08/08/2001 | 716

La escalada de crímenes de Sharon

En las seis semanas que pasaron desde que entró en vigencia el ‘cese del fuego’ impuesto por la CIA en Medio Oriente fueron asesinadas 50 personas. Las dos terceras partes de los muertos son palestinos, víctimas de los bombardeos del ejército sionista, los ‘asesinatos selectivos’ de los servicios secretos sionistas y las provocaciones de los colonos.


Sharon pretende ejercer una ‘represión limitada’ y un bloqueo militar y económico de los territorios palestinos para, luego de «un período de calma», abrir otro largo período de «negociaciones». Lo mismo se propone con el ‘cese del fuego’ patrocinado por la CIA, aunque el corresponsal del Financial Times (20/7) afirma que las restricciones que pone Israel al desplazamiento de los miembros de los servicios de seguridad de la Autoridad Palestina convierten su tarea en una » misión imposible».


La política de Sharon ha provocado una división páblica en el Likud (el partido que dirige el ‘gobierno de unidad nacional’ sionista) y en el Ejército. Una fracción, que Le Monde (24/7) caracteriza como «mayoritaria», reclama el derrocamiento de Arafat y la ocupación militar de los territorios palestinos. Sharon se opone porque significaría un «altísimo costo», y junto con él los comandantes militares que han pasado por la experiencia de la ocupación de Gaza, Cisjordania y el sur del Líbano (ídem). No es un dato menor el elevado námero de jóvenes israelíes que se niegan a cumplir el servicio militar en los territorios palestinos o que directamente evaden sus obligaciones militares.


Sharon sostiene que la ocupación de los territorios significaría una crisis internacional para Israel. La ‘cumbre’ del G-8 en Génova, aprobó con el apoyo de los Estados Unidos, el envío de «observadores neutrales» al Medio Oriente. Aunque la resolución no es más que un pedazo de papel, deja en claro la preocupación del imperialismo frente al desarrollo de los acontecimientos. En esa ‘cumbre’, Jacques Chirac, presidente de Francia, afirmó criticando a Sharon que «el G-8 espera de Arafat un 100% de esfuerzos para alcanzar la calma, y no un 100% de resultados, como exig e el primer ministro israelí» (Le Monde, 24/7). Para Chirac, la política de Sharon «refuerza a los grupos terroristas y debilita a los dirigentes árabes moderados».


La política de Sharon también habría provocado «la más seria crisis política entre Estados Unidos y Arabia Saudita desde la Guerra del Golfo» (Le Monde, 19/7), debido a «la casi impunidad que tiene Israel a los ojos de Estados Unidos» (ídem). Arabia Saudita, junto con Siria, estaría propiciando un bloqueo económico árabe contra Israel (La Nación, 30/7).


Por el lado palestino, las divisiones también son manifiestas. La Autoridad Palestina pretende detener la rebelión popular. En los áltimos días, Arafat ordenó la detención de 40 dirigentes de la Intifada, en cumplimiento de los acuerdos establecidos con los servicios de seguridad israelíes y la CIA. Pero esto no ha detenido la presión sionista sobre los territorios. Ahora, las milicias de Hamas, Jihad y de la propia Al Fatah (la organización de Arafat) han tiroteado las viviendas de los responsables de seguridad de la Autoridad Palestina (La Nación, 30/7).


El sangriento empantanamiento en el Medio Oriente pone al desnudo la impasse del sionismo, que después de haber hundido las ‘negociaciones de paz’ (ver aparte) marcha a la ocupación militar de los territorios palestinos, y el completo hundimiento de la dirección política de Arafat. Para una fracción creciente del ‘establishment’ sionista, sólo una guerra regional –que liquide definitivamente la cuestión palestina y derrote a los estados árabes– puede reabrir la perspectiva de una ‘paz duradera’: la paz de la masacre de los pueblos.

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