07/01/2010 | 1114

Invierno caliente en Italia

Ocupaciones de fábrica contra los despidos y cierres de empresas
Por Lucas Poy

Aunque las primeras planas estuvieron ocupadas por las agresiones a Berlusconi y al Papa, el comienzo de año encuentra a Italia atravesada por decenas de ocupaciones de fábricas. Lo más importante está por venir, porque la Fiat acaba de confirmar que cerrará una de sus principales plantas en el país.

Ante una crisis que impacta directamente sobre los trabajadores -los pedidos de subsidio al desempleo subieron un 322% entre octubre de 2008 y el mismo mes de este año (La Repubblica, 24/11)- la agitación obrera viene creciendo desde hace varios meses: el punto de partida fue dado por la larga lucha de los trabajadores de la metalúrgica Innse, en Milán, que ocuparon la fábrica ante un intento de vaciamiento patronal, resistieron varios intentos de desalojo y lograron una victoria cuando, en octubre, otro grupo empresario compró la fábrica con el compromiso de mantener los puestos a los 41 trabajadores.

El ejemplo se ha extendido a lo largo y a lo ancho del país. Desde hace cuarenta días, los 200 trabajadores del Ispra (un instituto de investigaciones ambientales de Roma) mantienen ocupado su lugar de trabajo ante la decisión de despedir a todo el personal: pasaron las fiestas en los techos del instituto, que ha sido cercado y tiene una amenaza de desalojo. También siguen con la ocupación los trabajadores informáticos de la ex Eutelia, en las afueras de Roma. En los últimos días se sumaron los cien trabajadores de Ave Industries, una embotelladora de las afueras de Venecia que amenazó con deshacerse de la mitad de su personal. En la otra punta del país, centenares de trabajadores pasaron las fiestas en vigilias y medidas de lucha ante las amenazas de cierres y despidos en la zona industrial del sur de la isla de Cerdeña. En el pueblo sardo de Portovesme, los trabajadores ocuparon el mes pasado la sede de la multinacional Alcoa, productora de aluminio, que anunció que cerrará el 7 de enero sus plantas en Italia, dejando en la calle a 2.000 trabajadores, si no le conceden una tarifa energética más baja.

La madre de todas las batallas

Después de varios meses de trascendidos, el 23 de diciembre el presidente de la Fiat confirmó lo que ya era un secreto a voces: que la planta que la empresa tiene en Sicilia y emplea a más de 1.300 trabajadores será cerrada definitivamente en 2011. El desguace de sus plantas industriales en Italia se ha convertido para la Fiat en un objetivo crítico. Cuando a mitad de año se anunció el “rescate” de la quebrada Chrysler por parte de la centenaria automotriz italiana, desde estas páginas se señaló que poco tenían para festejar los italianos ante esa aparente señal de “fortaleza” de una de sus empresas símbolo. Se trataba en realidad de emprender, con Fiat como socio, una reestructuración general de la producción a nivel internacional, en un contexto de sobreproducción del mercado. “Integrada a Chrysler o a GM, Fiat deberá constituir una plataforma común de producción internacional, lo que significará cerrar establecimientos en Italia y reducir los ‘costes laborales’ en la madre patria” (PON2 1.082, 7/5).

De eso se trata. Fiat anunció que el modelo que actualmente ensambla su planta de Sicilia será fabricado en Polonia y acaba de cerrar un convenio con el gobierno serbio, por el cual comprará el 67% de una antigua empresa automotriz estatal y producirá en ese país 200 mil vehículos por año a partir de 2011. El presidente serbio tuvo el gesto de acercarse a la planta de Fiat en Torino, desde luego, porque favor con favor se paga: el país de los Balcanes acaba de pedir su ingreso a la Unión Europea e Italia es el principal defensor de la iniciativa.

Mientras el presidente de la Fiat anunciaba en la sede del gobierno sus planes de “reestructuración”, centenares de trabajadores se concentraron afuera, en el centro de Roma, reclamando el mantenimiento de los puestos de trabajo. El secretario de la Fiom (Federación Obrera Metalúrgica) de la planta de Sicilia “propone la ocupación inmediata del establecimiento y la huelga para frenar la producción”, porque “no se puede seguir trabajando sabiendo que en dos años se acaba todo” (Ansa, 24/12).

No es la única planta de la Fiat en conflicto: en noviembre se anunció el cierre de la planta de Arese, en Milán, y el traslado de sus más de doscientos obreros a Torino. Desde mediados de diciembre, 92 trabajadores de la planta de Pomigliano -donde arrecian las suspensiones y la mayoría cobra el subsidio estatal al desempleo- están ocupando la municipalidad ante el anuncio de que no les renovarán el contrato. La respuesta de la clase obrera italiana puede convertirse en un factor de la crisis política del país y un elemento de la situación política europea, en el contexto de las sacudidas de la crisis mundial.

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