21/04/2011 | 1173

Israel: «el fin del capítulo sionista de nuestra historia»

El investigador Amnon Soffer cree que, en 2030, la población ultraortodoxa y la sionista religiosa será mayoría. Según él, este fenómeno condenará al Estado judío a la pobreza.

Israel experimenta en los últimos años un rápido cambio demográfico que lo condenará a la pobreza y amenaza su existencia como sociedad occidental y democrática, según lo revela un estudio de la Universidad de Haifa.

«Israel está camino a convertirse en un Estado religioso, lo que amenaza su propia existencia», afirma el estudio realizado por el investigador Amnon Soffer, uno de los principales demógrafos de Israel y jefe de la cátedra de Geoestrategia de esa universidad. En un informe titulado «Israel 2010-2030: camino de un Estado religioso», Soffer analiza la evolución de los distintos grupos que conviven en el país y llega a la conclusión de que, en 2030, la población ultraortodoxa y la llamada sionista-religiosa será mayoría.

En Israel viven 7,2 millones de habitantes, de los que 5,6 millones son judíos, 1,2 millón árabes de origen palestino y el resto pertenece a las minorías drusa, circasiana y grupos no definidos.

Soffer, quien en el pasado ha analizado en profundidad la evolución de la minoría árabe frente a la mayoría judía, pone ahora especial énfasis en esta última y describe las consecuencias que tendrán los cambios demográficos. «En 2030, los ultraortodoxos serán más de un millón de habitantes» prevé, al alertar que su ritmo de crecimiento natural de entre seis y siete por ciento representará «una mayor carga para las instituciones de gobierno» de las que viven.

La comunidad ortodoxa no suele trabajar, porque dedica su tiempo al estudio de la Torá. Las arcas públicas la remuneran con todo tipo de pensiones, ayudas sociales, exenciones fiscales y beneficios por número de hijos.

«Las diferencias en el aporte de cada grupo a la fuerza laboral no sólo va creando una dependencia absoluta de los mantenidos en los que mantienen (los seculares), sino una creciente desigualdad, insatisfacción, resentimiento y sensación de asfixia entre los que pagan los impuestos», advierte.

Al impacto en la productividad, se suma una reorientación ideológica a nivel nacional. Gran parte de este grupo es de inclinación nacionalista, punta de lanza de la ideología del Gran Israel y la colonización de territorios palestinos ocupados.

Por su forma de vida y creencias, «ambos grupos traen muchos hijos al mundo y seguirán trayéndolos», prevé el investigador y pone de ejemplo el caso de Jerusalén, donde la inmensa mayoría de los niños en edad preescolar son ultraortodoxos.

«Este año alrededor del 40 por ciento de los niños nacidos en todo Israel serán ultraortodoxos y si a ellos les añadimos los que son sionistas-religiosos (un porcentaje similar), el resultado es que los laicos están desapareciendo».

La línea de este investigador laico tiene también un fuerte contenido reaccionario: por ejemplo, recomendó al ex primer ministro Ariel Sharon «separar» a Israel de Cisjordania porque la población palestina en el territorio al oeste del río Jordán se equipara a la judía. Sharon ordenó en 2002 levantar el polémico muro de Cisjordania. Sus recomendaciones fueron asumidas también por el ex premier Ehud Olmert; la titular del partido Kadima, Tzipi Livni, dijo haberse «sorprendido» de sus previsiones.

Ante el fenómeno de la «ortodoxización», Soffer implora que «la población laica no huya del país». No se ve cómo, en este marco, podría prosperar su propuesta de apoyar la educación pública (que conduzca a la occidentalización y democratización de las juventudes ortodoxas y religiosas) -que es cada vez más influida y controlada por el clero (rabinos) ortodoxo.

«La pregunta es si mis nietos vivirán aquí dentro de veinte años. Si se van, el capítulo sionista de nuestra historia habrá llegado a su fin», sentencia.

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