09/10/2020

La violación y femicidio de una joven conmociona a la India

La violación y femicidio de una joven de la casta dalit (una casta inferior) por parte de un grupo de hombres pertenecientes a una casta superior en el estado de Uttar Pradesh estremeció a la India. La policía está en el ojo de la tormenta, ya que en una presunta maniobra de encubrimiento llevó a cabo la incineración del cuerpo de la víctima sin previo aviso a la familia, mientras que uno de sus directores viene agitando que no se trató de una violación.

El caso motivó la realización de protestas en varias regiones, incluida la capital, Nueva Delhi. En ellas se ha puesto en cuestión el manejo estatal en torno a la protección de las mujeres, con cientos de manifestantes reclamando la dimisión del primer ministro del norteño estado de Uttar Pradesh, Yogi Adityanath, miembro del oficialista partido Bharatiya Janata Party (BJP). Mientras tanto, la policía estadual se embarcó en un operativo represivo que ya abriga a varios detenidos, acusados de una supuesta “conspiración internacional para difamar al gobierno local”.

Los casos de violaciones se están multiplicando a pasos agigantados. De acuerdo a los últimos datos del gobierno indio, la policía registró 33.658 casos de violación en 2017 (un promedio de 92 por día) y un aumento del 35% desde 2012. Aproximadamente 10.000 de las víctimas son niños (The New York Times, 30/9).

Este barbárico fenómeno acaparó el centro de la atención popular cuando en 2012 la despiadada violación en grupo y asesinato de una joven estudiante en Nueva Delhi desató movilizaciones en todo el país, con miles de manifestantes enfrentándose a las fuerzas represivas.

Oscurantismo y opresión

El oscurantismo y las tradiciones aparejadas al sistema de castas, una estructuración social milenaria ligada al hinduismo, son algunas de las bases sobre las cuales se edifica la sombría realidad social y material que viven las mujeres más pobres de la India capitalista.

Las mujeres dalit se encuentran totalmente marginadas; carecen del acceso a la salud, la educación, la vivienda, el derecho a la tierra y hasta de la libertad propiamente dicha. Se estima que en 2014 solo el 10% de las 100 millones de mujeres dalit que habitaban aquel entonces el país estaban alfabetizadas. La perspectiva de vida de este sector suele ser en muchos casos la mera realización de trabajos inhumanos sin retribución salarial. A esto debe sumársele el cuidado de niños y el trabajo doméstico.

Otra de las expresiones que cobra esta realidad es la prostitución. En el estado indio de Karnataka, por ejemplo, algunas niñas de la casta más baja son sometidas –a modo de rendir pleitesía a diosas ancestrales- a vivir alejadas en lugares discretos (anteriormente en templos) hasta que alcanzan la pubertad y se convierten en “propiedad pública”. Las denominadas mujeres devadasi son empujadas a ser víctimas de abuso de los jefes de los pueblos, los grandes terratenientes y de cualquier hombre. Esta práctica fue abolida en 1982 por el gobierno de Karnataka, pero aún sigue vigente. Muchas de estas mujeres, asimismo, han terminado en las redes de explotación sexual que proliferan en Mumbai, Bangalore o Chennai. Como parte de esta movida, es moneda corriente que las mujeres y niñas de la India sean objeto de contrabando entre países vecinos, llegando inclusive a Medio Oriente.

Una encuesta brindada por la Fundación Thomson Reuters indicaba en 2018 que India era el país más peligroso del mundo para las mujeres. Las posibilidades de hostigamiento, violencia sexual, trabajo forzoso, esclavitud sexual y servidumbre doméstica colocaban al país asiático en el pedestal de la opresión a la mujer, por sobre naciones fuertemente atravesadas por la guerra como Afganistán o Siria.

La inserción de las mujeres en el mercado laboral viene cayendo hace años: de 2005 a 2018, la participación laboral femenina en la India se redujo aproximadamente de un 32% a un 21% total de la masa laboral, una de las tasas más bajas del mundo. Por otra parte, las mujeres indias realizan 9,6 veces más trabajo doméstico no remunerado que los hombres, cerca de tres veces el promedio mundial (The New York Times, 9/6). Otro punto relevante concierne a la brecha salarial entre hombres y mujeres: las trabajadoras indias ganan en promedio el 64% de lo que obtiene un hombre por el mismo trabajo y nivel de cualificación (Dianova Org, 13/10/19).

Profundización de la explotación

La pavorosa situación que padecen las mujeres trabajadoras de la India está asistiendo a un salto como fruto del agravamiento de la crisis mundial. La combinación entre la desaceleración a la que ha ingresado la economía india y el impacto de la pandemia han llevado a la burguesía que opera en el país a emprender un ataque reaccionario contra las condiciones de trabajo.

A nivel regional, los distintos gobiernos se han sumado a esta agenda. Allí donde gobiernan, tanto el oficialista Bharatiya Janata Party (BJP) como el opositor Partido del Congreso (CNI) desplegaron una serie de decretos que significaron de hecho una regresión en toda la línea de las conquistas laborales. En Uttar Pradesh y otros cinco estados más como el “pulmón industrial” de Gujarat, se suspendieron por tres años todas las leyes de protección de los trabajadores, excepto las que obligan a las patronales a pagar los salarios y aquellas que prohíben la esclavitud o el trabajo infantil (France 24, 13/5). Dentro de este paquete ajustador, destacan los ataques a las obreras pues se vieron afectadas las prestaciones de maternidad, la igualdad remunerativa y la obligación de las patronales de que los lugares de trabajo tengan guarderías.

Como respuesta a la imposición de estas medidas draconianas, el 22 de mayo tuvieron lugar una serie de protestas convocadas por 10 centrales sindicales. Es elemental para el conjunto de la clase obrera retomar este rumbo.

La violencia contra las mujeres está fuertemente ligada a la opresión de castas y de clases. Es una violencia que tiene como propósito someterlas a una estructura social en la que cumplen un rol subordinado.

La organización y la lucha es la única salida contra esta opresión.

 

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