10/02/2003 | 819

La Juventud Comunista de Uruguay rompe con el Partido Comunista

La Juventud Comunista de Uruguay (Ujc) rompió con el Partido Comunista en las vísperas del 3er. Congreso Extraordinario de este partido, celebrado el pasado fin de semana. La ruptura parece tener un carácter definitivo: la Ujc no participó del Congreso y, al mismo tiempo, «la Conferencia Departamental de Montevideo (el principal bastión comunista del país) resolvió proponer la formación de una nueva organización juvenil, dando por liquidado el pleito con la Ujc» (Brecha, 26/9). Con todo, la ruptura de la Ujc sólo sería el principio de una fractura de una envergadura todavía mayor: existe «un fuerte malestar en importantes sectores partidarios con la actual conducción» (ídem); en el Congreso, siete miembros renunciaron a integrar el Comité Central por sus divergencias con la dirección encabezada por Marina Arizmendi.


La ruptura de la Ujc es la mayor escisión sufrida por el Pcu desde 1992, sólo que esta vez la fractura tiene un carácter izquierdista; los jóvenes comunistas critican que la dirección del Pcu ha convertido al partido en un mero apéndice del ala derecha del FA y del gobierno frenteamplista de Montevideo.


La primera crisis entre el Pcu y su juventud se produjo en noviembre del año pasado, cuando Marina Arizmendi votó en el Plenario Nacional del Frente Amplio a favor del planteo de Tabaré Vázquez de «no ponerle piedras en el camino al gobierno» y de «apuntalar la gobernabilidad». En aquel momento, Vázquez explicó que «deseaba que al gobierno le vaya bien» (ídem). En el momento en que Arizmendi votaba, como todo el FA, la «defensa de la gobernabilidad», la Juventud Comunista pintaba las paredes con la consigna «¡Fuera Batlle!».


Desde ese momento, el FA aplicó a rajatablas la política de sostener al gobierno de Batlle: contra el movimiento obrero y sindical, contra los desocupados, contra la juventud estudiantil y contra los ahorristas estafados. Mientras aplicaba esta política, la dirección del Pcu excluyó a la Ujc de toda actividad orgánica del partido.


La Ujc, también, criticó abiertamente la política de los dirigentes comunistas que actúan como funcionarios en la Intendencia de Montevideo, y en particular a Ana Olivera. Esta funcionaria, miembro del CC del Pcu, no sólo estuvo a la vanguardia de los intentos del municipio por quebrar la huelga de los empleados municipales de este año (que la Ujc apoyaba); también se destacó por ser la inventora y promotora de las llamadas «jornadas solidarias», una versión frenteamplista, empeorada, de los «planes Jefes y Jefas de Hogar».


Lo que en definitiva llevó a la ruptura a la Ujc fue la política de acuerdos con sectores derechistas y burgueses de los viejos partidos que está anudando la dirección del FA y que la dirección del PC respalda plenamente. Como ocurrió con el PT en las vísperas de las elecciones que ganó Lula, el pasaje de elementos derechistas, antiobreros y carreristas del campo de la burguesía al Frente Amplio está tomando dimensiones de verdadera estampida. El cambio de camisetas tiene tal envergadura que, según Brecha (26/9), genera «pánico en el partido Blanco».


Los frenteamplistas ya se habían «ganado» a Riet Correa, el intendente de Rocha al cual los empleados municipales le hicieron una huelga de más de un mes de duración en reclamo del pago de los salarios atrasados. Ahora han «conquistado» a otros dos caudillos derechistas: Alcorta, intendente blanco de Maldonado, un personaje que participó en todos los gobiernos, incluida la dictadura militar; y Jorge Cerdeña, ex intendente blanco de San José. Mientras recibe con los brazos abiertos a los caudillos derechistas y hasta ex personeros de la dictadura, el Frente Amplio expulsó de su dirección a la Corriente de Izquierda, su expresión más radical.


El respaldo incondicional de la dirección del Pcu a la política del FA de apoyo al gobierno fondomonetarista, de alianza con la derecha y de proscripción de la izquierda, llevó a la ruptura de la Ujc con el Pcu. La dirección del Pcu no hizo nada por mantener a su juventud dentro de su seno y, en el Congreso realizado el pasado fin de semana, ratificó la dirección de Arizmendi y su política.


La Ujc, al romper con el Pcu, reivindicó el «Frente Amplio histórico» y al «PC histórico», en particular a Rodney Arizmendi, padre de la actual secretaria general y uno de los históricos dirigentes stalinistas del PC. Pero no es posible la «operación retorno». El FA «histórico» nunca se declaró socialista y siempre reivindicó el régimen democrático como objetivo estratégico. El derrumbe del régimen social y político uruguayo le exige a la coalición tomar responsabilidades de gobierno, precisamente, para «salvar a la democracia», es decir la dominación social y política de los explotadores. En las condiciones de la crisis capitalista más profunda que conoció Uruguay, Tabaré Vázquez cumple con los objetivos estratégicos del FA «histórico» de la única manera que es posible: con la burguesía, con la derecha, contra los trabajadores, contra la izquierda.


La ruptura de la Ujc tiene un importante significado político. Muestra que, así como en el movimiento sindical existe una vanguardia que se orienta a la lucha por sus reivindicaciones, incluso contra el FA y su política (como en las huelgas de los municipales de Adeom de Montevideo y Rocha, o en la reciente huelga de la salud), también en el campo del activismo y de la juventud existe una tendencia a romper con el carácter burgués, derechista y proimperialista que adquirió la «izquierda que se une» del Uruguay.

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