19/10/2018

La caravana migratoria que desnuda a Trump y al imperialismo

La partida de una caravana con miles de migrantes centroamericanos con destino a Estados Unidos ha desatado una crisis en la región y ha puesto en evidencia un drama social semejante al que se vive en otras regiones del mundo como el Mediterráneo.


La “Caminata del Migrante” –organizada por un ex diputado hondureño- partió desde la ciudad hondureña de San Pedro Sula y actualmente se encuentra en la frontera entre Guatemala y México. Las familias que integran la caravana duermen en tiendas de campaña o en polideportivos y huyen de la descomposición social en sus países de origen. “Esto es el principio de una avalancha que se viene, porque ya no soportamos tanta violencia”, testimonió una de las integrantes de la caravana a una agencia de noticias.


Trump amenazó a los países del triángulo norte centroamericano (Honduras, El Salvador y Guatemala) con cortar la asistencia económica si no detienen el fenómeno migratorio. Y en el caso de México, amenazó con el despliegue de militares, el cierre de la frontera sur y la anulación del tratado de libre comercio recientemente renegociado.


Esta presión ha surtido su efecto sobre estos gobiernos. El gobierno guatemalteco arrestó a Bartolo Fuentes, un ex diputado hondureño que está al frente de la caravana y será deportado a su país de origen. El gobierno hondureño, en tanto, salió a atacar por los medios la caravana y a acusarla de ‘desestabilizadora’. Y al ex presidente Manuel Zelaya, de estar detrás de ella.


En marzo pasado, una caravana semejante a la actual no pudo llegar a la frontera debido a las amenazas de Trump, que empujaron al gobierno mexicano a disolverla cuando esta arribó al Distrito Federal.


Descomposición


El imperialismo es el máximo responsable de la descomposición social en Centroamérica que está en la base de la estampida migratoria de los últimos años. Las políticas de acuerdos de libre comercio han destruido sus economías y han acentuado la pobreza, que en Honduras abarca al 65% de la población. El ingreso de remesas de los habitantes en el exterior se ha transformado en una fuente de divisas clave para estos países. A su vez, el imperialismo ha sido la principal fuente de desestabilización política regional, por medio de golpes de Estado y del apoyo de regímenes títeres que han conducido a la zona a los índices de homicidios más altos del mundo y a la proliferación de bandas armadas.


En el caso de Honduras, el país del que parte la caravana, el gobierno yanqui apoya al gobierno de Juan Orlando Hernández, que retuvo el poder por medio de un fraude escandaloso y una masacre contra la población movilizada. Y estuvo detrás del golpe contra Zelaya en 2009.


En el caso de México, el imperialismo impulsó las políticas de militarización en la lucha antinarco que transformaron el país en un gigantesco cementerio, con más de 100 mil muertos. Este injerencismo continúa ahora de la mano del debate de una ‘agenda de seguridad’ común. En una columna de opinión en el diario El Universal (18/10), un diplomático mexicano advierte sobre la posibilidad de que los yanquis pretendan desplegar efectivos propios en el territorio mexicano como parte del combate contra los carteles de Sinaloa y Jalisco-Nueva Generación.


Del mismo modo que en Europa, la política exterior del imperialismo es un factor disolvente que opera como un búmeran que se vuelve contra su propio territorio.


“Trumpismo”


Por eso mismo, la salida represiva que postula Trump no tiene ninguna perspectiva. El recorte de fondos a los países centroamericanos sólo agravaría la situación social y por ende el drama migratorio que dice querer combatir. La amenaza de restaurar la cruel política de separación de los padres migrantes de sus hijos como un método de disuasión sólo atizará el odio de las masas.


Trump exige al Congreso un endurecimiento de las políticas migratorias y al hacerlo abre un debate al interior del imperialismo. Existe un sector de la burguesía, como las tecnológicas, que han criticado el aislacionismo del magnate porque dependen de la mano de obra barata extranjera, en muchos casos altamente calificada.


En cualquier caso, lo cierto es que el endurecimiento de la política migratoria bajo las administraciones de Bush y Obama (que deportó a 3 millones de migrantes bajo su mandato) no ha servido para reducir la demanda de los que buscan llegar a EEUU. México ha sido socio en esta política expulsiva: en 2015, por ejemplo, deportó 140 mil migrantes centroamericanos que habían ingresado a su territorio (Contralínea México, 19/2).


El capitalismo muestra su senilidad histórica en una crisis de refugiados y desplazados en el mundo que en sus números se asemeja a los de la Segunda Guerra. Los trabajadores de los distintos países no deben dejarse desunir por el mensaje xenófobo que impulsan sus gobiernos. Deben mantenerse unidos y volver su furia contra ellos.

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