24/08/1993 | 399

La Santa Alianza en Uruguay

Cuando en la Asamblea del 14 de agosto, la burocracia advirtió rápidamente que la inmensa mayoría de los asistentes no se tragaba ni la “fórmula” elaborada entre ella y la patronal, ni el levantamiento de la huelga, resolvió ocultar su posición y “votar” la continuidad de la huelga para salir, inmediatamente después de la Asamblea, a una campaña tan histérica como mentirosa contra la huelga, contra la Asamblea, contra los ”fogones” y, particularmente, contra el Partido de los Trabajadores.


Durante toda esa semana, el papel fundamental y decisivo contra la huelga no lo jugaron ni el gobierno ni los patrones, sino la burocracia sindical.


Pocas horas después de la Asamblea, las burocracias departamentales del Sunca en el interior se largaban a levantar la huelga por la propia. “Las departamentales de San José, Minas, Maldonado, Paysandú y Mercedes han decidido levantar la huelga” (La República, 19/8). El caso más espectacular se produjo en Fray Bentos, donde “el comité departamental del Sunca ordenó volver al trabajo … una asamblea revirtió la resolución y votó mantener la huelga (porque) las obras de magnitud no están trabajando” (La Mañana, 17/8). La declaración del Comité de Huelga de Colonia (donde las cinco grandes obras del Banco Hipotecario continuaban paralizadas) —”las huelgas se pueden ganar o perder, nunca entregarlas” (La República, 19/8)— es una violenta denuncia de la política carnera de la burocracia contra los trabajadores del interior.


La burocracia se colocó a la cabeza de la campaña de la prensa, superando en su agresividad a los patrones y al gobierno. Los dirigentes del Sunca y del Pit-Cnt ganaban páginas y páginas de todos los diarios difamando a la huelga e insultando al PT. José Curbelo, de la dirección del Pit-Cnt, coincidía plenamente con los patrones y el gobierno en caracterizar a la huelga como “política” (La Mañana, 17/8) y a los  huelguistas poco menos que como “idiotas útiles” de los “radicales”. José Luis Santos, de la departamental del Sunca de Maldonado, después de declarar que el 90% de los obreros de la construcción de su departamento estaban trabajando … y que él “los comprendía”, atacó violentamente a los huelguistas como “patoteros” … ¡justamente él, un hombre con más de tres décadas de stalinismo sobre sus espaldas! (La República, 19/8).


Pero la burocracia, sobre todo, se dedicó a “alimentar” (¡y cómo!) la “usina de rumores” contra la huelga que difundió la prensa patronal. “Voceros del sindicalismo afirmaron que no habrá votos para un nuevo paro general” (Ambito Financiero, 18/8) … “fuentes sindicales confirmaron que un número importante de trabajadores se han reintegrado a sus puestos” (La República, 18/8)… “un alto dirigente de Aebu (bancarios) afirmó que los tiempos se agotaron” (El Observador, 18/8) … “fuentes del Pit-Cnt sostienen que no habrá solidaridad de los ‘anexos’ porque la fórmula rechazada superaba en mucho la lograda en otros gremios de la rama” (El País, 17/8) …etc., etc. “Comentarios” como éstos aparecían por decenas en todos los diarios, siempre “brindados” por dirigentes que reclamaban mantener el anonimato.


Así funcionó la “aplanadora sindical” contra la huelga del Sunca, mientras “dirigentes y legisladores de los sectores mayoritarios y moderados del FA plantearon que ‘no se van a admitir desbordes en el conflicto del Sunca’, y les recordaron que ‘el FA, (que) ha tomado distancia de las últimas decisiones del sindicato, es partidario de que se levante la huelga’” (El Observador, 20/8).


El “punto final” de la campaña burocrática contra la huelga lo puso el presidente del Sunca, Lirio Rodríguez. Veinticuatro horas antes de la Asamblea amenazó que “se tendría que levantar la huelga, si no ello sucederá por la vía de los hechos el lunes” (La República, 21/8) . Después de ponerle un revólver en la cabeza a cada uno de los huelguistas, fue todavía más claro al amenazar que “(después de la huelga) se va a tener que sacar con un peine muy fino esta coordinadora de los fogones”: la burocracia se apresta a montar, junto con las patronales, una campaña de persecusión del activismo antiburocrático. El stalinismo está muerto; los stalinistas, no.

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