02/08/2007 | 1003

La crisis financiera prosigue su curso


El derrumbe del mercado inmobiliario en Estados Unidos sigue provocando ‘víctimas’, pero ahora también en otros continentes. Bancos alemanes y fondos australianos con inversiones de ese tipo han registrado pérdidas equivalentes a más del 50% de su capital (Financial Times, 31/7). Un grupo norteamericano especializado en préstamos hipotecarios de riesgo (American Home Mortgage) vio caer su cotización de 60 dólares la acción a 1 dólar cuando anunció que no podía devolver 800 millones de dólares porque los bancos le retiraron la financiación con que había contado hasta ahora. Un columnista del FT imagina que estas noticias son positivas porque no han ‘contagiado’ al resto del mercado, lo que mostraría la consistencia de las instituciones financieras privadas. Claro que no se olvida de recordar que si el fenómeno persiste, el impacto podría ser simplemente demoledor. Henry Kaufman, un viejo zorro del mercado financiero internacional, creyó que era la ocasión para recordar que las vísperas de las grandes crisis se han caracterizado por una corrida desesperada para atrapar los últimos negocios disponibles —de modo que las subas intermitentes de las bolsas serían una señal de que el derrumbe inminente podría tener proporciones mayores (30/7).


“Huelga de inversiones”


Si la crisis estuviera confinada al mercado hipotecario las consecuencias serían muy importantes desde el momento que restarían capacidad de endeudamiento a los consumidores, lo cual empujaría a una recesión económica. Pero no es el caso. El mayor se está dando en la paralización del financiamiento de la compra de empresas, que en el primer trimestre de este año llegó a los 2,7 billones de dólares. De repente, el mercado se ha quedado seco para estas adquisiciones, dejando a los bancos con una cartera sin poder colocar de cerca de 100.000 millones de dólares. Ha paralizado la venta de Chrysler al fondo Cerebus, lo cual paraliza la salida de la automotriz de una situación de quiebra. En los últimos años, dice el último informe del Banco de Ajustes Internacionales, ha habido una “huelga de inversiones” —un dato espectacular para los que describen a un capitalismo en el apogeo de su pujanza. En lugar de invertir han salido a adquirir capital ya invertido, para lo cual han tomado deuda a una baja tasa de interés. En numerosos casos las empresas han recomprado sus propias acciones, para elevar su cotización. El componente especulativo de la operación queda ejemplificado en el siguiente dato: la captura del flujo de fondos de esas empresas rinde más que el pago de la deuda que sirvió para comprarlas. O sea que también esos fondos de las empresas son reinvertidos luego en el mercado financiero. El volumen de capital “en la forma de acciones, bonos y depósitos bancarios llegaría en 2010 a la friolera de 214 billones de dólares, 53% por encima de su nivel de 2005”. En la actualidad asciende a 150 billones de dólares, lo cual triplica el producto bruto mundial (Cronista, 30/7). Estamos claramente ante una sobreacumulación de capital sin precedentes que deberá manifestarse en un derrumbe generalizado. La conciencia de esta situación se manifiesta en una cifra contundente: en tanto que la inversión en seguros contra ‘defaults’ involucraba, en 2003, a capitales por un valor nominal de dos billones de dólares, hacia finales de 2006 ese valor era de 38 billones de dólares (The Wall Street Journal, 2/7). Como quiera que la demanda mundial ha sido impulsada, no por ampliaciones de capital sino por inversiones especulativas sobre el capital existente, es claro que el pinchazo a la ‘burbuja especulativa’ ha de resultar en una recesión que comenzará en Estados Unidos, pero que se extenderá internacionalmente. Es interesante observar la ‘despreocupación’ de algunos especuladores internacionales por el derrumbe inmobiliario cuando aun está fresca la experiencia japonesa, donde ese fenómeno dejó una deflación de precios y una depresión de cerca de veinte años, y una deuda pública de 15 billones de dólares, por los fondos que hubo que inyectar para salvar al capitalismo de la quiebra lisa y llana.


El ‘contagio’ inevitable del colapso en Estados Unidos lo revela el hecho de que una proporción elevada de los inversores en el mercado inmobiliario norteamericano son fondos extranjeros. China, Japón, los países petroleros y otros asiáticos reúnen reservas por tres billones de dólares, que al principio fueron invertidos en los bonos del Tesoro norteamericano, pero que luego fueron diversificados para obtener rendimientos mayores. Un fondo estatal chino y otro de Singapur han invertido en el fondo de inversiones norteamericano Blackstone y en el banco inglés Barclay’s —entre las operaciones más conocidas.


“Fundamentos”


Los ‘optimistas’ apuntan para sostener que la crisis se encuentra confinada a que los ‘fundamentos’ de la económía se encuentran sólidos. Citan, por ejemplo, las ganancias empresariales en Estados Unidos; el crecimiento previsto del producto bruto en la mayor parte del mundo; la confianza en que continuará indomable la demanda de los países emergentes. Pero el capitalismo es un sistema dinámico donde el derrumbe es precedido, precisamente, por un período eufórico, que descubre sus límites solamente después de que choca con ellos. Basta para refutar este diagnóstico la noción de que el impulso a la demanda, la producción y los beneficios resulta de un proceso especulativo que se desarrolla sobre una base cada vez más estrecha. Por ejemplo, si no fuera por el crédito el consumo personal en Estados Unidos ya se hubiera derrumbado debido al estancamiento de los salarios y de los ingresos por trabajos. El crédito hipotecario de bajo nivel que se está viniendo abajo forma parte de esa incentivación del consumo. Ahora la industria de la construcción se encuentra en recesión como resultado del desplomen financiero. Con relación a Asia valen las mismas consideraciones, como lo demuestra lo que viene ocurriendo en los últimos días con la caída de los mercado financieros de Asia y, recientemente, en China en dos o tres oportunidades. Según la información disponible, el cese de los créditos baratos facilitados por la recesión en Japón ha provocado un reflujo de fondos que ha hundido la especulación en los mercados asiáticos más activos y también, muy fuerte, en Australia y Nueva Zelanda.


Es claro que los ‘fundamentos’ están realmente en una seria crisis, si se consideran los desequilibrios en presencia. Un enorme déficit fiscal y comercial en Estados Unidos, con la contrapartida de abultadísimos superávit en casi todo el mundo. Un desequilibrio insostenible entre el capital acumulado mediante financiación bancaria y la capacidad de consumo final; la emisión monetaria norteamericana ha sido de un 25% anual en los últimos ocho años, contra un crecimiento promedio nominal del PBI del 6%. La emisión tiene un efecto multiplicador del crédito y la financiación varias veces superior. Los desequilibrios en China son aún más impresionantes, principalmente entre la inversión y el consumo; entre la financiación y la inversión; entre exportaciones e importaciones. China ha transferido una riqueza real absolutamente enorme al exterior al entregar bienes y productos contra divisas que no puede vender so pena de inundar su mercado con productos extranjeros o derribar la cotización del dólar.


Alternativas


En abstracto, es cierto, toda crisis permite imaginar diferentes salidas. Por ejemplo que los fondos soberanos de las naciones asiáticas, que se han formado con el exceso de divisas, pudieran comprar las propiedades o empresas o fondos comprometidos a precios cercanos a la quiebra o incluso a precios de rescate. Pero ningún gobierno capitalista permitiría semejante acaparamiento de capital nacional por capital extranjero. Otra ‘salida’ sería que los bancos centrales ‘ordenaran’ el mercado, regulando la disposición del crédito para operaciones de salvataje, pero esto significaría ‘premiar’ a unos capitales contra otros. Lo que está ocurriendo es exactamente lo contrario: mientras los fondos en crisis están especulando a la baja de los propios valores que tienen en su cartera, con la perspectiva de comprarlos después a un precio inferior al del mercado y realizar un beneficio —los bancos intentan refinanciar los créditos a la vivienda para evitar la cesación de pagos y con ello evitar también la caída de los títulos basados en hipotecas. Es decir que hay una quiebra en la cadena financiera, con una parte conspirando contra la otra y precipitando con ello nuevas bancarrotas.


Otra manifestación importante de una ruptura de las relaciones financieras es el proyecto de ley que está discutiendo el Senado de Estados Unidos para autorizar al Banco Central a intervenir en el mercado de cambios para proceder a una devaluación del dólar (Financial Times, 31/5) y con ello iniciar una guerra comercial y monetaria contra China y Japón, principalmente, y en general contra todos los países que tienen una ventaja monetaria competitiva contra Estados Unidos. Este proyecto ilustra un enfrentamiento dentro de Estados Unidos, entre los bancos de inversión, de un lado, que han aprovechado la burbuja especulativa para hacer grandes negocios, y una gran parte de la industria, por el otro, que está perdiendo participación en el mercado mundial


Un reciente estudio publicado por The Wall Street Journal (30/7) ilustra lo que pueden sacar de esto países como Argentina. Señala que la especulación infló los títulos de la deuda pública y las acciones de empresas de los ‘países emergentes’, de modo que el derrumbe en curso los ha dejado sobrevaluados. Lo que se sigue de aquí es una perspectiva de salida de capitales que podría precipitar una nueva crisis financiera en los países más vulnerables de Asia y América Latina. El país más ‘inflado’, si se puede decir así, es Brasil, cuya Bolsa ha crecido más que ninguna otra, a excepción de ¡Zimbabwe! (que tiene una inflación del 20.000%, pero donde en contrapartida hay una gigantesca transferencia de propiedades). Al comentar la caída de la Bolsa de Shangai, en mayo pasado, el Financial Times concluye en “que San Pablo pronto podría necesitar una corrección tanto como Shangai” (ver Cronista Comercial, 5/6).


Crisis Mundial


Obviamente, el prestamista de última instancia, la banca central norteamericana, podría intervenir con una baja de la tasa de interés y una inyección aun mayor de crédito. Según algunos banqueros (Cronista, 30/7) hay un “clamor” para que ello ocurra, que será resistido “mientras se pueda”. Es que abrir la canilla del crédito y de la emisión a un porcentaje mayor al actual puede acabar con la posición internacional del dólar. Hay países que ya han comenzado una lenta ‘desinversión’ de la tenencia de dólares, como Rusia o incluso Kuwait. En el reciente acuerdo para proveer armamento a Egipto y a Arabia Saudita, Bush advirtió a este último que no debía sacar los pies del billete verde. La crisis financiera se enlaza con una crisis política internacional.

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