02/05/1995 | 446

La burocracia levanta la huelga, sigue la huelga

Diez días después de la imposición del Estado de Sitio y a pesar de los centenares de dirigentes y activistas obreros, campesinos y estudiantiles detenidos y confinados a los rincones más remotos del país; a pesar de la “desaparición” de militantes estudiantiles y campesinos; a pesar de la suspensión de todas las actividades políticas y sindicales; a pesar de la imposición del “toque de queda”; a pesar de toda la barbarie represiva desencadenada por el Estado burgués contra los explotados, el gobierno proimperialista boliviano no ha podido quebrar la huelga docente ni frenar la movilización campesina.


Después de casi dos semanas de Estado de Sitio, las escuelas seguían cerradas, los campesinos seguían bloqueando los caminos y resistiendo la militarización del campo. En esos diez días se registraron enfrentamientos con la policía, una huelga de los trabajadores de prensa y el comienzo de huelgas de hambre de los estudiantes universitarios y de los familiares de los detenidos y confinados. En el magisterio, el descuento de los días de huelga echó más leña al fuego. El Estado de Sitio, lejos de amedrentar y hacer retroceder a los explotados bolivianos, les dio un punto de confluencia y unión.


La Iglesia fue la primera en percibir el fracaso del Estado de Sitio. Por eso, el diario de la curia —Presencia— comenzó a denunciar el “abuso de las medidas de excepción” por parte del gobierno (23/4). Bajo la directa supervisión de la Conferencia Episcopal, el gobierno intentó salir de la impasse de un Estado de Sitio que no “sitiaba” a nadie, mediante una maniobra política que contó con la colaboración y complicidad de la burocracia sindical.


En la más absoluta clandestinidad, el gobierno llegó a un “acuerdo”  con los dirigentes de la COB que no habían sido detenidos, para levantar la huelga docente.


El “acuerdo” revela la completa debilidad del gobierno y su orfandad política: debió esconder sus negociaciones a los ojos de la opinión pública.


El gobierno se desmorona también ante las presiones imperialistas, sobre todo para la erradicación de los cultivos de coca. El imperialismo ha amenazado con el corte de los créditos y hasta con la intervención militar si Sánchez de Lozada no cumple sus “obligaciones”.  A la catarata de reclamos y patoteadas yanquis se ha sumado, en las últimas horas, la denuncia de “piratería intelectual”  de programas de computadora, películas y videos y la amenaza, otra vez, de sanciones comerciales.


El gobierno no puede prescindir del Estado de Sitio, pues “gracias (al Estado de Sitio) desapareció de las calles la acción directa que impedía prosperar la negociación que planteaban otros sectores” (Presencia, 30/4).


Una maniobra sin futuro


El “acuerdo” no da satisfacción a la inmensa mayoría de las reivindicaciones populares, en primer lugar el levantamiento del Estado de Sitio, la liberación de los detenidos y confinados y el retiro del Ejército de las regiones campesinas. Deja en pie la Reforma Educativa, la política de miseria salarial oficial, la política de privatización de las empresas públicas y de la previsión social y el compromiso oficial de cumplir sus acuerdos con el imperialismo norteamericano de erradicar, “a como dé lugar”, varios miles de hectáreas de plantaciones de coca. Los propios promotores del “acuerdo” deben reconocer que “existen muchas demandas que están pendientes de resolución” (Presencia, 30/4).


Mientras tanto, el gobierno debió recular de su prohibición inicial de la celebración del acto obrero del 1º de Mayo y tuvo que aceptar, a regañadientes, la realización del acto de la COB, que había anunciado su decisión de realizarlo pese a la expresa prohibición oficial.


La Confederación de Maestros Urbanos de Bolivia ha señalado “su total desacuerdo y  molestia por la actitud inconsulta de los dirigentes de la COB que firmaron el documento que determina la normalización de las tareas laborales”; los docentes rurales —uno de los sectores de vanguardia de la huelga docente— tampoco aceptan el “acuerdo” y el magisterio de La Paz “expresó su indignación y rechazo a la firma del acuerdo y califica de sometimiento al gobierno la actitud de los dirigentes de la COB” (Presencia, 30/4).


Los campesinos tampoco han retrocedido: mantienen su negativa a la erradicación forzosa de los cocales, siguen denunciando la militarización de los campos y continúan llamando al bloqueo de caminos.


La situación en Bolivia es explosiva. La unidad organizada de la lucha de los docentes y de los trabajadores de las ciudades con la lucha de los campesinos, es el camino a la victoria.

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