21/07/2005 | 909

Haití: asesinatos de las tropas de ocupación brasileñas

La Minustah (Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití) atacó una barriada de Puerto Príncipe —capital de Haití— en busca de lo que denominan “bandidos”. En la acción asesinaron entre 23 y 50 personas, muchos de ellos niños, mujeres, trabajadores que concurrían a realizar sus labores. Para el teniente general brasileño Augusto Heleno, la operación fue “un éxito”.


Al mejor estilo de las operaciones de las dictaduras o de los marines yanquis, las tropas brasileñas al mando de Heleno entraron en la madrugada del 6 de julio a Cité Soleil (la barriada popular más grande de Puerto Príncipe). El objetivo oficial era detener a Emmanuel Wilner “alias Dread Wilmé”, un supuesto jefe de “bandidos” que —según el gobierno de facto de Haití y los jefes de la Minustah— con sus lugartenientes siembran el terror en la capital y otras regiones del país.


Montados en 40 blindados y 2 helicópteros, los 350 hombres fuertemente armados atacaron a la población civil, con fuego de ametralladoras, tanques y gases lacrimógenos. La ofensiva “de los pacificadores brasileños”, que contó con el apoyo en la retaguardia de la policía haitiana, llegó al interior de las humildes viviendas de la barriada —muchas de ellas están construidas con chapas de cartón y latas—; también atacaron galpones, una iglesia y una escuela. Al mismo tiempo que desataban el brutal ataque, las tropas bloquearon los callejones de la barriada encerrando en una trampa de fuego y plomo a sus habitantes según los testigos, a muchos que intentaban huir los soldados les disparaban por la espalda. Entre los muertos se cuentan niños, mujeres y trabajadores que a esa hora iban a sus lugares de labor. Los heridos se cuentan por cientos.


Haití, el país más pobre de América, tiene una élite económica-mafiosa con probadas relaciones con el imperialismo estadounidense. La misión de la ONU, los famosos Cascos Azules, bajo los cuales marchan tropas de Brasil, Chile y Argentina, está lejos de resolver los problemas de violencia generados por los paramilitares y las bandas apoyadas por Washington. En junio, más de 100 personas fueron secuestradas en Puerto Príncipe. Y ya se adelanta que julio marcará un nuevo récord en secuestros y asesinatos. Al mismo tiempo, el hambre endémica, el analfabetismo, las muertes por desnutrición y enfermedades derivadas de la pobreza azotan a la inmensa mayoría de los ocho millones de haitianos.


Este es el país que los mercenarios argentinos, brasileños y chilenos fueron a “pacificar”. Luego de la masacre, el teniente general Augusto Heleno reivindicó la operación como un “éxito”, y horas más tarde fue entrevistado por el profesor de colegio de San Francisco Seth Donnelly, que estaba en Haití participando en una delegación por los derechos humanos. Donnelly dijo: “El teniente general Augusto Heleno inicialmente nos desafió preguntando para qué nos preocupábamos de los derechos de los ‘bandidos’ y no de la ‘fuerza legal’”. Pareció desdeñar los testimonios de la comunidad ligándolos a la hostilidad y los ataques de “bandas” a las fuerzas de la ONU. En el fondo, dice que la comunidad de Puerto Príncipe es en sí una ‘comunidad bandida’. Además de Donnelly, la organización humanitaria estadounidens Labor Human Rights fue también testigo de la acción pacificadora de los invasores.

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