28/07/2011 | 1187

Las huelgas obreras paralizan Sudáfrica

Más de 70 mil obreros químicos, de la energía, del papel, gráficos, madereros y afines -nucleados en el sindicato de trabajadores de la industria- fueron a la huelga la semana pasada, en reclamo de un piso salarial de 880 dólares. La medida de fuerza se tomó luego de que 170 mil obreros metalúrgicos tomaran la iniciativa y realizaran una huelga por aumento de salarios, la cual todavía se mantiene. Los mineros, por su parte, alertaron de inminentes huelgas en el sector si no se logra un acuerdo salarial satisfactorio. Si bien durante esta época del año es esperable una cantidad de huelgas por las negociaciones paritarias (se le llama «temporada de huelgas»), el presidente del Congreso de Sindicatos Sudafricanos (CSS), Zwelinzima Vavi, advirtió que este año podría tener lugar «la madre» de todas las huelgas. No es para menos: el movimiento obrero sudafricano vive un período de ascenso que comienza a encender las alarmas de la burguesía, frente a un cuadro social que refleja un escenario de grandes desigualdades, con una mayoría negra profundamente explotada.

Un informe de la empresa Lonmin (tercer mayor productor de platino en el mundo -Sudáfrica exporta el 80% del platino) destaca que «el aumento de las huelgas está dificultando la extracción en las minas sudafricanas», lo que provocó una caída del 36% en sus ventas el último trimestre de 2011. Entre los distintos conflictos en el sector, el informe resalta la huelga en su principal proyecto, Karee, donde 9 mil obreros fueron a la huelga en mayo. Por otro lado, el año pasado Sudáfrica vivió una huelga general durante tres semanas en el sector público en reclamo de aumento salarial y mejores condiciones de trabajo.

Crisis política

Dentro del gobierno sudafricano se ha despuntado una crisis política entre el presidente y líder del Congreso Nacional Africano (CNA), Jacob Zuma, y el jefe de la juventud de su organización, Julius Malema. Este último se caracteriza por una retórica nacionalista inflamada, que reclama la «nacionalización de las minas y los bancos» para terminar con la pobreza en Sudáfrica, en abierta confrontación al corrupto gobierno de Zuma. Malema protagonizó el año pasado un fuerte escándalo al cantar «Kill the boer» («Matar al blanco») y que, poco tiempo después, apareciera muerto el líder de los defensores de la supremacía blanca, Eugene Terrenblanche, a manos de dos jóvenes negros que lo asesinaron a machetazos. Justamente, Malema no se distingue por desenvolver una política de delimitación, sino de provocación política. El levantamiento de la clase obrera sudafricana pondrá de manifiesto, más temprano que tarde, el agotamiento y la descomposición histórica del Congreso Nacional Africano, en un cuadro de levantamientos revolucionarios que recorren el norte del continente.

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