23/10/2014 | 1337

La experiencia de Viome en Grecia

Emblema de empresa sin patrones


Viome, fabricante de productos químicos para la construcción, representa quizá la experiencia más emblemática de autogestión que se viene desarrollando en Grecia. Luego de una lucha prolongada contra el vaciamiento y el cierre, los trabajadores reanudaron la producción en febrero de 2013. En julio de este año desbarataron una ofensiva de la ex patronal para retomar el control de la empresa. Aunque la Justicia rechazó el pedido de los antiguos dueños de reasumir la administración de la fábrica, lo que disipó la amenaza de un desalojo, le impuso a los trabajadores condicionamientos severos. El juez nombró una administración tripartita, donde sólo uno de los designados es del palo de los trabajadores. Los otros son funcionarios que han intervenido en otros juicios. La función de la administración es colaborar con el juez para liquidar los activos en las condiciones más ventajosas para los acreedores.


 


Bloqueo económico


A los obstáculos legales se unen los económicos. Para sobrevivir, los compañeros tuvieron que vender a precio de liquidación las existencias almacenadas al momento del cierre. Se enfrentan, además, a un mercado fuertemente concentrado. Por ejemplo, uno de sus insumos fundamentales provenía de una empresa perteneciente al mismo grupo que controla Viome. La misma dependencia se constata con los clientes: las grandes constructoras. La intención es aumentar el universo de clientes en el extranjero, lo que choca con la recesión continental. Los compañeros de Viome han expresado su intención de contrarrestar esta situación apelando a una rebaja de los precios de sus productos y el sacrificio de sus ingresos. El lugar del patrón es ocupado ahora por el condicionamiento despótico del mercado, el cual actúa como un patrón colectivo.


 


Frente a estas contradicciones, el movimiento autogestionario plantea crear una «economía social», una suerte de mercado popular alternativo al mercado tradicional. Es una falsa salida, quizás alimentada por la ilusión en un inminente gobierno de Syriza, el partido de la izquierda democratizante, que la prensa internacional da como un hecho. En realidad, habría que exigirle a Syriza el compromiso de expropiar la empresa y entregarla a la gestión obrera. El modo de producción capitalista ha socializado a su modo el proceso productivo, aunque no los beneficios. La concentración del capital resultante hace inviable una economía social en las condiciones del mercado capitalista.


 


Perspectivas


La flamante cooperativa de Viome votó «la adquisición de las acciones, excluyendo la deuda contraída por la empresa bajo la anterior dirección». Se trata de activos absolutamente depreciados como consecuencia de la quiebra, que ahora se han revalorizado gracias a la iniciativa de los trabajadores, quienes pusieron en marcha la fábrica. La propuesta implicaría un rescate parcial de los vaciadores, cuando los recursos deberían ser destinados a apuntalar el emprendimiento obrero. Esta propuesta es un resultado de la extorsión que ejerce sobre los trabajadores la enorme tasa de desocupación en Grecia.


 


En condiciones como las descriptas, los socialistas tenemos una doble tarea. En primer lugar, defender la gestión obrera contra la ex patronal y el Estado; en segundo lugar, desarrollar un programa político de conjunto por la expropiación sin pago de la empresa, su transferencia a los trabajadores, la unión de las empresas en la misma situación, la obligación de asistir con el crédito a los emprendimientos de los trabajadores.


 


El apoyo a estas luchas debe ser planteado en la perspectiva de la expropiación del capital como tarea política de conjunto.


 

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