13/12/2000 | 692

La agonía del Mercosur

Apenas EE.UU. anunció que habían comenzado las negociaciones con Chile para conformar una «zona de libre comercio» con el Nafta (asociación de EE.UU., Canadá y México) y para darle «un ímpetu adicional a las negociaciones para el Alca (Area de Libre Comercio en las Américas)», estalló una fenomenal crisis política en el Mercosur.


No sólo porque con esa decisión Chile retrocedía al planteo de incorporarse en forma plena al Mercosur, sino porque rápidamente los gobiernos de la Argentina y Brasil entraron en choque en torno a la respuesta que debía darse a la decisión chilena.


Mientras el ministro argentino José Luis Machinea decía que había «que felicitar a Chile», el canciller brasileño planteó que «las negociaciones llevadas a cabo hasta ahora (para el ingreso de Chile al Mercosur) quedan interrumpidas ya que la decisión de Chile de ingresar al Nafta es incompatible con el Mercosur». Machinea fue inclusive más lejos cuando planteó que había que imitar el ejemplo chileno. Como reveló Clarín (7/12), «los hombres de Economía le hacen saber a sus colegas norteamericanos que miran al Norte y que la apuesta fuerte es el Alca», en tanto adjudicaba al canciller, Rodríguez Giavarini, una posición más contemporizadora con la postura brasileña. Según el periodista Joaquín Morales Solá, la Argentina ha planteado «adelantar el lanzamiento del Alca para mediados o fines del 2003, dos años antes del plazo que establecieron los presidentes americanos» (La Nación, 5/12).


Brasilia no solamente postergó por un año las tratativas para el ingreso de Chile al Mercosur, sino que, lo hizo sin consultar a la Argentina. «En Buenos Aires, la sentencia brasileña fue un baldazo de agua fría sin preaviso… La postura oficial del canciller Adalberto Rodríguez Giavarini era esperar a la reunión que los presidentes del Mercosur mantendrán el próximo jueves en Florianópolis para tomar una decisión consensuada, pero sobre todo más calmada sobre el asunto» (Clarín, 9/12).


La cosa no termina aquí. El acuerdo chileno con EE.UU. «fue recibido con satisfacción por el gobierno de Uruguay ya que se entiende que ello contribuye con el objetivo del presidente Jorge Batlle de acelerar la formación de un área de comercio continental» (La Nación, 4/12).


Lo que está en juego


La propuesta de conformar un área de libre comercio de Alaska a Tierra del Fuego (sin Cuba) fue lanzada por el ex presidente de EE.UU. George Bush, en junio de 1990. En 1994, en una cumbre de presidentes del continente se acordó que el Alca debía estar definitivamente constituido en el 2005. Para eso se convino iniciar rápidamente las negociaciones. Sin embargo, esas negociaciones no llegaron a prosperar, como se puso de relieve en la cumbre de presidentes realizada en Chile en 1998.


¿Qué pasó?


El objetivo del imperialismo norteamericano con el Alca es que los países latinoamericanos abran más sus economías a los capitales yanquis en detrimento de los europeos y asiáticos. En particular en los servicios financieros (bancos, seguros, jubilación, teléfonos, etc.) y en la propiedad intelectual.


Pero cuando Clinton pidió autorización al Congreso norteamericano para llevar adelante esas negociaciones por la llamada «vía rápida» (fast track), los congresistas yanquis se opusieron. ¿La razón? Que el Congreso no está dispuesto, en contra partida, a abrir el mercado norteamericano a los productos latinoamericanos o a que los productos europeos y asiáticos puedan ingresar a EE.UU. vía América Latina. Hace cinco años, EE.UU. trataba de imponer sus pretensiones comerciales a China y al resto de los países asiáticos, aprovechando la crisis económica y financiera de Japón y del sudeste asiático.


Mercosur


Habiendo avanzado ya en el acuerdo con China, EE.UU. ha retomado su ofensiva en América Latina. Como planteó en su momento Henry Kissinger (5/5/98), «un área sudamericana de libre comercio está claramente emergiendo bajo el liderazgo de Brasil. Para los EE.UU., el éxito económico del Alca significa, básicamente, el acceso al mercado brasileño y, no olvidemos, a las franjas de los mercados latinoamericanos hoy ocupados por Brasil». El ex canciller norteamericano también planteó la importancia del Alca como un freno a los acuerdos del Mercosur con la Unión Europea. Ahora, el Alca también apunta a Cuba.


Está claro que la jugada norteamericana-chilena ha acelerado los choques dentro del Mercosur, como lo revelan las posiciones de la Argentina y Uruguay, más proclives a la presión yanqui. Pero también hay otros choques, como el que protagonizaron la Argentina y Brasil cuando en octubre pasado este último país rechazó la propuesta de Machinea de rebajar 3 puntos el arancel externo común del Mercosur. Además, están todos los otros choques comerciales, como en autos, pollos, azúcar…


La oposición brasileña no es, sin embargo, frontal, sino un regateo. Quiere liderar a América Latina para arrancar un trato privilegiado en el reparto del mercado latinoamericano. La deserción argentina y uruguaya anticipa las pocas chances brasileñas.


Está claro que el destino del Mercosur está sellado. La disyuntiva sigue siendo: colonización yanqui o unidad de América Latina. Esta última es una grandiosa y gigantesca tarea que sólo podrán concretar los gobiernos obreros.

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