20/11/2003 | 826

Irak: La puerta N° 12 de Bush

El fracaso de la ocupación de Irak como un diseño estratégico es un hecho indiscutible, incluso para el propio gobierno norteamericano.


Los últimos golpes resonantes de la resistencia iraquí desataron en Washington un clima de «nerviosismo y temor» (Le Monde, 8/11); el próconsul Bremer fue llamado de urgencia a Washington para una serie de reuniones de emergencia. Powell declaró que «Estados Unidos enfrenta una insurrección» y un informe de la CIA señala que la resistencia iraquí está creciendo en armas, hombres, medios y coordinación. Las respuestas militares norteamericanas son inocuas porque «Estados Unidos carece de un perfil de la creciente insurgencia» (Financial Times, 6/11), es decir que no sabe a quién combate.


En el plano político, el empantanamiento también es notable. Estados Unidos acusó al Consejo de Gobierno Transitorio de «ser un obstáculo para el progreso» porque bloqueó el acuerdo establecido entre Estados Unidos y Turquía para desplazar 10.000 soldados turcos en territorio iraquí, lo que constituye «un serio golpe para los intentos de Estados Unidos de ganar apoyo internacional y refleja un fracaso de Bremer» (Financial Times, 8/11). En respuesta, el canciller del Gobierno Transitorio, acusó a las «luchas políticas del gobierno norteamericano» por el deterioro de la situación en Irak (Financial Times, 12/11).


Efectivamente, las disputas en el seno del gobierno norteamericano son incesantes. La última manifestación de esto fue la decisión de Bush de sacar el control de las operaciones en Irak al Pentágono (Rumsfeld) para transferirlo al Consejo de Seguridad Nacional encabezado por Condolezza Rice; 62 parlamentarios demócratas han pedido el despido de Rumsfeld. Las divergencias en el Pentágono y en el gobierno norteamericano, dice El País (8/11), «paralizan la reconstrucción».


En el plano diplomático también se acumulan los fracasos: Japón se sumó a la lista de los países que desistieron de enviar tropas a Irak y la «conferencia de Madrid» aprobó donaciones por apenas 4.000 millones de dólares, una cifra irrisoria que refleja el «escepticismo» frente a la situación en Irak y, además, el rechazo «al monopolio norteamericano de los contratos y la poca transparencia en el manejo de los recursos» (Financial Times, 27/10).


Los atentados en Arabia Saudita y la crisis en Palestina ponen en evidencia una crisis política de conjunto del Medio Oriente. El apoyo norteamericano a Sharon, a la construcción del muro, a los asesinatos y represalias y a la construcción de nuevos asentamientos sionistas en Palestina, han entrado en contradicción con la precariedad de su situación en el conjunto de la región y con su creciente crisis interior.


Ahora, Bush ha decidido «acelerar la transición», lo cual no significa nada.


Un editorialista del Corriere della Sera (13/11) compara la resolución de Bush de «acelerar la transición» con la política adoptada por Nixon y Kissinger «cuando comprendieron que no podrían ganar la guerra de Vietnam»: «dejar el conflicto a los ‘locales’ y salir por la puerta de servicio» (…) Pero si la‘vietnamización’ fue seguida de un acuerdo para evitar la propagación de la crisis en el sudeste asiático, la ‘irakización’ sería el prólogo a varias crisis revolucionarias en el cercano Oriente.


Fared Zakaria, ex director de la revista Foreign Affairs, advierte que «no tenemos a quien transferirle el poder, porque hemos creado la fantasía de que existe un gobierno iraquí al que podamos entregarle el mando. Los 25 miembros de este Consejo nombrados por Estados Unidos no han trabajado juntos en su vida, un tercio son exiliados que nunca han vivido en el país. ¿Esta gente va a gobernar Irak? ¿Cómo, quién se ocupará de la seguridad?» (El País, 11/11).


El pantano iraquí se está revelando insuperable para el imperialismo norteamericano.

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