14/11/2002 | 780

La crisis del capitalismo en Alemania, después de las elecciones

Gerhardt Schroèder prometió durante la campaña electoral no aumentar los impuestos y «defender las conquistas sociales» de los trabajadores. Pero después de ganar las elecciones pretende cubrir exactamente al revés el «agujero» fiscal de 14.000 millones de dólares. Naturalmente, el 56% de los alemanes «se siente traicionado por el canciller, (cuya) popularidad cae en picada» (El País, 30/10).


Schroèder ya anunció la reducción de 1.400.000 seguros de desempleo de larga duración; la extensión de la duración de los contratos temporarios de bajos salarios; un subsidio de 100.000 dólares a las empresas por cada desempleado que tomen por el lapso de un año. También adelantó que pretende retrasar la edad de retiro y «reformas de largo alcance en el mercado laboral» (Financial Times, 1/11) tendientes a «flexibilizar las condiciones de contratación».


Alemania enfrenta el «peligro de una deflación» (Financial Times, 14/9). La economía alemana está estancada; «las empresas están yendo a la quiebra en número récord» (Business Week, 2/9): en el primer semestre de este año, las quiebras crecieron un 30% respecto del año anterior, pero «el pico recién se alcanzará el año próximo» (Le Monde, 24/10). «Una proporción creciente de las empresas que van a la quiebra son curtidas empresas de más de un siglo de vida, (como) el banco Gontard, establecido en 1726» (ídem) y grandes grupos capitalistas como el imperio televisivo Kirsch, la constructora Holzmann, la fábrica de aviones Dornier, la de electrodomésticos Grundig o el conglomerado Babcock. En apenas 18 meses, la Bolsa alemana perdió el 45% de su valor. La caída estrepitosa de las acciones tecnológicas alemanas, y en particular de sus dos «joyas» –la MobilCom (en quiebra) y la fuertemente endeudada Deutsche Telekom–, llevó al cierre de la Nueva Bolsa de Frankfurt.


«No hay margen para salvatajes» (ídem): los bancos «tienen sus propios problemas y deben salvarse a sí mismos» (Business Week, 2/9). «Los bancos alemanes viven una crisis sin precedentes» (Le Monde, 22/5). El Deutsche Bank debió casi triplicar sus previsiones por incobrabilidad. Peor es la situación de otros de los grandes bancos, como el Commerzbank o el Dresdner, cuya cartera de créditos incobrables es considerada «extremadamente preocupante» (Financial Times, 14/4).Como consecuencia de la situación del Dresdner, las acciones del grupo Allianz, su propietario, perdieron el 63% de su valor en los últimos ocho meses. Los rumores acerca de una «crisis de liquidez» del Commerzbank estuvo a punto de desatar una «corrida bancaria» similar a la argentina o la uruguaya. La marcha de Alemania hacia la deflación es, también, una manifestación de la crisis del proceso de la «unidad europea».


Los dirigentes alemanes repiten a diario que «Alemania no es Japón». Recuerdan a los que en nuestras latitudes juraban que «Uruguay y Brasil no son Argentina».

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