04/04/2002 | 748

Fuera las tropas sionistas de Palestina

El objetivo de la ofensiva es el aplastamiento del movimiento nacional de lucha palestino, que en los últimos meses ha conocido un espectacular nivel de desarrollo como consecuencia de la incorporación a la Intifada de los palestinos de Israel y del desarrollo de operaciones guerrilleras a una escala y de una efectividad que han sorprendido a los militares sionistas. La ofensiva fue preparada con mucha antelación a las bombas que estallaron durante las pascuas judías en Israel. En su edición del 24 de marzo, el corresponsal de The Washington Post en Jerusalén anticipaba que «los planificadores militares israelíes están preparando un gran asalto a las ciudades, pueblos y campos de refugiados palestinos, que sería más amplio y profundo que la ofensiva de principios de marzo». Las provocaciones de Sharon, que impidieron el viaje de Arafat a la «cumbre árabe» de Beirut, formaban parte de la «preparación política» de esta ofensiva. Los «planes operativos» para una operación de esta naturaleza y envergadura fueron establecidos en el año 2000, en plena euforia del «proceso de paz» (Le Monde, 3/4). La fría preparación de la masacre confirma que la «causa nacional» sionista sólo puede sobrevivir en un océano de sangre y muerte.


Los principales blancos del ataque sionista son el cuartel general de Arafat y la Autoridad Palestina (AP), la detención masiva de dirigentes y activistas de todas las facciones palestinas, y el desarme de la policía y los servicios secretos palestinos, incluso los que han sido entrenados por la CIA norteamericana y han trabajado codo a codo con los servicios sionistas en la represión de las tendencias palestinas más radicales (Le Monde, 2/4). A Arafat se le ha ofrecido el «exilio», es decir la rendición incondicional.


La «solución militar» elegida por Sharon y el alto mando sionista significa la ocupación indefinida de los territorios; la expulsión en masa a los palestinos y la liquidación de toda perspectiva de un Estado nacional, incluso de uno con las características fantoches de la AP de Arafat, que siempre estuvo sometido al control directo, político y militar, del Estado sionista. Sharon fue muy explícito al declarar que, después de la ofensiva, «no habrá ninguna negociación diplomática» (The Washington Post, 1/4).


Una masacre conjunta


El imperialismo norteamericano apoyó sin reservas la masacre: mientras los tanques israelíes entraban en Ramallá y los soldados tiroteaban a civiles desarmados, Bush afirmaba enfáticamente «el derecho de Israel a la autodefensa».


La «guerra contra el terrorismo», el ataque a Afganistán y los preparativos del ataque a Irak envalentonaron a Sharon, que desde hace meses comenzó con los «asesinatos preventivos» y lanzó sus tanques contra los territorios palestinos. La retirada parcial de mediados de marzo y el envío de un «mediador» norteamericano, son altamente ilustrativos de la completa ceguera política de Arafat y la dirección de la AP, que afirmaron en ese momento que había «un avance» en las posiciones norteamericanas. Pero la ilusión duró poco.


Los norteamericanos no se limitaron a «dar luz verde» a la ofensiva (Le Monde, 31/3). Según el propio ministro de Defensa sionista, Ben Eliezer, el vicepresidente norteamericano Cheney «es más extremista (sic) que yo respecto de Arafat» (Financial Times, 1/4). El secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld, por su parte, declaró que «el terrorismo anti-isrealí está alentado y financiado por Irán e Irak», lo cual inequívocamente significa un respaldo incondicional a los crímenes de Sharon (Financial Times, 2/4).


La imparable descomposición del sionismo


Las consecuencias estratégicas de la política «guerrerista» de Sharon y Bush han despertado gruesas preocupaciones en amplios sectores del propio campo sionista y del imperialismo. Temen que la ocupación de los territorios sólo sirva para profundizar la lucha nacional palestina, acelerar la descomposición del sionismo y desestabilizar a todo el Medio Oriente.


La afirmación de que Sharon sigue «una estrategia desesperada y equivocada (que es) una amenaza de desastre para el Estado de Israel» y la recomendación de que «la mejor manera de ayudar a Israel es frenar a Sharon» (Financial Times, 3/4) son ampliamente compartidas por los principales medios imperialistas y sionistas. «Desgraciadamente *concluye el diario británico* el tenor de los ac tuales pronunciamientos de Washington está muy lejos de esto» .


Estas opiniones reflejan el temor de que la «aventura» (sic) termine como la invasión del Líbano, también bajo el mando de Sharon: con la derrota y la retirada israelí.


En los últimos días, más de un comentarista encontró paralelos entre la ofensiva de Sharon y la guerra de Argelia, en la que «los franceses (…) comprobaron que nada *ni la represión, ni la tortura, ni los asesinatos* puede derrotar a un enemigo (…) que se considera ocupado por colonizadores». Después de la lección, la advertencia: «Francia perdió la guerra (…). Aquí hay una lección para Ariel Sharon y George Bush. Apréndanla o repítanla» (The Washington Post, 2/4).


Esto explica que en el campo imperialista aparezcan voces que reclaman la directa intervención militar norteamericana (Thomas Friedman, en The New York Times, 17/3) y hasta «la imposición de una solución definitiva, completa y no negociable a ambas partes», garantizada por la presencia de tropas norteamericanas y apoyada por la UE, Rusia, China y los países árabes (Robert Malley, consejero de Clinton para asuntos árabe-israelíes, en Le Monde, 2/4). Por medio de estos métodos excepcionales de intervención, se pretende salvar al sionismo de su autodestrucción.


Las propuestas «pacifistas» tienen un punto en común con la «salida militar» de Sharon y Bush: la negación de la autodeterminación palestina y de un Estado palestino soberano, la oposición al retorno incondicional de los refugiados y la defensa de la existencia de Israel, como una avanzada del imperialismo en Medio Oriente. Estas son las razones que han llevado a más de medio siglo de masacres del pueblo palestino.


Para las masas palestinas y para los explotados de Medio Oriente, incluidos los explotados judíos, la única solución progresiva es la destrucción de esa maquinaria de rapiña, opresión y guerra que es el Estado de Israel, la expulsión del imperialismo y la constitución de un Estado palestino único, laico y socialista en todo el territorio de la Palestina histórica y la unidad de los pueblos de la región en una Federación Socialista de Medio Oriente.


«Las masas arabes estan en movimiento»


La invasión israelí y la pasividad de los gobiernos árabes frente a la masacre, han desatado una ola de grandes movilizaciones populares, en particular juveniles, en todo Oriente Medio. Las mayores manifestaciones se registraron en Egipto y Jordania, donde existen grandes colonias de refugiados palestinos y cuyos gobiernos han establecido, desde hace tiempo, relaciones diplomáticas con Israel. En El Cairo y Amman, por quinto día consecutivo, los estudiantes chocaron con las fuerzas policiales que defendían las embajadas de Israel y Estados Unidos; los manifestantes repudiaron la pasividad de sus propios gobiernos, lo que se manifestó en las consignas: «No a la Cumbre Arabe; no a la normalización (de relaciones con Israel)».


«Las masas árabes están en movimiento y muchos regímenes van a sufrirlo», anticipó un ex primer ministro jordano. «La calle está hirviendo. Las manifestaciones son cada día mayores», agrega el cronista (The New York Times, 3/4).


Secretariado Unificado: proimperialismo desembozado


Que las posiciones del llamado Secretariado Unificado de la IV Internacional (SU) frente a la crisis en Medio Oriente son abiertamente proimperialistas no es una novedad: el SU apoyó a muerte los acuerdos de Oslo, una creación del imperialismo para estrangular la causa nacional palestina en el marco «diplomático». La Autoridad Palestina surgida de esos acuerdos es un simple fantoche bajo la directa supervisión sionista, es decir, es la negación de la reivindicación palestina de un Estado nacional soberano.


Pero el grado en que el SU se adapta a los dictados del imperialismo (y hasta la gala que hace de ello) no deja de sorprender. En una solicitada aparecida en Le Monde (20/3), junto con otros signatarios como el PCF y la Liga Comunista Revolucionaria (LCR, sección francesa del SU), llama a una manifestación «por los derechos nacionales palestinos y la aplicación de las resoluciones de las Naciones Unidas», ocultando que estas resoluciones son, precisamente, la negación de esos derechos; la simple evidencia de que no fueron vetadas por Estados Unidos, aliado estratégico del sionismo, lo confirma. Más aún, la última resolución de la ONU aparecida antes de la solicitada en cuestión, llamaba a aplicar el «plan Tenet», esbozado por la CIA para establecer una colaboración represiva entre Israel y los servicios de Arafat contra las tendencias palestinas radicalizadas, y fue impulsada por los norteamericanos para impedir la aprobación de una moción siria que condenaba explícitamente la ocupación ilegal israelí de los territorios palestinos.


La solicitada llama, también, a «una paz justa y duradera (…) con Estados con fronteras seguras y reconocidas», dejando de lado dos de los principales derechos nacionales del pueblo palestino: el retorno incondicional de los refugiados y el desmantelamiento de las colonias sionistas. Esto sin mencionar el expreso reconocimiento del Estado sionista, ciudadela del imperialismo en el Medio Oriente.


Pero todo esto queda chiquito, sin embargo, frente al llamado que hace el SU a la directa intervención militar del imperialismo en Medio Oriente cuando reclama «una fuerza internacional de paz»… que a nadie se le escapa que sólo puede estar bajo la dirección de los norteamericanos. Cualquiera puede entender que el desplazamiento de «marines» a Medio Oriente no será para proteger a los palestinos sino al Estado de Israel. Es por eso, precisamente, que algunos defensores del sionismo reclaman, como el SU, la presencia de las tropas yanquis en Medio Oriente.


El SU es una agencia contrarrevolucionaria, enemiga de los derechos nacionales de los palestinos.

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