08/10/2021

Jornada del 5 de octubre en Francia: escasa movilización y rico contenido

Corresponsal desde París

La movilización del 5 de octubre llamada por las centrales sindicales (a excepción obvia de la CFDT) y núcleos estudiantiles estuvo plena de contrastes. Por una parte, no fue un éxito de participación -en París, la manifestación reunió 6.500 personas según la policía y 25.000 según los sindicatos. A nivel nacional, las cifras son 85.000 y 160.000, respectivamente. Es modesto pero presentable. Sin embargo, por otro lado, las cifras son más interesantes en las ciudades de provincia y, sobre todo, las movilizaciones estuvieron caracterizadas en muchos casos por la participación juvenil, de sectores en huelga, de personal sanitario, de compañeras luchadoras; en resumen fueron animadas y se discutió mucho, a diferencia de las habituales marchas rutinarias de las mismas centrales sindicales.

Puede decirse que esta movilización fue quizás la última del ciclo de las centrales sindicales tradicionales y la primera (con el antecedente de los chalecos amarillos) que corresponde a las características actuales del proletariado, la juventud y los sectores oprimidos: precariedad y salarios de miseria, baja cualitativa de las condiciones de vida (vivienda, educación, salud), intervención militante de la mujer, rechazo a la conciliación de los sindicatos y partidos políticos tradicionales de la izquierda.

Tres meses de espera

El 12 de julio, el presidente Macron anunció su plan de batalla para el último tramo de su quinquenio. Se trataba de poner en ejecución la contrarreforma del seguro al parado, de lanzar el pase sanitario, de relanzar el proyecto sobre las jubilaciones.

Se trata de ataques muy profundos a la clase obrera y la población pobre. La reforma del seguro al parado reduce los montos del seguro para un millón de parados y lo anula para centenares de miles, empujando estos parados a la miseria social. El pase sanitario se propuso dividir a los trabajadores y la población pobre; la contrarreforma de las jubilaciones quiere retomar el proyecto de destrucción de este salario diferido de los trabajadores por un régimen de capitalización, proyecto que tuvo que congelar en el 2008 por la irrupción de los chalecos amarillos.

Sobre todo, estas medidas significan el lanzamiento de la campaña electoral de Macron. Las elecciones presidenciales están previstas para abril del 2022 y el presidente actual quiere imponerse como el candidato seguro de la burguesía, el que asegura la continuidad y el reforzamiento del Estado y la explotación capitalista, en un período histórico de crisis y de retroceso del imperialismo francés.

Ahora, más que en otras etapas, las luchas reivindicativas se tornan en enfrentamientos directos contra Macron y el Estado. Las burocracias sindicales tratan precisamente de evitar este enfrentamiento, comportándose como buenos alumnos de la estabilidad del orden burgués; le huyen como la peste a toda lucha política, a toda lucha reivindicativa que puede afectar la estabilidad del orden burgués.

Las direcciones sindicales mantuvieron tranquilamente su calendario habitual. Dejaron pasar el verano y convocaron a su habitual “jornada de lucha” de la “rentrée” (reanudación de las actividades normales luego del verano y las vacaciones). Aquí no ha pasado nada y Macron es un accidente más de la historia. No hay crisis, no hay descomposición del régimen burgués.

La única movilización que se produjo durante el verano fue la de los sábados consecutivos -que llegó a reunir 200.000 personas- contra el pase sanitario. Ninguna organización sindical ni los grandes partidos parlamentarios de la izquierda a nivel nacional llamaron a estas movilizaciones ni trataron de darles una orientación política obrera independiente. Quedó así libre el camino para que organizaciones de derecha y de extrema derecha trataran de copar el movimiento y de darle un objetivo retrógrado de oposición a la vacuna contra la Covid.

Así llegamos a la jornada del 5 de octubre, sin preparación, sin agitación, sin organización previa.

Por el rearme del movimiento obrero

El ajuste que prepara la burguesía francesa es terrible. El próximo presupuesto anuncia una deuda pública y un déficit que se fueron a las nubes. Las medidas de austeridad comienzan a emerger pero el festín vendrá luego de las elecciones presidenciales de abril. Además, el presupuesto militar y policial, la represión internacional y nacional, seguirán creciendo. La educación, la construcción de viviendas sociales, la salud… serán sacrificadas y esta vez los cortes llegarán al hueso, como nunca antes. Es el programa básico del presidente, ante sindicatos que han perdido legalmente una parte importante de su poder de negociación y de margen para ser socios de estos ajustes; serán solamente comparsas.

El movimiento obrero tiene que reorganizarse a partir de los lugares de trabajo y en la lucha por disponer de organizaciones de lucha de clases. Hay que organizar tendencias combativas, coordinar conflictos, organizar asambleas, lanzar iniciativas nacionales. Así lo muestran ya las huelgas en curso, como Transdev en el sector de los transportes, y otros.

Las luchas reivindicativas confluyen y concluirán mucho más en el futuro, con los combates estudiantiles contra la destrucción de la educación, con las movilizaciones contra la represión cada vez más salvaje y, por qué no, contra las intervenciones imperialistas, la xenofobia, la persecución de los inmigrantes y las provocaciones contra la juventud de los barrios populares.

Esto supone también un rearme político de los grupos militantes y de lucha de clases. Hay que terminar con el nacionalismo barato de La France Insoumise, que llega a apoyar el armamentismo si las armas son producidas en Francia y que instila el sometimiento al orden burgués al proclamar la superioridad del “pueblo” francés gracias a la revolución de 1789 y la disolución del movimiento obrero. Y hay que darle la espalda también al NPA y sus políticas de adaptación a la LFI y las direcciones sindicales. Para la jornada del 5 de octubre, por ejemplo, su volante llamaba simple y únicamente a seguir las consignas de la burocracia: “Empleo, salarios, derechos sociales. El 5 de octubre, todos y todas en huelga y en la calle”. Faltaba agregar, pero es obvio, “con las actuales direcciones y sus métodos”.

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