20/06/2002 | 759

La crisis alimentaria en el auge de la biotecnología

La «cumbre mundial contra el hambre» realizada en Roma fue un completo fracaso, reconocieron sus propios organizadores.


Los 4.000 delegados convocados por la FAO (la organización alimentaria mundial, dependiente de la ONU) constataron el incumplimiento de los planes votados en la «cumbre» anterior, en 1996, tendientes a reducir a la mitad el número de personas desnutridas en el 2015. Este objetivo tan modesto ha sido pospuesto para el 2035…


En el mundo hay 850 millones de personas cuya ración alimentaria diaria es inferior a las 2.400 calorías, el mínimo de subsistencia. Aunque algunos países lograron reducir sus índices de desnutrición, la situación de conjunto empeoró drásticamente, en especial en Africa, donde el número de hambrientos creció en 30 millones en la última década. Cada año mueren 8 millones de personas por desnutrición, la mayoría niños; el 70 por ciento de los hambrientos se concentra en las zonas rurales de los países atrasados.


Mientras la «cumbre» fracasa, la hambruna arrasa Africa central y del sur: las estimaciones de la población que requiere ayuda «urgente» para no morir de hambre se cuadruplicó en los últimos años: de 2,5 millones saltó a diez millones y se adelanta que saltará a 20 en los próximos meses.


El objetivo de obtener una «ayuda» adicional de 24.000 millones de dólares anuales para enfrentar la crisis es simplemente una quimera: en los últimos años, la «ayuda» de los países imperialistas se redujo a la mitad (de 16.000 a 9.000 millones de dólares). Los «líderes mundiales» no se hicieron ver en la «cumbre» de Roma.


El fracaso de la «liberalización»


A pesar del fracaso, la FAO insistió en la política fracasada: como en el ’96, el documento aprobado afirma que la solución al hambre pasa por la «liberación» del comercio agrícola y de los flujos de capital.


Según la teoría oficial, la «liberalización del comercio» permitiría a los países del «Tercer Mundo» colocar su producción agrícola en los países imperialistas; al mismo tiempo, la «liberalización de los flujos de capital» permitiría aumentar las inversiones en el sector agrícola de los países atrasados.


Mientras tanto, la sobreproducción mundial de alimentos derrumbó los precios de los productos agrícolas, empobreciendo a los países productores. La caída del precio del café, del 65% entre 1997 y la actualidad, por ejemplo, empobreció a 25 millones de familias campesinas. Los subsidios a la agricultura en los países imperialistas – Estados Unidos y la Unión Europea – profundizan la depresión de los precios. Estados Unidos acaba de aprobar subsidios del orden de los 190.000 millones de dólares para los próximos diez años, lo que será otro golpe demoledor para millones de productores agrícolas en los países atrasados.


Pero incluso la eliminación de los subsidios agrícolas no resolvería el problema. El acceso a los mercados no es «libre» sino que se encuentra monopolizado por un pequeño número de pulpos que se llevan la parte del león del comercio internacional. El mercado del café, por ejemplo, está en manos de cinco grandes compañías internacionales; el número de las que monopolizan el comercio mundial de granos no es mayor.


Victoria de los lobbys agroquímicos


El imperialismo norteamericano desarrolló una importante movilización política para imponer en Roma la «liberación» del comercio mundial de granos genéticamente modificados, insistentemente reclamada por el gobierno norteamericano, con el respaldo de Gran Bretaña, Canadá, Australia y Argentina.


La resolución aprobada establece la «promoción de la utilización de la biotecnología y de las semillas genéticamente modificadas», lo que significa un gran triunfo para el puñado de grandes laboratorios, como el norteamericano Monsanto o el alemán Bayer, que monopolizan la manipulación genética de alimentos.


Como muestra Argentina, la utilización de semillas genéticamente modificadas (más resistentes a las inclemencias climáticas) y de agroquímicos, determina un endeudamiento creciente que se transforma en quiebra directa como consecuencia de la baja de los precios provocada por la ampliación de una producción que no encuentra mercados; entre 1992 y 1999, años de gran aumento de la utilización de semillas genéticamente modificadas y de agroquímicos en el campo argentino, el número de pequeños y medianos productores rurales cayó de 170.000 a 116.000.


«Soberanía alimentaria»


Paralelamente a la «cumbre» oficial, un conjunto de ONG organizó una reunión «alternativa»… aunque no tanto: sus deliberaciones, como las oficiales, fueron abiertas por el director general de la FAO, el senegalés Jacques Diouf.


Las ONG opusieron a los «planes inoperantes» de la FAO, el concepto de «soberanía alimentaria», que se concentra en «priorizar la producción alimentaria para los mercados locales» (Le Monde, 12/6). Esto podría servir a los granjeros europeos o norteamericanos, pero de ninguna manera a los campesinos y los pueblos de América Latina o de Africa. ¿Cómo podría la agricultura de subsistencia africana garantizar la alimentación de sus propios pueblos? ¿Con qué recursos podrían desarrollar la producción agrícola los campesinos latinoamericanos?


La hambruna que azota a la humanidad es una manifestación extrema de la crisis mundial capitalista. Sólo liberándose de la dominación del capital, la humanidad explotada podrá liberarse de la condena del hambre.

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