21/09/2017 | 1475

Francia: Nueva huelga nacional contra la reforma laboral


La primera jornada de protesta contra la reforma laboral del presidente Emmanuel Macron, que tuvo lugar el 12 de septiembre, movilizó a centenares de miles de trabajadores en el país. De todos modos, la participación fue inferior respecto a las manifestaciones registradas hace medio año en las huelgas convocadas contra la reforma que implementó el socialista François Hollande.


 


En esta oportunidad la huelga se hizo sentir en el transporte y provocó cancelaciones de vuelos y retrasos en los trenes, pero no llegó a paralizar el país.


Una de las razones principales de esta merma tiene que ver con la deserción de algunas de las centrales más poderosas, de modo tal que la convocatoria al paro quedó en manos de la CGT. Ni la CFDT, primera central obrera, de filiación reformista, ni FO, con fuerte adhesión en la función pública, se sumaron a este llamamiento.


 


Las consignas en las manifestaciones no sólo hicieron mención a la reforma laboral, sino que aludieron directamente a Macron, que fue blanco de un repudio generalizado.


 


La nueva legislación


 


Estamos ante una gran prueba de fuerza entre los trabajadores y la clase capitalista, pues la reforma representa un ataque histórico a conquistas consagradas en el Código de Trabajo. La reforma establece límites a las indemnizaciones por despido; ofrece más libertad a las multinacionales para despedir a trabajadores en caso de crisis; otorga mayor facultades en la negociación laboral a las pequeñas empresas, que pueden llegar a acuerdos esquivando a los sindicatos. En otras palabras, como lo vienen destacando los medios de prensa, diferentes procedimientos para consagrar el ‘despido económico’. Por su parte, “se flexibiliza la jornada laboral. Se podrá trabajar hasta 46 horas por semana e incluso más si hay acuerdo de empresa. Las horas extra se pagarán con un recargo del 10 por ciento, frente al 25 por ciento que se paga actualmente. Se facilita el trabajo a tiempo parcial reduciendo el umbral de horas” (El País, 18/6).


 


Uno de los objetivos principales es destruir el salario indirecto. La burguesía pretende hacer tabla rasa con el nivel alcanzado de las cotizaciones sociales, que financian la seguridad social (sistema de salud, ausencias), los subsidios familiares a la vivienda, al desempleo, la formación profesional y las jubilaciones. 


En Francia, ya había una tendencia en esa dirección con la proliferación del trabajo precario, rebajas salariales y arreglos por separado en las empresas. Pero las cámaras empresariales consideraban insuficientes estos avances y venían fogoneando una reforma de fondo y de conjunto de las relaciones laborales. Las tendencias a la desintegración de la Unión Europea a las que hoy asistimos, al acentuar la competencia ruinosa entre los monopolios y Estados capitalitas, ha potenciado las presiones por el recorte de conquistas históricas de la clase obrera.


 


Superpoderes y estado de excepción


 


Macron ha apelado al uso de los superpoderes que le fueron concedidos recientemente por las dos cámaras del parlamento francés para consagrar la nueva legislación, que hará pasar mediante tres ordenanzas. El Parlamento votará luego pero, con esta vía rápida, se evita el debate parlamentario, las enmiendas de la oposición y las divisiones dentro de su propia mayoría parlamentaria. Por esta vía, aspira a sortear el escenario caótico en el que tuvo que moverse el ex primer ministro Manuel Valls cuando se aprobó la primera reforma bajo la presidencia de Hollande.


 


Esto va de la mano de la instauración de un estado policial, que se vale del estado de emergencia que fue dictado e bajo el gobierno de Hollande y que Macron pretende transformar en una legislación permanente (ver nota aparte).


 


Perspectivas


 


Esta huelga general ocurre en medio del desplome de la popularidad de Macron, que descendió un 60% en los últimos tres meses. La reforma laboral se ha convertido en la gran apuesta del presidente por revertir esta tendencia. 


 


Los límites en el alcance de la huelga han cebado al gobierno, que ha confirmado su intención de aprobar la reforma laboral antes de que concluya este mes. Pero ya hay analistas que advierten el potencial explosivo que plantea la situación actual y encienden una luz de alerta sobre el conflicto que puede desatar el paquete de medidas que se pretende aplicar.


 


Por lo pronto, está prevista una nueva huelga y movilización para el 21 de septiembre, la víspera de la tramitación de la reforma. Los pronósticos, de un modo general, coinciden que la movilización será mucho más masiva. Muchos militantes de sindicatos y federaciones no convocantes, acudieron a la manifestación del 12, desoyendo a sus centrales. Esta tendencia muy probablemente se amplifique en las nuevas medidas de fuerza. En el caso de la central Fuerza Obrera (FO), ya se precipitó un principio de crisis: el Comité Ejecutivo, contrariando al presidente de ese organismo, consideró que las ordenanzas eran inaceptables y llamó al Bureau Confederal a tomar medidas. Un tercio de las 90 federaciones departamentales de FO adhirieron a la movilización del 12.


 


Otro dato relevante lo constituye la decisión de los camioneros, enrolados tanto en la CGT como en FO, de lanzar una huelga indefinida a partir del 25 de septiembre contra la reforma laboral. Esto es muy importante ya que este sector jugó un rol determinante durante la lucha contra la reforma laboral de Hollande en 2016, haciendo que sectores importantes del movimiento obrero entren en lucha. Obviamente, no podemos soslayar la política de freno de la cúpula de la CGT, encolumnada con el PC, que no tiene en su radar un plan de lucha. Sus dirigentes han reiterado que no excluyen la necesidad de una reforma del régimen laboral, lo que abre las puertas a futuros compromisos.


 


Un párrafo especial lo merece Melenchon, líder de la formación centroizquierdista “Francia Insumisa”, que viene de presesentarse en las elecciones, quien ha convocado su “propia” movilización para el 23 de septiembre, dos días después de la nueva huelga convocada por la CGT. Aunque Melenchon plantea que no pretende rivalizar con las huelgas en curso, es imposible disimular su propósito que apunta a disolver el carácter de clase de las protestas obreras y transformarlas en movilizaciones ciudadanas policlasistas -un campo de maniobras en la que florecen las componendas y arreglos entre los partidos y políticos del régimen. 


 


La reforma laboral francesa se integra a una tendencia general que fogonea la clase capitalista. A nadie se le escapa la semejanza del proyecto de Macron con el que viene de aprobarse en Brasil. Aunque el gobierno argentino ha declarado que no promueve un cambio integral de la legislación, las medidas y modificaciones que tiene en carpeta van en esa dirección. Una derrota de la reforma laboral en el país galo será un golpe a los planes de los “Macrones” de todo el mundo, incluido el argentino. Una bocanada de aire fresco para afianzar la lucha que tenemos por delante y abrir paso a un nuevo horizonte para los trabajadores.

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