30/11/2016

La oscura trama de negocios y corrupción detrás del desastre del Chapecoense

El origen de los fondos del empresario Albacete, dueño de Lamia. El rol del criminal empresario chino Sam Pa y sus vínculos con Chávez y los Kirchner.
@tomaseps


Las últimas pericias realizadas indican que la probable causa del accidente del Chapecoense fue la falta de combustible y que el avión estrellado de la empresa Lamia no se encontraba capacitado para cubrir largas distancias –lo que confirma que la causa del accidente tuvo origen en el lucro empresario y el afán de ahorro para “optimizar” los recursos. Se supo incluso que hace 20 días, los jugadores de la Selección Argentina, luego de un viaje en la misma aeronave, “les hicieron saber a los empleados de la AFA que el avión hacía ruido, no era confortable ni les parecía seguro” (Clarín, 30/11).


Los verdaderos dueños de Lamia, responsables de la tragedia, se ocultan detrás de negaciones y mudanzas de domicilio y conformaciones empresariales alternativas. Sin embargo, los datos dan cuenta de que Lamia forma parte de una trama de corrupción y negociados a nivel internacional, que envuelve a gobiernos latinoamericanos, empresarios españoles y locales y capitales chinos, estimulados por la política de inversiones del Partido Comunista del país asiático en Latinoamérica.


¿Cuál es el origen de esta empresa, que con un solo avión en funcionamiento era recomendado por la Conmebol a clubes y selecciones para realizar sus traslados?


La “pista” venezolana


Los primeros rastros de Lamia se remontan a 2009, cuando el empresario español-venezolano Ricardo Alberto Albacete Vidal fundó la aerolínea con el auspicio del gobernador chavista de Mérida, Marcos Díaz Orellana. Según el portal Panampost.com, un año después, el funcionario cifraba el tamaño del emprendimiento en 170 millones de dólares, entre costos operativos y la compra de aviones, y señalaba que contaría con 12 unidades cuya adquisición era posible gracias a un convenio con la República de China.


En los años siguientes, la empresa pasó por las manos de otros dos gobernadores chavistas, que mantuvieron la presentación “nacional y popular” del emprendimiento: “LAMIA es nuestra línea margariteña, neoespartana; al fin Margarita tendrá una empresa aérea propia y desde aquí vamos a ir a diferentes partes de Venezuela y del exterior, ya que cubrirá rutas nacionales e internacionales”(Infobae, 30/11), declaró en una oportunidad Carlos Mata Figueroa, el mandatario del estado donde reside la isla de Margarita.


Pese a los grandes anuncios, para 2014 un dirigente de la oposición denunciaba que, luego de un lustro de fundada la compañía, no se conocía vuelo alguno de las supuestas doce unidades, ni se sabía del destino de los fondos requeridos para el emprendimiento. A su turno, el aeropuerto Alberto Carnevali en Mérida, desde donde Lamia “programaba” sus vuelos, tenía años sin funcionar, y era sindicado como un aeroclub para burócratas y funcionarios del gobierno.


Un accidente previsible


El año pasado, los tres aviones de los que había logrado hacerse Albacete se fueron a Bolivia, donde obtuvieron permiso para realizar vuelos nacionales e internacionales.


Luego del accidente, Gustavo Vargas, el gerente de Lamia Bolivia, mostró su afán por distanciarse del turbio derrotero venezolano de la firma (“La compañía Aérea Lamia es ciento por ciento boliviana”, según el portal costarricense Prensa Libre, 29/11), pero reconoció que le alquilaban a Albacete los aviones –una típica maniobra de encubrimiento de la propiedad.


Albacete no perdió la oportunidad para dar su versión del accidente, culpando a “un rayo” por el siniestro, a pesar de todas las pruebas en contrario. En la misma entrevista, admitió que el capital inicial para crear Lamia se lo cedió Sam Pa, un capitalista chino famoso por sus actividades criminales, que hoy está preso.


China


La aparición de Sam Pa en esta historia revela el verdadero carácter del convenio chino-venezolano que permitió el origen de Lamia. El capitalista asiático era asesorado en algunas de sus inversiones extranjeras por el venezolano Albacete, a través de la compañía chino-angoleña Sonangol. Durante la operación de venta del astillero Metalships en Vigo, España, Albacete se presentaba como su representante, según el diario Economía Digital de Galicia.


Según la investigación del especialista James R. Mailey,  del  Africa Center for Estrategic Studies, publicada en 2015, Sam Pa formó parte de la avanzada china de inversiones en Latinoamérica mediante su empresariado, estimulada por la asunción de los gobiernos del así llamado “socialismo del siglo XX” -con arietes en la Venezuela de Hugo Chávez, la Bolivia de Evo Morales e incluso la Argentina de los Kirchner. En 2004, el chino integró la comitiva china que se entrevistó con el ex presidente Néstor Kirchner, según Clarín (14/11/2004). Kirchner habría devuelto la visita yendo a las oficinas de Sam Pa en Beijing, según Ámbito Financiero (29/5/2005).


Miembro del Partido Comunista Chino y ligado a los servicios de inteligencia estatales (contaba con ¡siete! alias en sus diversos pasaportes), fue detenido en octubre de 2015 por las autoridades del país asiático, en una de las purgas de la burocracia china, luego de un largo derrotero caracterizado por negocios oscuros, corrupción e inversiones en la industria extractiva africana –fines para los cuales llegó a promover golpes de Estado como el de Madagascar en 2009, financió fracciones en la guerra civil en Guinea y mantuvo los vínculos profundos con el dictador de Zimbabwe, Robert Mugabe.


Como se ha señalado, las nuevas informaciones han puesto de manifiesto la responsabilidad criminal de Lamia por el accidente del club brasileño (la azafata sobreviviente afirmó que “La operación del avión fue estirada hasta su límite y de una forma indebida”). Pero lo cierto es que los capitales detrás de Lamia cuentan con un extendido derrotero criminal, alimentado por los gobiernos de varios continentes.


Las entusiastas recomendaciones de Lamia por parte de la Conmebol, el ente sudamericano deportivo plagado de denuncias de corrupción, hacen preguntarse por los motivos ocultos de esta amistad.


Por lo pronto, puede afirmarse que el siniestro que se llevó la vida de 71 personas es el último episodio de una trama tan podrida como el capitalismo.


 


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