11/12/2003 | 829

La «democracia infinita»

El Congreso Mundial convocado por el Movimiento por la Refundación de la IV Internacional (MRCI), para abril del 2004 en Buenos Aires, adquiere una importancia histórica por varios motivos. En primer lugar, se convertirá en un eje para el reagrupamiento de la vanguardia revolucionaria, en el marco de una crisis excepcional del imperialismo y de levantamientos populares. Pero también servirá para la delimitación política frente a las corrientes oportunistas y centristas que continúan reclamándose cuarta internacionalistas.


En este sentido, el XV Congreso de la Liga Comunista Revolucionaria (sección francesa del Secretariado Unificado), hace aportes fundamentales a este debate. Así es que Francoise Ollivier (dirigente de la LCR) sostiene que nadie debería sorprenderse por la resolución del congreso de la Lcr de abandonar el planteo de la dictadura del proletariado, ya que «en realidad, hace muchos años que los documentos adoptados por la LCR no utilizan esta fórmula». Para justificar esta actitud sostiene que el abandono de la consigna es fruto de los «…errores de los bolcheviques (que) nos han llevado a descartar este concepto de nuestras referencias programáticas…». Ollivier dice que a través de la dictadura del proletariado, Lenin y Trotsky «…han tomado medidas que han asfixiado progresivamente la democracia en el seno de las nuevas organizaciones revolucionarias». Para estos ahora antimarxistas asumidos, «el ejercicio de la dictadura del proletariado… entre 1918 y 1924, se tradujo… en la supresión de las libertades democráticas».


En definitiva, para el SU y la LCR, la dictadura del proletariado ha dejado de ser una consigna estratégica por haber sido mancillada, no por el stalinismo sino por la propia revolución y por los bolcheviques. Pero, además: «…después de todas las experiencias históricas del siglo XX, la palabra dictadura, con o sin calificativo, es aborrecible desde entonces. En primer lugar, por nosotros mismos». Es decir, se justifican en el rechazo a las dictaduras militares y al fascismo para repudiar la única vía que podrá poner fin y que efectivamente lo ha hecho a esas dictaduras antiobreras: la dictadura del proletariado. El pinochetismo, para no irnos muy lejos, no hubiera visto la luz si el Frente Popular chileno no hubiera desbaratado todos los intentos revolucionarios de las masas trasandinas que habría desembocado en la dictadura del proletariado. En un célebre reportaje al diario Le Monde, Salvador Allende declaró, en 1972, que jamás hubiera permitido una dictadura proletaria en Chile.


Para la LCR, asistimos a un período en el cual la lucha es por «el socialismo autogestionario, la democracia sin límites, el poder de los trabajadores y las trabajadoras, es decir la inmensa mayoría de la población, contra la dictadura de los accionistas». Lo que bien oculta Ollivier es cómo se va a llegar a esa «democracia sin límites». ¿Quién tendrá a cargo, en esta democracia infinita, las tareas de destrucción de esa fuerza especial de represión que es el Estado burgués?, ¿quién ha de desarmar el ejercito permanente, la burocracia?, ¿quién ha de expropiar a la burguesía? Para los revolucionarios la respuesta está en el Estado en manos del proletariado, y la existencia de un Estado supone, necesariamente, la existencia de una dictadura, la dictadura del proletariado. La LCR se ha pasado con armas y bagajes (mejor dicho, sólo con el bagaje, ya que las armas las ha dejado como patrimonio exclusivo de la burguesía) al campo de la socialdemocracia.


El SU y la LCR están poniendo en el papel lo que hace años vienen haciendo en la práctica. Democracia Socialista (sección brasileña del SU) cuenta con ministros y funcionarios en el gobierno fondomonetarista de Lula-Alencar. Desde el ministerio que atiende la cuestión agraria (a cargo de Miguel Rosetto, militante de DS) les ha garantizado a los latifundistas el cumplimiento de los decretos firmados en la gestión de FHC, que impiden la ocupación de latifundios por parte del MST, cuyos integrantes siguen siendo perseguidos y asesinados en este gobierno. Pero, años antes, desde la Gobernación del estado de Río Grande do Sul y desde la Intendencia de Porto Alegre (la ciudad más importante de este estado), reprimieron las huelgas docentes y llevaron adelante una política de subsidios a la burguesía. Igual papel le cabe a la LCR, que llamó a votar por Chirac en la segunda vuelta de las últimas elecciones presidenciales en Francia.


En la Profesión de Fe del frente que la Lcr y Lucha Obrera conformaron para las elecciones del parlamento europeo en marzo de 1999, no aparecen ni una sola vez las expresiones socialismo o gobierno de los trabajadores.


Este debate, importantísimo, no es nuevo. Ya a principios del siglo XX Lenin, a través de su excelente trabajo El Estado y la revolución, polemizó con los Ollivier, Rosetto, Bensaid de aquella época, representados por Plejanov, Kautsky, Bernstein, a quienes trató de filisteos, tergiversadores del marxismo y conciliadores con la burguesía.


Pero también hay cuestiones en este debate que deben llevarse al interior del MRCI. Bien es sabido que desde hace años hay discrepancias entre el Partido Obrero y el EEK, por un lado, y los camaradas de la ITO, por el otro, acerca de la caracterización del SU. Aún hoy, a pesar de los elementos expuestos más arriba, la ITO considera al SU como «utópicos» por sostener la «democracia sin limites» prescindiendo de la dictadura del proletariado. Acá no hay ninguna utopía: el SU, la LCR y Cía. ocultan detrás de una fraseología democratizante su seguidísimo y capitulación ante la burguesía.


Es necesario llevar a fondo este debate y llamar a los revolucionarios del mundo y a los militantes de las distintas secciones del SU a pronunciarse y a sumarse a la lucha por la refundación de la IV Internacional, sobre la base de:


• La defensa de la perspectiva de la revolución socialista y la dictadura del proletariado.


• La defensa del programa de reivindicaciones transitorias, basadas en el método del programa fundacional de la IV Internacional de 1938.


• El rechazo al colaboracionismo de clases y a los frentes populares.

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