14/10/2010 | 1150

Brasil: entre payasos y evangélicos

-Exclusivo de internet

El dato principal de las elecciones brasileñas del 3 de octubre fue el elevado número de votos anulados, en blanco y abstenciones, casi 27% (más de 33 millones y medio), no el 18% interesado que anunciaron las autoridades electorales. Los 46,9% (47,65 millones) de Dilma Roussef, candidata oficialista, se transforman así en aproximadamente 35% del padrón electoral total (136 millones), en claro contraste con el previsto -un 52%. Por el mismo procedimiento, los 33,1 millones de votos del «opositor» José Serra (32,6% de los votos válidos emitidos), quedan reducidos a poco más del 20% del padrón electoral total, lo que no le impidió a este ateo «agradecer a Dios», el gran protagonista de las elecciones (a través de sus concesionarios autorizados: la jerarquía católica y los «obispos» de las empresas evangélicas). El Secretario de Comunicación del PT, André Vargas, acusó a Serra de ser «anticristiano» porque, cuando fue ministro de Salud (bajo el gobierno de Fernando Henrique Cardoso), obligó a las farmacias a ofrecer la «píldora del día después» y los retrovirales contra el HIV-Sida.

Dilma, supuesta depositaria del «80% de popularidad» de Lula y su gobierno, llegó a los mencionados 35% con los votos del PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño), una verdadera cueva de corruptos, que empató en número de votos al PT. «La izquierda registró el mejor resultado electoral de su historia» dice, sin embargo, Emir Sader, un ‘orgánico’ del centroizquierdismo, para compensar la frustración de no haber ganado en el primer turno. Contabiliza para ello las victorias de la coalición con el PMDB y otros partidos netamente capitalistas (el Partido Socialista Brasileño del ex gobernador de Ceará, Ciro Gomez) en ocho estados, así como el crecimiento de la bancada del PT de 79 a 88 diputados (de un total de 513), y de 8 a 15 senadores. Sader denuncia «los efectos (sic) de las campañas de difamación -sobre el aborto, lucha contra la dictadura, etcétera- así como el efecto que el caso (de corrupción) de Erenice tuvo efectivamente para disminuir el resultado final de Dilma». Para Sader, la defensa del derecho de aborto sería ‘infamante’. En Brasil, como se ve, hasta los ateos oficiales reciben órdenes del Vaticano. Sader califica como difamatoria la revelación de que la ignota Erenice Guerra, amiga y sucesora de Dilma en la Casa Civil -coordinación ministerial- montó, en el escaso período en que ocupó el cargo, un vasto «propinoducto», no la corrupción misma -en un gobierno plagado de hechos de corrupción. La revista Exame, órgano del gran capital, propuso por eso «reglamentar el lobby», o sea, institucionalizar la corrupción, para transformar el delito en una práctica legal.

La derecha histórica (el DEM -Demócratas-, ex PFL) continuó barranca abajo, con 42 diputados (tenía 105 en 1999). La votación de la candidata verde-evangélica Marina Silva, ex ministra del Medio Ambiente del gobierno Lula y ex integrante del PT (19,3% de los votos válidos), no tuvo nada de ‘ecológica’, pues el Partido Verde no consiguió aumentar el número de sus diputados. Como dice el cineasta Arnaldo Jabor, «en medio a una programación mecánica de marketing, apareció un ser vivo: Marina», sincera y desafiantemente «cristiana, anti-aborto y anticomunista». Obtuvo un voto popular de inspiración reaccionaria. Ahora, para conseguir los votos evangélicos que le faltan en el segundo turno, la candidata de Lula se pronunció contra el derecho al aborto, en una reunión con líderes religiosos. A esta bajada de calzones la jerarquía petista la llama «promover el encuentro entre el rojo y el verde» -donde no hay ni rojo ni color esperanza. A pesar de que los principales proyectos de Dilma Roussef tienen que ver con la industria armamentista, los petistas aseguran que está amenazada por el «golpismo». El gran ganador de la elección fue, por todo lo dicho, el payaso Tiririca -el más votado para diputados, con más un millón trescientos mil votos.

No habrá «polarización política» en la segunda vuelta, no existe una polarización entre «izquierda» (PT) y «derecha» (PSDB): Serra y Dilma-Lula son dos expresiones de la pequeña burguesía «progresista» de Brasil: tienen el mismo origen político y han seguido una evolución similar.

La izquierda «clasista» hizo una elección espantosamente baja: el PSOL obtuvo 0,9% (poco menos de 900 mil votos); el PSTU, el 0,08%, poco más de 84 mil votos (90% menos que en las elecciones de 2006); el PCB, 0,04% (39 mil votos); el PCO, 0,01% (12 mil votos), esto pese a haber defendido (el PCO) hasta el «Bolsa Familia» (un subsidio a la pobreza, que no consume más que 0,4% del PBI, usado como instrumento político de manipulación de las masas por los punteros gubernamentales). En el periodo pre-electoral volvieron a intentar concretar un frente de izquierda, a pesar de sus orientaciones contradictorias, lo que dejó a la vista del electorado un escenario de mezquindades políticas, que se cobraron un precio. La unidad sin principios estaba acompañada por un feroz faccionalismo. Esta izquierda no tiene ascendencia política en el país, a pesar de su actividad en el movimiento sindical. En el largo período de ascenso del PT, la izquierda operó a su sombra; la ruptura de 2004, por parte de lo que luego sería el PSOL, fue circunstancial, no programática, y estuvo piloteada para preservar las posiciones de un grupo de parlamentarios. De conjunto, en el marco de condiciones favorables del mercado mundial para el Brasil, el Frente Popular que comanda el PT ha demostrado toda su capacidad para contener y regimentar al movimiento obrero, dividir a las masas y aislar políticamente a la izquierda que se presenta como revolucionaria pero no deja de ser sólo democratizante, cuando no simplemente bombera.

El PSTU ha llamado al «voto nulo» en el segundo turno; Plinio de Arruda Sampaio, veterano y venerado candidato presidencial del PSOL, llamó inclusive a un frente de izquierda por el voto nulo, que probablemente se concretará. Esta «unidad de la izquierda» es aparente e ilusoria, no está basada en un programa. En el PSOL, su principal componente electoral (llegó en primer lugar en las elecciones para el gobierno del estado de Amapá), se avecina una crisis enorme. Su ex «candidata presidencial natural», Heloísa Helena (¡también cristiana y anti-aborto!), apoyó a la evangélica Silva y fracasó en su estado de Alagoas, al llegar en tercer lugar como candidata al Senado. El «fenómeno Heloísa Helena», que tuvo repercusión internacional hace cuatro años, se ha esfumado. Otro artificio de la izquierda se ha disuelto en el aire.

Dilma Roussef ya advirtió que su eventual gestión será marcada por el «ajuste». Brasil, con Japón, son las principales víctimas de la llamada ‘guerra monetaria’. El ingreso de capitales y la revalorización del real han provocado un crecimiento enorme del endeudamiento interno, situado ya en el billón de dólares (el simbólico «trillion» inglés). El déficit en cuenta corriente del país tendrá un récord histórico este año, la deuda externa ha crecido casi 14% en el primer semestre, durante el cual la fuga (oficial) de capitales ha superado los 15 mil millones de dólares. Lo único que le falta a Brasil es que se encienda la mecha.

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