31/01/2020

Fragmentación, desplome del fujiaprismo, lampa, Biblia y botas

Elecciones congresales en Perú
Por César Zelada desde Perú

Al 95% del conteo rápido de Ipsos, la composición del nuevo Parlamento sería muy fragmentada. El derechista Acción Popular (AP), que se opuso al cierre del Congreso, obtendría el 10.1% de los votos válidos, seguido del fenómeno evangélico Frente Popular Fia Agrícola del Perú (FREPAP) con 8.8%, mientras que Podemos Perú (PP), consiguió el 8.2%, Alianza para el Progreso (APP) 8.0%, el Partido Morado 7.7%, mientras que el fujimorista Fuerza Popular (FP) 6.9% y la “nacionalista” Unión por el Perú (UPP) el 6.9%. En ese orden, continúa el centroizquierdista Frente Amplio (FA) con 6.1%, Somos Perú (SP), con 5.6%, y Juntos por el Perú (JP) con 5.1% (aunque los últimos conteos podrían ser adversos). El APRA obtuvo, a pesar del suicidio de Alan García, una derrota histórica al alcanzar solo el 2.6% de los votos.


Así las cosas, nadie tendría una mayoría abrumadora como la tuvo el fujimorismo en el Congreso del 2016. Y es que de 73 congresistas de entonces pasaría hoy a 12 asientos. Y si a esto agregamos que el APRA no pasó la valla, pues, estaríamos hablando de un desplome del fujiaprismo, que ha gobernado y/o co-gobernado el país desde 1985.


Por su lado, AP, que ostenta el símbolo de la lampa, gana la elección obteniendo 24 curules [asiento de los parlamentarios], lo cual manifiesta, contradictoriamente, por un lado que es la carta de recambio de la Elite para la recomposición del régimen político y, por otro, que será a partir del cual la CONFIEP liderará la negociación política con el populismo liberal en el Ejecutivo para “parchar” el intento bonapartizante del vizcarrismo. Con este resultado, AP se afirma como la primera fuerza política nacional ostentando la mayoría en los gobiernos locales y el Parlamento (de 5 curules pasan a 24).


A la misma vez que una mayoría popular votó por partidos del régimen político de 1993 como AP, APP, PP, SP, K, etc., un 32% del electorado votó por propuestas difusas que podríamos ubicar en el campo popular “antisistema” como FA, JP, PL, DD, FREPAP y UPP.


 



Es cierto que UPP es un vientre de alquiler pragmático (que podría estallar a la primera crisis como pasó el 2006) y el FREPAP es un movimiento religioso evangélico y conservador, pero en sus propuestas el “antaurista” UPP plantea la “nacionalización de los recursos naturales, fusilamiento a los presidelincuentes corruptos y una nueva constitución”, mientras que el FREPAP propone “la revocatoria al cargo de congresista, reducir la jornada laboral de 48 a 44 horas semanales, la eliminación de la inmunidad parlamentaria y la figura de la ´curul vacía´". A la misma vez, el FREPAP, a pesar de “negar” su alianza con el fujimorismo, tendría una agenda común con las derechas “antiprogresistas”, en su lucha contra el “marxismo cultural”, que para estas implican “negar” la unión civil, el feminismo y el aborto terapéutico. Esta sería en verdad la única coalición que podría darle dolores de cabeza al gobierno.


Habría que destacar que si bien es cierto que el FREPAP es un partido que tiene más de 20 años de existencia (con 40 mil afiliados), pues, el giro de la población hacia este podría ser expresión de un “voto bronca” contra el sistema político, así como de su férrea organización (que tiene a la Biblia como símbolo de lucha), y de los votos que fugaron del fujimorismo. En los 90, el FREPAP, obtuvo diputados y co-gobernó con el fujimorismo; en el 2002 fue conocido por escándalos de corrupción donde Noé Ataucusi denunció a su hermano Jonás Ataucusi de haberse robado más de 100 millones de soles de la Iglesia Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal.


Para el sociólogo Nelson Manrique, “… No hay en el ideario del FREPAP ninguna alusión al gobierno teocrático que Ataucusi tenía como objetivo, y han sido muy cuidadosos en evitar cualquier mención religiosa que los pudiera aislar de su potencial base social. Ha jugado a su favor la imagen de honradez asociada a su condición religiosa, así como el deseo de bastante gente de ensayar nuevas alternativas, dado el desencanto general con relación a los políticos…” (La República, Nuevo mapa político del Perú, 28/1).


“Me preocupa especialmente el impacto que un Congreso así de exótico y de potencialmente muy radical tendrá en la inversión y el consumo privados, pues la incertidumbre es la variable que más temen los agentes económicos…”, escribió el analista de derecha Aldo M (Perú 21, 28/1).


“Por todas estas consideraciones, es hora de que todas las fuerzas republicanas, ya sea de derecha o de izquierda, detenga la guerra política absurda, que se expresa en una brutal judicialización de la política, y se dispongan a elaborar acuerdos para enfrentar la amenaza comunista…”, advierte el preocupado analista filo fujimorista Víctor Andrés Ponce (El Montonero, “La amenaza colectivista ya toca tu puerta”, 27/1).


Otra de las sorpresas que dieron estas elecciones fue la emergencia del ex Gral. (EP) Daniel Urresti, que está bordeando el medio millón de votos en Lima. Además de proponer populistamente que va a renunciar a su sueldo como congresista (recibe otro como militar en retiro), propone que las “botas militares” tomen las calles de la República para enfrentar la inseguridad ciudadana, cuestión que lo vincula con el etnonacionalismo antaurista con el cual podrían llegar a tener 26 congresistas. Este último casi arrasó en el gran sur del país donde la izquierda ganó en el 2016 pero, a la misma vez, el FA, le ganó a Antauro en lo que se puede denominar la tierra que lo posicionó en el imaginario popular: Andahuaylas.


En este marco de dispersión del votos, los 17 congresistas que podrían obtener el FA y JP expresan una reducción del voto que obtuvieron en el 2016, pero a la vez, aun divididos, una parte de la población sigue apostando por la izquierda.  La izquierda (incluida la que no pasó la valla) pasó de cerca de 3 millones de votos en el 2016 a cerca de 2 millones de votos en el 2020.


Estos resultados son favorables al vizcarrismo ya que al derrumbarse el fujiaprismo y al no tener ningún grupo político mayoría decisiva se van a ver obligados a una negociación complicada entre ellos y con el Ejecutivo afirmando el carácter corporativista del último.


Habría que recordar que el cierre de Congreso anterior se desarrolló en medio de una caída del crecimiento del PBI (producto de la caída de la demanda de materia prima y la guerra comercial EE.UU.-China-UE), de ingentes protestas sociales contra la desigualdad social (que el Ejecutivo ha sabido superar gracias a su estrategia anticorrupción y preventiva) y de escándalos de corrupción extraordinarios con los affaires Lavajato y Lavajuez, que embarran a todo el régimen político de 1993, y que tuvo como un punto de debate electoral la necesidad o no de una nueva constitución.


Cuestión que puede convertirse en agenda política una vez que las razones de la disolución del anterior parlamento vuelvan a salir de nuevo a la superficie, más aun cuando el vizcarrismo ha estado aprobando DU que profundizan más el “modelo neoliberal” y vulneran los derechos laborales como el DU 014, que habilita la negociación colectiva centralizada –bianual– de remuneraciones en el sector público.



 

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