03/11/1994 | 431

«La vida por Cedrás…»

El Pts pretende ser el partido de la “extrema izquierda” en la Argentina, pero el único extremo al que ha logrado llegar es al ridículo y a la desvergüenza política.


Esto está ampliamente demostrado por un largo artículo referido a “la política del Partido Obrero sobre Haití” que “debemos” a la pluma de Juan Chingo (Rebelión, Nº 61, 19/10, de donde se extraen todas las citas), el cual no tiene el objeto de discutir las posiciones políticas del PO, sino “hacer barullo” para ocultar la política del Pts de defensa incondicional de la dictadura de Cedrás (a la que los “ptx” conciben como la encarnación de la soberanía nacional haitiana) y, por sobre todo, evitar responder a la denuncia del apoyo del Pts a Duhalde en el plebiscito bonaerense.


El PO fue el único que no se movilizó … en apoyo a la dictadura


El Pts comienza su “crítica” con lo que cree es un “argumento fuerte”. El PO, dice, “Tiene el ‘mérito’ y el ‘orgullo’ de ser la única corriente que se reivindica del trotskismo argentino (aclaremos para conocimiento del Pts que el PO no se reivindica del trotskismo argentino sino del trotskismo a secas) que no participó de ninguna de las acciones que se hicieron contra la agresión yanqui a la isla y por el no envío de tropas argentinas”. Pero calificar de “acciones”  a las murguitas desordenadas que armaron los grupos morenistas ocasionalmente, es un verdadero despropósito. Lo que los hijos de Saddam Husein y partidarios de la “jubilación privada” pretenden ocultar con sus “acciones”, es el apoyo político a la dictadura de Cedrás, a la que el Mas, alineado con el Pts y el Mst, presentó como “dispuesta a defender sus intereses incluso al costo de un enfrentamiento con el imperialismo”. El apoyo a Cedrás ha ido más lejos que el planteo de que Saddam Husein estaba dispuesto a hacer la revolución proletaria (Prensa Obrera, Nº 325, 22/3/91), esto porque Cedrás era un agente directo de la CIA, lo que no ocurría con el líder de Irak. Al negarse a levantar el planteo de “abajo la dictadura”, junto al de “fuera yanquis”, las marchas se convirtieron, por voluntad de sus convocantes, en manifestaciones de apoyo político al régimen “tonton macoute” … que negoció con el imperialismo el desembarco de las tropas en Haití. Una marcha en apoyo a la dictadura que le abre las puertas a un desembarco de los “marines” , no es una “acción contra la agresión imperialista”.


El PO ha tenido el orgullo, sin comillas, de ser “la única corriente que se reivindica del trotskismo”, en la Argentina, que impulsó una campaña de agitación política contra la agresión yanqui y contra la dictadura y que mantuvo esta campaña cuando los morenistas (y el Pts) dejaron de hablar de Haití porque pensaron que la invasión no se iba a producir. El PO declaró que la invasión era inminente (Prensa Obrera , Nº 425, 10/8/94)  cuando los morenistas habían dejado de hablar de ella.


¿Qué es la política revolucionaria para Haití?


“La base de la capitulación del PO al clintonismo —pontifica el Pts— está en su subordinación a la democracia burguesa, en darle a ésta un valor absoluto por encima del carácter de semicolonia de Haití, y de esta manera disolver la oposición entre naciones opresoras y naciones oprimidas en el concepto abstracto de la democracia en general”.


¿De dónde saca semejante pavada el democratizante Pts, que cuando critica a la democracia se limita a copiar servilmente lo que el PO viene escribiendo desde hace más de una década, cuando los morenistas hablaban de “revolución democrática”?


Para el Pts, la prueba de su despropósito estaría en que el PO “siguió levantando la consigna de ‘por el respeto a la soberanía del pueblo haitiano: regreso incondicional de Aristide a la presidencia’ , cuando justamente este personero pro-yanqui estaba entregando dicha soberanía a Mr. Clinton”. La conclusión necesaria e inevitable de esta “crítica” es que la política revolucionaria en Haití debería, para el Pts, repudiar y  desconocer la soberanía popular, revelando así un agudo acuerdo de principios con la dictadura. Al intentar rechazar la democracia burguesa, el Pts tira a la basura al mismo tiempo las consignas democráticas.


¿No es ésta una prueba de que no ha entendido una jota de la crítica al régimen burgués democrático?


Para el Pts, el retorno de Aristide no era una “reivindicación nacional” de las masas haitianas … Esto demuestra que el Pts está en el limbo y que no entendió que la gran maniobra del imperialismo fue apropiarse de esta reivindicación nacional, condicionando el regreso de Aristide a la preservación del ejército y del Estado. Sólo el PO opuso al regreso condicionado de Aristide, que planteó el imperialismo, el regreso sin condiciones y, contra la intervención imperialista, el planteo del derrocamiento de la dictadura.


El imperialismo norteamericano, dijimos hace un año, ha tomado (¡a su manera y para sus propios fines!) la reivindicación nacional del retorno de Aristide. Está claro, y también lo dijimos desde un principio, que en manos del imperialismo esa reivindicación nacional se convertía en anti-nacional, pero no porque, como pretende el Pts, estuviera dirigida a terminar con la dictadura, sino porque, por el contrario, “las consignas del retorno de Aristide y el retiro de los militares se convirtieron en una vía para evitar el derrocamiento revolucionario de la dictadura”.


“Los revolucionarios haitianos tendrían, para decirlo de alguna manera, que tratar de derrocar a Cedrás y compañía —dijimos hace más de un año— antes que lleguen los marines trayendo, quizás, a Aristide … Esto para que no les ocurra lo que a los cubanos en 1898, cuando los yanquis llegaron antes que los cubanos expulsaran al gobierno colonial español” (Prensa Obrera, Nº 405, 28/10/94).


El reclamo que tanto espanta al Pts, el “retorno incondicional de Aristide” —es decir, sin pactos, ni garantías, ni acuerdos de la Isla de los Gobernadores— (no el apoyo incondicional al retorno de Aristide) apuntaba, precisamente, a oponer a las masas, no sólo a la dictadura, sino también al imperialismo “democrático”, que quería la invasión para salvar a los golpistas y a las Fuerzas Armadas, es decir, a la dictadura. Al plantear el derrocamiento de la dictadura, el PO “capituló” ante Clinton de la misma manera que los bolcheviques “capitularon” ante el imperialismo alemán al derrocar a Kerenski, y de igual modo que Trotsky “capituló” ante el imperialismo hitleriano-japonés al defender el derrocamiento de Stalin en el curso de una agresión del imperialismo, para mejor defender al Estado soviético.


Haití y Malvinas.


Después de explicarnos que “el imperialismo es la reacción en toda la línea”, el Pts afirma que “como en la guerra de las Malvinas, los trotskistas diferenciamos entre opresores y oprimidos”.


Lamentablemente, el Pts convierte en una conclusión lo que no es más que el punto de partida de una posición revolucionaria. Porque, ¿quién es el oprimido: Galtieri, o la Argentina que lucha contra Galtieri; Cedrás, o el Haití masacrado por Cedrás? Para el Pts y los morenistas en general, la nación oprimida es su gobierno oficial, no el conjunto de sus clases sociales y, fundamentalmente, su mayoría explotada. No defienden a Argentina y a Haití contra los imperialismos inglés o yanqui, sino a sus dictaduras — las cuales son cómplices de esos imperialismos, nunca podrán derrotarlos, lo que sólo se obtendrá si se los derroca.


La “polémica” del Pts es una chicana, en especial es una cortina de humo de su apoyo a Duhalde, pero no es una chicana lo que esa chicana revela: el más abyecto nacional-socialismo o nacional-trotskismo, es decir, el nacionalismo encubierto con fraseología trotskista.


“Para el PO, insiste el Pts, la reivindicación nacional del pueblo haitiano es sólo la ‘democracia’ y no la liberación nacional del imperialismo, que junto a la resolución de la cuestión agraria y urbana constituyen las tareas democráticas estructurales de la revolución haitiana …”. Agotados los recursos polémicos, el Pts recurre a su más exquisita arma ideológica, la mentira lisa y llana: refutando al Mas,  Prensa Obrera (Nº 407, 24/11/93) señaló hace casi un año que “la independencia nacional de Haití significa concretamente: confiscación de capitalistas y terratenientes; unidad de los países del Caribe contra el imperialismo; gobierno propio —que sólo podrá ser un gobierno de obreros y campesinos”. La impostura es aún más completa si se considera que quienes nos acusan de “darle a la democracia un valor absoluto”, aún reivindican al Frepu … es decir, a la “democracia con justicia social”.


El Pts no debate con el PO ni intenta refutar sus posiciones; simplemente quiere disipar su condición de agente de Duhalde, con maniobras distraccionistas.


La vida por Cedrás


En la Guerra del Golfo, el Pts  planteó que Saddam Husein podía encabezar la revolución proletaria en Irak. Evidentemente, la visión de tropas de desembarco, helicópteros y portaviones nubla completamente a nuestros “polemistas”  … que en Haití han vuelto a repetir el mismo absurdo. Exactamente, para el Pts, Cedrás y la dictadura de las FF.AA. y los “atachés” , la oligarquía y buena parte del imperialismo, serían nada menos que la reencarnación más excelsa de la soberanía y la independencia nacional contra el imperialismo.


Quien piense que exageramos, escuche al propio Pts: “la restitución de Aristide (es) simplemente la restauración del estatuto colonial para Haití”. Como cualquiera puede darse cuenta, sólo es posible restaurar algo que ha existido antes pero no existe en la actualidad: textualmente, el Pts nos está diciendo que la dictadura de Cedrás liquidó el carácter colonial de Haití, lo que la convierte en la expresión más avanzada de la lucha antiimperialista del continente. Pero lo único que liquidó la dictadura —ante vuestro pesado silencio— es a miles y miles de explotados haitianos.


Que esta barbaridad no es un desliz lo revela otro artículo, aparecido en Rebelión Nº 58, que sostiene que la caída de la dictadura ha llevado a las masas a “la pérdida del mínimo derecho democrático que les quedaba: la soberanía nacional”. ¿No es ridículo, compañero lector? Para el Pts, la dictadura había expulsado al imperialismo de Haití … Cedrás era el único gobernante independiente de América.


El Pts ni sabe donde se ha metido. El mismo Chingo afirma que “las tareas democráticas estructurales de la revolución haitiana … como explica la teoría de la Revolución Permanente, sólo pueden consumarse con el proletariado como caudillo de la nación, y ejerciendo su dictadura”. ¿Cómo se compatibiliza esta afirmación con la anterior, de que la dictadura de Cedrás habría podido acometer y cumplir una de las tareas democráticas “estructurales” de la revolución haitiana, la “soberanía nacional”? Cuando llegan a este punto, los “trotskistas” del Pts descubren que Cedrás no sólo es el adalid continental de la lucha antiimperialista sino, quizás, algo más. Escuchemos al Pts: “No otra cosa que la reimplantación de un régimen burgués era la propuesta del PO”. Otra vez: sólo puede ser reimplantado algo que previamente ha sido extraído de la tierra, en este caso el régimen burgués. Decir que el régimen burgués fue “reimplantado” por Aristide y los yanquis equivale a colocar a Cedrás como el portaestandarte de la revolución socialista en América Latina.


El Pts no tiene empacho en sostener que la sustitución negociada del régimen de Cedrás por Aristide  constituye nada menos que “la derrota más importante que han sufrido las masas latinoamericanas”. Curiosa gente deben ser los explotados haitianos, que celebraron en las calles su propia “derrota” y que, ante el rumor de un nuevo golpe, salieron a la calle armados de palos y machetes para reventar a los “atachés”. Este hecho, que el Pts omite a lo largo de todo su “análisis”, debería llevarlo a la conclusión de que las masas haitianas son, simplemente, contrarrevolucionarias.


Con su “derrota de las masas”, el Pts da por “cerrada” la crisis haitiana, precisamente cuando —como afirmamos en nuestro último Prensa Obrera— “la implantación de la ‘democracia’ parece reclamar una nueva crisis y un baño de sangre … (que) afectará duramente … a las tropas de ocupación”. Después de no haber luchado contra la dictadura —con el argumento de la “soberanía nacional”— , el Pts vuelve a abandonar la lucha, ahora con el argumento de la “derrota”. No debe sorprender esta “conclusión”  de parte de quienes han hecho de la abstención una “política”, como lo revela su sistemática ausencia en las marchas de los jubilados y, más recientemente, su abstención en el plebisito que le dio la reelección a Duhalde. 

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