evo Morales en persona encabezaba las movilizaciones del 1º de Mayo junto a los trabajadores.

Por eso, algunos se sorprendieron este año: fue un 1º de Mayo combativo sin Evo y sin la burocracia sindical. La clase obrera partió del rechazo al nuevo Código Laboral y al miserable aumento salarial del 5% para dar un salto hacia la ruptura con el gobierno.

Sucede que, a pesar de los discursos sobre la salud de la economía boliviana y su crecimiento durante el período del gobierno de Evo (del 5% entre 2006 y 2008), Bolivia también se mueve dentro del pantanoso terreno de la crisis capitalista. Y no se trata sólo de la disminución de las remesas enviadas por la emigración boliviana (mil millones de dólares en 2009), sino de la minería y el desempleo, que para 2008 (según el CEDLA) ya era superior al 10%. A esto se suma la subida de precios de los alimentos, que disminuye el poder adquisitivo de los salarios.

Por eso nuevamente vemos a los trabajadores bolivianos en las calles, enfrentándose al gobierno del «hermano presidente» como si se tratara de cualquier otro neoliberal, pues mientras el incremento a la masa salarial es de apenas 5%, el gobierno organiza la compra de un avión presidencial por 38 millones de dólares y misiles rusos por 300 millones.

Esta movilización, la más dura que ha enfrentado Evo Morales desde que asumió, señala, como queda dicho, el comienzo de una nueva etapa que plantea nuevas tareas para los revolucionarios.

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